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Conversación de La Catedral

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Foto: Jorge Riveros Cayo

Al contemplar en silencio una foto panorámica y tan clásica de La Catedral, como la que abre esta crónica, hago el esfuerzo de imaginar por un momento cómo debió suceder aquel episodio dantesco: La tierra se sacudió violentamente. Las placas tectónicas, aquellos parches gigantes de masa terráquea sobre las cuales se yergue todo lo que nuestra especie conoce hasta ahora, se movieron lentamente por debajo de la corteza terrestre. La furia volcánica que emanó desde lo más profundo de nuestro planeta, hizo brotar su sangre espesa y mortífera. Las lluvias y tormentas asolaron la superficie, mientras la placa continental se alzaba lentamente hacia el infinito, creando montañas y cordilleras. Cientos de especies desaparecieron, diezmados por temperaturas extremas, mientras otras nuevas iniciaban el largo camino de la evolución. Y en medio de toda esta hecatombe, hermosa y extraordinaria, horrorosa e incomprensible, los mares y los vientos esculpieron durante millones de años una de sus mayores obras de arte, situada en la costa sudamericana del Océano Pacífico, en medio de la franja costera desértica más árida del mundo. La Catedral se alzó silenciosa e imperecedera como una fortaleza inexpugnable, resistiendo los crueles embates del tiempo. Pero así como la furia de la naturaleza la creó, hace apenas una semana, la fuerza destructora de la naturaleza se la llevó para siempre.

La memoria me traiciona al tratar de recordar en qué año vi por primera vez aquella formación rocosa que todos conocimos como La Catedral. Es probable que haya sido en 1985, cuando tenía 16 años. Ya había visitado la Reserva Nacional de Paracas -uno de los refugios marinos más importantes del planeta- quizás un año antes, cuando fui a acampar por primera vez con mi padre y mi primo Pepe. En aquella ocasión no exploramos más allá de las zonas circundantes al campamento que levantamos en la ventosa playa Atenas, ideal para el windsurf, pero no para acampar. Un feroz viento paracas (que significa "lluvia de arena" en quechua) casi arrasó con nuestro pequeño asentamiento y rayó el auto de mi viejo. Aprendimos la lección.

Recuerdo vivamente, como si fuera ayer, aquella vez que contemplé La Catedral desde el mirador. La visita fue parte de un viaje que me llevó a acampar a la playa La Mina, situada en el lado sur de la península de Paracas. Esta especie de ensenada, rodeada de paredes altísimas y verticales con remanentes de carbón, fue mi destino favorito durante mis veranos de adolescencia. Solía ir con mis primos y amigos del barrio, mis padres y algunos tíos, una o dos veces, durante enero y febrero, a gozar de la soledad y belleza natural que reinaba a cientos de kilómetros al sur del bullicioso circuito costero limeño. Ir a La Mina me entusiasmaba sobremanera. Desde semanas antes a la travesía, me dedicaba a organizar el campamento, realizando presupuestos y evaluando precios, para que la cuota por persona (que incluía comida y alcohol, aunque con cierta reserva y discreción en lo último, para que no jodiera mi viejo) no resultara tan costosa.

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Foto: Federico Murrugarra/INRENA

Mi mayor orgullo era que la gente disfrutara de un banquete, bien surtido, con mucha comida para poner a la parrilla y su buena dosis de vodkas y cervezas. Una vez allá, con mis primos y amigos, solíamos hacer caminatas por el borde de los acantilados, escalando los cerros, explorando los restos de lo que, al parecer, fue una mina de carbón (de ahí el nombre, supongo), recolectando piedras, fósiles y conchas, y observando a las aves y los lobos marinos que se apostaban impávidos sobre los islotes alfombrados de guano, totalmente indiferentes ante nuestra presencia. Nadábamos unos 20 metros desde la orilla hasta unas rocas a flor de agua donde solíamos echarnos a tomar el sol como lagartijas, hasta que en la tarde, hambrientos y agotados de hacer absolutamente nada, regresábamos a tierra, con una marea subida pero calmada, a devorarnos toda la comida que estaba a nuestro alcance. Ya entrada la noche, le hacíamos resistencia a los vientos feroces, típicos de la zona, que pretendían tumbarse sin reparos nuestras carpas y maldecíamos, por momentos, la hora en que se nos había ocurrido ir a semejante sitio. Al día siguiente veíamos la salida del sol, muy temprano en la mañana, totalmente absortos por la belleza de este paraíso desértico. Todo un milagro de la naturaleza que nunca nos atrevimos a comprender.

