
Una amiga que había estado como au-pair en Alemania me llevó a la agencia Au-pair Internacional. Ahí me explicaron en qué consistía el programa: era ir a vivir con una familia alemana por un año, la familia me daría casa, comida, una propina semanal y me ayudaría pagando la mitad del curso del idioma, y a cambio yo debía ayudarlos con los niños y ser una suerte de hermana mayor. La propuesta me interesó mucho porque quería ser guía de turismo y el alemán era uno de los idiomas mejor pagados en esa profesión; sin embargo, nunca pensé que tendría que irme tan lejos para poder aprenderlo bien.

Mi nombre es Gary y solo soy uno mas del montón, uno mas de los millones que salieron de nuestro amado Perú buscando un futuro mejor. Esta de más decir que el país, la comida, su gente y las experiencias se hacen extrañar, pero en Estados Unidos no me va tan mal.
Poco a poco he aprendido a amar este país, no tanto como a mi Perú, pero a un nivel cercano. Las oportunidades hay que saber apreciarlas, pues poca gente las tiene. Aun así está entre mis objetivos volver a donde todo empezó y tratar con todas mis fuerzas de mejorar mi tierra. Mi vida no es emocionante, pero si a pesar de la advertencia estas interesando en conocerla, acompáñame a recorrerla en este artículo.

Foto: Richard Hirano / Archivo
Desde niños hemos escuchado la historia de aquella joven que vivió en Lima entre la segunda mitad del siglo XVI y la primera del XVII, que realizó su primer milagro en la cuna -la mujer que la cuidaba decía haber visto cómo su rostro se convertía en una rosa-, que vivió su niñez en el pueblo de Quives -donde ahora se encuentra el famoso pozo de los deseos- y que ya de joven, una vez de regreso en Lima, decidió recluirse en una ermita que había construido en el patio de su casa.
Isabel Flores de Oliva, o Rosa de Santa María (como decidió llamarse cuando cumplió 25 años), fue muy querida por los limeños. Tanto así que el 24 de agosto de 1617, día en que falleció, la gente acudió en gran número a lo que ahora es el Monasterio de Santa Rosa de Santa María, en el Centro de Lima, para despedirse de ella. El Papa Clemente X la canonizó en 1671.
Estemos donde estemos, Isabel Flores de Oliva sigue siendo la santa de Lima y la patrona de América, y el 30 de agosto celebramos su día. Como sabemos que los peruanos tenemos la costumbre de llevar nuestras tradiciones a donde vayamos, los invitamos a que compartan con nosotros fotografías de grutas, altares o imágenes, entre otros, que se hayan levantado en su honor en distintas partes del mundo.
Pueden enviar sus fotos con una pequeña descripción del lugar y sus datos personales a diario.elcomercio@gmail.com. Estas imágenes podrán ser usadas tanto en nuestra web como en nuestra edición impresa.

Llegué a Charlotte (Carolina del Norte) a mediados de marzo de este año, previa escala de 8 horas en Bogotá, donde se dio la oportunidad de ver y abrazar a mi hermano menor, Miguel, el trotamundos de la familia, a quien no veía desde hace 4 años, cuando inició una aventura que lo ha llevado a diferentes países de Sudamérica y Centroamérica con el único objetivo de aprender cocina para superar algún día a su ídolo Gastón Acurio. Fue una buena oportunidad para juntarnos y una de las mejoras cosas que me han pasado en la vida. Siempre guardaré este recuerdo de nuestra caminata por las calles de Bogotá, donde hablamos de nuestras vidas y planes para el futuro. No sé cuándo nos veremos nuevamente, pero nos hemos hecho la promesa de no dejar que pase mucho tiempo para nuestro siguiente encuentro.

¿Quién imaginaría que en Adelaide, una ciudad de casi 1 millón de habitantes, la celebración por Fiestas Patrias sería todo un éxito? Cuando el comité al cual pertenezco (IncasPeru Association of South Australia) comenzó a reunirse hace 2 meses, no imaginábamos que íbamos a vender todas las entradas para la fiesta. Las semanas se acercaban, los preparativos avanzaban y el local ya estaba listo para el festejo. ¡Cuando faltaban como 3 días para la fiesta que era el sábado 25 de julio, ya habíamos vendido todas las entradas! Incluso el mismo día de la fiesta nos dimos el lujo de no dejar ingresar a más personas porque el local estaba lleno. La gente estaba lista para bailar y divertirse sanamente.