Unicornios & Dragones
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El respeto guerrero de los matsés en la Amazonía

Mar
24
2009

Es raro y ralo lo que se conoce de los matsés, quizá la colectividad selvática nativa más alejada, trágica y enigmática del Perú. A fines del año pasado viajé a sus comunidades de cazadores y recolectores entre los ríos Yaquerana y Gálvez, al sureste de Loreto, en la frontera con Brasil, para cubrir su soterrado –por el poder- conflicto con la petrolera canadiense Pacific Stratus Energy (como pueden apreciar en el video que abre este post).

Lo primero que sorprende al llegar a sus anexos es ver a la mayoría con ropas citadinas, lo que más valoran de su contacto con Angamos, la ciudad más cercana a tres días de navegación y la única con la que comercian. Es que en los años 60 los matsés eran conocidos vagamente como "los calatos" hasta que en 1969 misioneras del Instituto Lingüístico de Verano llegaron a su zona endémica de malaria y hepatitis y establecieron el primer pudoroso contacto. Entonces la ropa de los mestizos se convertiría en su fetiche lúdico.

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Hoy la única desnuda es la naturaleza: aquí todavía se pueden contemplar lupunas a la orilla de los ríos, porque estos árboles exóticos hasta en su mismo ecosistema están depredados en casi toda la Amazonía peruana (los traficantes ilegales usan su madera para hacer triplay).

A 12 días en balsa de Iquitos, su organización es tribal y dividida por clanes. Su fama de corajudos guerreros nómades hizo que los caucheros los temieran como a los capanahuas y su fiereza es tal que hace 9 años no entra ningún maderero a su zona. No obstante, su historia está desteñida con sangre.

En 1972, en guerra con sus parientes brasileños (los mayorunas), huyeron cerca de Requena y la ciudad, asustada, denunció una invasión extranjera. El gobierno de Velasco los bombardeó y el escándalo internacional para una dictadura que se decía progresista fue tal que un año después se les reconoció más de 450 mil hectáreas como territorio, el primero y más grande del Perú.

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Los matsés hace 14 años le piden al Estado una ampliación de sus tierras para incluir a los nuevos anexos y la creación de una reserva comunal de 120 mil hectáreas en un bosque que según el Field Museum of Chicago tiene una riqueza singular: arena blanca en la orilla de los ríos y las lomas, y es hogar del águila arpía, en peligro de extinción. Sin embargo, el Estado –como es su estilo histórico y generador de violencia- ignoró todos sus reclamos con venial indiferencia.

Aquella vez llegó a San José de Añushi –uno de los caseríos más próximos- Víctor Suárez, coordinador ambiental de la transnacional, cuando se realizaba el gran congreso de los matsés, obligado y esperado por 2.500 nativos.

Pero su visita fue tan improvisada –ocurrió un choque cultural del tipo Atahualpa con la Biblia- que Suárez ingresó al local comunal gritando que venía a buscar el "diálogo". Diálogo: paradójica palabra en castellano que –a este representante no se le ocurrió llevar un traductor- no entendieron los ancianos apus de los 14 anexos y sus mujeres mitayas (cazadoras y guerreras) que solo vieron luego el dedo acusador de Suárez dirigido hacia Ángel Uaqui Dunú, el líder comunal de 30 años, "por haberte escondido".

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Escondido: intransigente y estúpido adjetivo para un pueblo que después de décadas de haber gastado su poco dinero –obtenido de vender carne de monte en Angamos- para pedirle audiencia al elusivo Estado lo primero que se entera de su respuesta es que este le había adjudicado en noviembre del 2007 a la petrolera canadiense los lotes 135 y 137: ubicados en sus tierras comunales y en su bosque puro.

Entre los matsés son estrictas las normas de cortesía y reciprocidad (en su idioma no existe la palabra "gracias", porque el dar y recibir son obligatorios) y en el más enfermizo diálogo de sordos, Víctor Suárez recibió empujones de los líderes que cargaban sus enraizadas lanzas de pijuallo de 2 metros, arcos y flechas. Suárez terminó pidiendo la protección de Ángel Uaqui, paralizado frente a sus apus airados; porque entre los matsés -no contactados hasta hace unos 40 años- un joven les debe quieto respeto, por más que sea su representante. La situación se tornaba tan iracunda que quienes éramos de la prensa –y por haber llegado días antes y haberlos entrevistado con ‘respeto cultural’ éramos considerados amigos- debimos escoltar a Suárez hasta el río.