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Foto: Federico Murrugarra/INRENA

- ¿El señor Riveros, por favor?
- Con él...
- Le habla la doctora Vera Alleman, ¿usted me llamó?
- ¡Ah sí, doctora! ¿Cómo está? La llamé porque me dijeron que usted podría darme algunos datos sobre la historia y antigüedad de La Catedral. Estoy escribiendo un artículo sobre el tema, debido a su derrumbe a causa del terremoto. Una pena...
- Es su forma natural de desaparecer...

Un silencio interrumpe la conversación telefónica. Proceso en pocos segundos lo que me acaba de decir esta bióloga y paleontóloga belga, catedrática fundadora de la Universidad Ricardo Palma, toda una eminencia según las referencias que tengo de ella y con 38 años en el Perú. Me dice una verdad que asocio inmediatamente con la tragedia aún hiriente, que muchos quizás no entendamos aún en su total magnitud, porque el dolor acecha aún. Lo que la naturaleza crea, también lo puede destruir, sin reparos ni contemplaciones. No es nada personal.

- Doctora Alleman, ¿de qué período data La Catedral?
- Pertenence a la Era Terciaria, más precisamente del Eoceno, eso significa que tiene... déjeme consultar mis tablas, un momento... entre 58 y 37 millones de años.
- ¿Y cómo se formó?
- Se trata de rocas sedimentarias, como las del Salto del Fraile, que tuvo una estructura original de arena que, con el tiempo, se fue compactando hasta volverse una roca llamada arenisca.
- ¿Y es cierto que la bóveda era hábitat de especies como el gato marino?
- Eso no lo puedo asegurar porque no es mi especialidad, pero lo que si abunda sobre toda la estructura son fósiles de invertebrados, como caracoles y conchas. La gente se los llevaba como recuerdos...

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Foto: Jorge Riveros Cayo

Fue en los primeros días de mayo de este año, la última vez que pude divisar La Catedral en todo su esplendor. Junto con Luis Vereau, experto aventurero, pionero del canotaje y kayakismo en el Perú, y propietario de una empresa de ecoturismo, organizamos un circuito de tres días en Paracas para un pequeño grupo de turistas estadounidenses. Nuestro campamento base sería en playa La Tunga, sobre la Bahía de la Independencia, situada en el extremo sur de la reserva, un lugar alejado del turismo convencial e invasivo. Las actividades del primer día, antes de arribar a nuestro destino final, contemplaban ir al mirador de La Catedral, para que los gringos se quedaran atónitos al avistar semejante belleza geológica tallada por la erosión y habitada por cientos de aves guaneras que anidaban sobre sus paredes agrestes. Concluidas las fotos de rigor y un refrigerio servido a pocos metros del mirador, propuse dar la vuelta a la formación rocosa y descender por la playa Supay para ingresar a la bóveda. Así, después de realizar una breve y divertida caminata en que sorteamos algunos obstáculos y las endemoniadas olas del mar (de ahí el nombre de la playa supay que significa "diablo" en quechua), llegamos al ingreso de la inmensa cueva que nos situaba, literalmente, debajo de La Catedral.

Habían transcurrido alrededor de 22 años desde la primera vez en que ingresé a esta inmensa cavidad cóncava y sepulcral. Mientras cientos de murciélagos colgaban del techo de esta estructura milenaria, las olas rompían contra las rocas negras y resbaladizas que daban forma al piso desigual de esta caverna marina. El pequeño grupo de viajeros se desperdigó por la bóveda, trepando las rocas en busca del mejor lugar para observar el mar, desafiantes, desde las entrañas mismas de La Catedral. Yo en cambio, algo obsesionado con el tema de los gatos marinos -una especie de nutria que habita en las cercanías del mar (su nombre científico es Lutra felina)-, los buscaba incesantemente entre las rocas, sin mayor éxito. Esa fue la última vez que pisaría aquella bóveda, enterrada hoy y para siempre bajo toneladas de piedras y tierra. Ahora sólo quedan las imágenes que grafican este texto.

