Renzo Guerrero de Luna
He tenido tantas facetas en estos 31 años que ahora me resulta complicado resumirlas en seis líneas. Periodista de oficio, pero con el corazón de cocinero (no de chef), me inicié en el mundo laboral limpiando mesas en un Bingo. Tenía 12 años. También vendí sánguches de pollo en mi barrio, chups de pura fruta, cassettes grabados de Heavy Metal con la portada fotocopiada y cervezas de barril en un restaurante de Madrid. La mayor parte del día me dedicó a mi carrera aunque también suelo darme tiempo para desempeñarme como amo de casa, musicólogo y, cada vez que puedo, buen amigo. Llevo diez años metido en el mundo de las comunicaciones y he tenido la oportunidad de trabajar en las secciones de política, locales, policiales y crónicas urbanas de publicaciones como La Industria de Chiclayo, Liberación, Correo, La Primera, América Televisión, Tiempo de Madrid y tres veces por El Comercio. En esta última experiencia me destacaron como corresponsal del Diario a Cusco. Quince meses espectaculares en los que conocí a María, mi esposa. Ahora, ambos estamos en Trujillo, todavía con el Decano, asumiendo nuevos retos profesionales y personales. Sin duda, el hecho de ser padres es el más importante.