
Hace unos años en el estado de Florida, EE.UU, estuve a punto de ganar 35 millones de dólares (pozo acumulado de varias semanas) en la lotería. En el Perú, siempre jugaba semanalmente la “Tinka" y aquí siempre pruebo suerte en el "Lotto". Solo juego dos dólares semanales.

Ciudad de piedra viva, lluvia y peregrinación
En gallego las palabras bailan, se divierten, te acurrucan y te enamoran. El gallego no se explica, se vive, se siente. El gallego, cuando ya no lo tienes cerca, te vuelve víctima de la morriña(1).
Llegué a Galicia en abril, días antes de la Semana Santa. Viajé en tren por siete horas de Madrid a Santiago de Compostela para visitar a Marta, mi compañera de piso, conocer su tierra y la del apóstol.
De Santiago, la ciudad y el apóstol, sabía muy poco y fui de pura casualidad. La casualidad se convirtió en constancia y fui dos veces más; sacándole días al calendario y dispuesta a conocer lo que me fuera permitido del noroeste de España. Así -pensé y pienso- derribaría uno a uno los chistes que había escuchado sobre “los gallegos” y que no se asemejan en nada a la realidad. Son, para que me entiendan, como el agua y el aceite, como el café con sal.

Han pasado más de 7 años desde que pisé el aeropuerto de Fiumicino en Roma. Recuerdo las ansias y las ganas de ver a mi madre después de casi 18 meses. Dejaba en el Perú un trabajo del cual fui despedido de un día a otro con un "hasta acá nomás, compadrito". Luego de 7 años ahí fue un bocado amargo que me costó digerir, tenía una relación muy problemática y una cadena de trabajos con una fecha de duración muy corta; el dinero era poco y tuve que abandonar la universidad porque nunca me gustó depender de los míos, esto sin contar que la situación de mi familia era bastante precaria.

Mira al mundo desde otro ángulo. Este es el eslogan del Festival de Cine del Sur (Film fra sør) que cada mes de octubre en Oslo nos abre una ventana al mundo. Durante diez días este festival nos da la oportunidad de ver películas latinoamericanas, africanas y asiáticas; y ofrece además la oportunidad de participar en seminarios, debates y fiestas, y conocer a cineastas y actores venidos del sur. Más allá de las fronteras noruegas, el resto del mundo se encuentra al sur, donde hay creatividad, colores, pasiones, sueños, historias que contar y hechos que denunciar. Y felizmente en el universo del cine, no hay fronteras insalvables.
Este año los peruanos estuvimos de fiesta porque “La teta asustada” abrió el festival. En noruego la llamaron “Las perlas de Fausta”, y Julie Ova, jefa del festival, la describió como “una obra de arte tranquila, que muestra cómo las heridas de la historia dejan huellas en los seres humanos, una historia contada con un optimismo fino y poético”. La sala estaba repleta. Entre los discursos de oficio, hubo canciones andinas interpretadas por manos peruanas con zampoña, charango y cajón.