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Foto: Jorge Riveros Cayo

- Doctora, ¿y qué me puede decir de La Mina?
- ¡Ah! Esa zona fue alguna vez la desembocadura de un río, una zona pantanosa, una especie de delta. El lugar es único en el continente por tener depósitos de miles de plantas fosilizadas con millones de años de antigüedad.
- ¿Y de qué época data?
- Mucho más antiguo que La Catedral. Por lo menos 350 millones de años, del Paleozoico...
- Wow... qué sorprendente. Pero qué pena lo que sucedió con La Catedral.
- No se preocupe, señor Riveros, en unos cuantos millones de años más surgirá otra catedral. Y quizás mucha más bella.

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Comentarios (29)

Luis Andres Miranda Mendoza:

Muy lamentable...Suerte en las siguientes...

Carla:

Hola:
Leí la noticia al dia siguiente del terremoto. Busqué la catedral en google earth y la localicé. Luego me enviaron links con las fotos actuales y me quedé un momento sin respirar. Mis ojos se llenaron de lágrimas una vez mas por las terribles consecuencias del terremoto. Justo habíamos planeado hacer un viaje hacia esa zona el otro anio con unos amigos alemanes que nos acompanarán. Lástima....
Saludos

annak:

Somos afortunados los que pudimos disfrutar de cerca tan hermosa formación rocosa. QEPD.

Claudia:

Muy interesante

andrea:

que pena! Sin ser floro no paso mucho rato cuando se me paso por la cabeza el pensamiento: "como habra sido en Paracas? Y los animales?? Y la catedral, seguira en pie?" Y al dia siguiente me entero q ya no existe. AL menos tuve el privilegio de estar alli (aunque fue hace mucho) Ojala q en los proximos millones de anhos surja otra....si es q los seres humanos no la cagamos antes, me refiero al planeta

Santiago:

Perdón, pero este artículo rebosa en recursos literarios manidos, expresiones gastadas y tópicas.
Sí: las fortalezas suelen ser inexpugnables, las escenas de después de una catástrofe dantescas, el tiempo propina furiosos embates, el desierto es árido…y la selva es inexpugnable, los corazones rojos, el dolor profundo, el amor hermoso, etc. Y que decir de la insondable levedad del ser, tan original como el título del texto.
Quizás la Catedral merecía más sentimiento y menos engolamiento
No sabía el significado de Paracas en quechua. Gracias por el dato.

ivo:

La gente (en este caso este tipo... santiago), no sabe que estos son blogs; asi que no hay una formula para redactarlos; mas o menos adjetivos(o "recursos literarios" como los llama este mentecato) que mas da...

Por otro lado; es interesante conocer el punto de vista de la Dra Alleman...a mi tambien me daba pena.

carlos:

por lo menos sabemos en que momento se jodio la catedral

Luca:

Ni modo, lo que la naturaleza crea, la naturaleza se lo lleva. La vida continua; Lo que paso en Paracas es irremediable es lamentable pero es la verdad.

saludos

Michael:

la naturaleza la creo y la naturaleza se llevo, sin romanticismos

Graciela:

Vaya Jorge,

me sorprendes con este mail. Eres apasionado para escribir y no manido como dice aquel imbécil que firma Santiago. Yo también muchas veces me he preguntado cómo debió ser aquellos tiempos en que la tierra se formó. Alguna vez fui a Paracas y al mirador de la Catedral (hoy han salido una fotos publicadas en Somos, también), pero nunca tuve la suerte de entrar a la bóveda. Dicho sea de paso, tus fotos están geniales, especialmente la penúltima.

Graciela

Iskaiwari:

la verdad es como la han dicho, son cosas de la naturaleza, y aunque esta perdida se siente mucho mas de lo que se podria expresar con palabras, ni de cerca es tan sufrida como la de nuestros hermanos iqueños (englobo todo el departamento), pero tambien es muy lamnetable, yo entre mis muchas fantasias tenia como una de ellas casarme (si que llego a casarme), en esa otrora catedral y magnifica formacion rocosa, lastimosamnete ya no podre hacerlo, se que debe ser un tanto egoista por mi parte lamentar la perdida de una simple porcion de tierra en estos momentos tan sensibles, pero sin duda tener qu esperar 35 millones de años creo que lo amerita.

JHM:

Una gran pena para los que la conocimos y una mayor para los que no lo hicieron.

Madeleine de Delanoe:

Hola jorge, gracias a nombre de todos los operadores de turismo de Paracas, por expresar tus anecdotas y tomar tu tiempo para recabar la información.

Nosotros como operadores de turismo seguiremos mostrando al mundo la belleza de la Reserva Nacional de Paracas, que tiene una extension de 335,000 hectareas.

saludos,

Madeleine de Delanoe
WORLD PERU SAC
PARACAS

Leyla:

yo no llegue a conocerla, pero estuve a punto de hacerlo la 2º semana de este mes. pero por cosas del trabajo no pude. NO SABEN CUANTO ME LAMENTO. Es lo q anhelaba conocer desde hace mucho.

Cèsar Gòmez:

Sensacional tu crònica. La verdad, al finalizar de leerlo, tuve sensaciones, mejor dicho sentimientos encontrados. Por un lado, una inmensa satisfacciòn y orgullo de saber que La Catedral, FUE, un cuadro, un paraje descomunal, abierto e irresistiblemente bello, PERO, al mismo tiempo, siento una profunda pena, dolorosa y cruel, al saber que su estructura rocosa y cavernaria, fue derrumbada, por caprichos y designios de la Naturaleza.
Asì de facil y sencillo.
Una perdida irreparable, pero como dice la doctora Vera Alleman: Paciencia y hay que esperar unos cuantos millocintos de años, para que volvamos a tener otra Catedral(...)
Felicitaciones, un excelente artìculo.

richard cervantes:

hola, conocí la catedral el año 99, quede impresionado como el mar y los vientos habían esculpido a traves de millones de años esta formacion rocosa, la catedral ya no existe pero si 335,000 hectareas de reserva natural, como comenta la tour operadora.

JM:

Nos ha gustado tanto tu articulo que nos hemos animado a escribirte. Mi esposo y yo pasamos nuestra luna de miel mochileando entre Arequipa e Ica, visitamos como ultima parada la reserva de Paracas, y nos tomamos la clasica foto con La Catedral como fondo, hoy sabiendo que ya no esta mas, nos ha invadido un sentimiento de profunda tristeza, sabemos que tiene mucho de verdad lo que mencionas con lo que "lo que la naturaleza crea, la naturaleza lo destruye" pero aun asi se extraña pues ha formado parte de un minuto de nuestra vida. Gracias por aportar mas datos a una maravilla que tuvimos el privilegio de conocer.

Desde España,
Johana y Manuel

mar:

La verdad me apena mucho que hoy la catedral solo sea un recuerdo....tuve la oportunidad de ver su belleza y de quedarme mirandola sin cesar....y lamento pensar que muchas generaciones no podran hacerlo...pero a veces la naturaleza nos hace notar su poder de maneras inexplicables....suerte!!!

mario mejia:

Buena Jorge, un sentido y buen homenaje a esa maravillosa formaciòn rocosa que la naturaleza esculpiò pacientemente durante millones de años y que bastó dos minutos de furia para hacerse polvo. Al igual que las iglesias iqueñas que sepultaron más de 250 personas, de esta Catedral hoy solo quedan escombros, pero a diferencia de ellas que sí podrán ser reconstruidas, esta construcción natural no la volveremos a ver jamás, solo nos quedará el grato recuerdo clavado en la memoria.

incasurf:

y pensar q mi esposa , en ese tiempo mi enamorada, y yo, tuvimos un momento muy especial en esa catedral, hace ya muchos anos...que penita...

Gargamel:

Muy sentida tu nota mi querido Chuquipiondo.

Anónimo:

Y en tu resumen personal, porque no mencionas que eres de Bausate y Mesa???...

[Respuesta: Mi estimado, agudo y quisquilloso lector anónimo: no menciono que fui estudiante de la Escuela de Periodismo Jaime Bausate y Mesa, al igual que tampoco hago mención que estudié teoría musical y armonía en el Conservatorio Nacional de Música, composición e interpretación del corno francés en la Universidad de Chile, finanzas en la Universidad Diego Portales o un año de periodismo en ARCIS. Al parecer resulta de gran trascendencia para ti que afirme que fui estudiante de la Bausate... Asumo que me conoces. ¿Porqué entonces escudarte tras el insufrible y poco transparente "anónimo"? Espera a leer mi siguiente historia donde hago alarde de las buenas épocas que viví cuando fui estudiante bausatino. Saludos, JRC]

marco s.:

"inmensa cavidad cóncava y sepulcral", no hay duda de que tu maestro fue Faverón, dónde se ha visto una cavidad que no sea cóncava, child?

[Respuesta: Ayayay... ¿qué haremos con los émulos de correctores de estilo que, al parecer, van de blog en blog con el afán de buscar la sinrazón? Estimado Marcos Sifuentes, sólo fíjate en las definiciones de ambas palabras -en tu diccionario de la RAE, que seguro tienes bajo la almohada- y verás que tu observación es bastante ociosa y desafortunada. La pretenciosa rigurosidad con la que pretendes impresionar, aplícala en tu chamba con la Chichi. Buen intento, en todo caso. Sigue practicando. Saludos, JRC]

hola COCO, dime cuando te tomaras la osadia de hablarnos un poco de la amazonia...se que es tan e igual interesante que huaral y paracas...solo que son pocos quien realmente notan su BELLEZA.......

[Respuesta: Hola Patricia, a los tiempos... pronto, pronto escribiré sobre la Amazonía...]

eh... hola jorge, pero ese "marco s." no soy yo, que en Internet no suelo firmar así. no sé de dónde sacaste que era un comentario mío.

nos vemos en el Juanito

[Respuesta: A ver Marco, la persona que firmó el comentario del 4 de setiembre (más arriba) al que, supongo, aludes, dejó escrito el mail: marcosifuentesxp@hotmail.com, e hizo el comentario desde una PC con el IP 190.40.94.121. Comprenderás que si firman Marco Sifuentes, no tengo porque dudar que esa persona no lo sea. Quizás hay alguien que le gusta suplantarte o tienes un homónimo bastante pesado y mala leche, por cierto. JRC]

pues nada. la suplantación de identidad es un delito. gracias por darme el IP. si quieres borra este comentario y también el otro, que malogran un blog buena onda.

saludos

[Respuesta: Hola Marco, disculpa por la confusión. Pero a veces suceden estas cosas. No tengo por política borrar comentarios, por más negativos que sean, salvo sean insultos que no es el caso. Debe tratarse de algún idiota que -como dije- no tiene nada mejor que hacer que ir, de blog en blog, buscando la sinrazón. En fin... nos vemos en el Juanito. Saludos, JRC]

Pepe Valdivia:

DESDE CHICAGO,

Me dio mucha pena saber q La Catedral ya no existe mas, yo tambien acampe varias veces en la Mina y Lagunillas aunq muchas noches terminabamos con la carpa mojada cuando subia la marea en la madrugada, buenas epocas q disfrutamos por alli paseando a veces en lanchas de los pescadores q nos llevaban hasta la Mina y cerca a la orilla nos lanzabamos a nadar. Guardare mis fotos de La Catedral como uno de mis sagrados tesoros para q mis hijos hereden mis historias tambien.

Efraín Contreras:

Para felicitarte por esta estupenda entrega. Nunca he estado en "La Mina", nunca conoceré "La Catedral".

Hace años en "El Comercio", apareció un reportaje a "La Mina", como un estupendo lugar para acampar, y recordaban el sitio, entre otras razones, porque habían los restos de una aeronave accidentada ahí.

Quizá puedas confirmarme este lejano recuerdo de una lectura también lejana.

ECM

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