Daniel Vela, de la Defensoría del Pueblo, quien llegó por primera vez a estas tierras con nosotros, me comentaría después: "Cuando uno le habla a la gente del Estado de los códigos y derechos interculturales se ríen y no le toman importancia y ya ves lo que pasa". Vela fue testigo -justo antes de que llegara Suárez- de inesperadas muestras de admiración. Era la primera vez en toda su historia que llegaba alguien "que parece del Estado" y, conmovidos e hiperactivos, flechas en mano alzada, le gritaban sus penurias de salud y carencias.

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“Cun nidaid tantiembi”: “amo mi bosque”, en matsé, fue el grito de guerra en pena. Américo Biná, de Buenas Lomas Antigua, quien navegó dos días y medio en peque para llegar a la reunión, era uno de los pocos que hablaban castellano: “No debemos tener miedo de hablar, hay que respetar a nuestros abuelos, nuestra cultura, yo quiero dinero pero no de alguien que quiere entrar sin consultarnos, hay que conseguir dinero de manera honesta”.

Américo estaba pintado con huito y achiote (el rojo, en su cosmovisión, aleja a los malos espíritus). Y tenía un arco de murahui y un sombrero de chambira con puntos espirales y rayas que simbolizan a su clan: el de los tigrillos. Como en códigos morse del bosque otros puntos y rayas identificaban también a los clanes de los monos y grillos. Al lado de Biná estaba la guerrera Arena –otro aspecto original matsé es el carácter preponderante y temerario de sus mujeres, más altivas y belicosas que los hombres- con la pintura corporal que reivindicaba a su clan: los gusanos o macües.

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Biná y Arena me ayudaron a entender la mística matsé, que las enfermedades se debían a un equilibrio entre el bien y el mal. “Cuando los espíritus del mal quieren capturar almas para su servicio es que se introducen por cualquiera de los agujeros que tiene el ser humano y comienzan a tener una guerra con su alma”. Pero no existe la muerte aquí (ni siquiera hay una palabra que la nombre): si un alma es tomada por el mal pues luego se recicla hacia el cielo y la naturaleza: y si el creador le asigna otra misión regresa convertido en un animal domesticable o ponzoñoso, en una planta, en una nube. Hay una noción circular de la existencia: ir y venir permanentemente. Y así el árbol es un abuelo finado, el río es un hermano machiguenga, el viento es un curandero reformándose para volver.

Por eso, la petrolera ingresaría a acabar con sus familiares, amigos y parejas: ‘Vivos’ en la naturaleza. Hace tiempo una minera arrasó igual un pueblo en el Cusco y los pobladores fueron al cementerio a desenterrar a sus muertos con sus manos. Patria es tierra de padres y se mide por los fallecidos que uno tenga en su tierra. La minera estaba acabando con su sentido patrio y al pueblo no les quedó más que irse, apátridas, con su familiares muertos a buscar otro lugar de comunión (común-unión).

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Lo que más me llamó la pasión fue conocer al equivalente de la ayahuasca con que los curanderos matsés invocan, convocan y a veces revocan sus fantasmas físicos, psicológicos y espirituales. Aquí existe una ranita conocida como kambo o acate, cuya lechecita –extraída en su exudación- se la inoculan en los vasos capilares.

Entonces el sistema de circulación la absorbe y se tienen de manera trepidante los efectos visionarios de una ayahuasca roja. Es una sustancia que también es un veneno instantáneo; para los matsés es una metáfora del universo vital: el mayor remedio del alma es también el peor tóxico fúnebre. Por eso, jamás se daña a la rana y se la deja libre e ilesa para no ofender a los espíritus animales que resguardan el equilibrio de la existencia.

No me atreví a experimentarlo, pero encontré en Internet videos que muestran el proceso; pero del lado brasileño (no se han hecho muchos estudios antropológicos en la parte peruana). Y pueden herir susceptibilidades. Aquí: en planta matsé.

Y aquí:

¿Y ustedes qué opinan de la lucha y cosmovisión de los matsés, excluidos por el Estado? Respondan escuchando la canción que me acompañó durante todo el viaje: Yo vengo a ofrecer mi corazón.

5 Comentarios

Mar
24
2009

Los matsés, un pueblo indígena formado por 2.500 personas que viven en el remoto Amazonas peruano, ha rechazado los planes del Gobierno peruano de explorar su tierra en busca de petróleo.

El Gobierno ha creado cinco lotes de exploración que se superponen al territorio matsés, y ha firmado acuerdos con dos empresas para que trabajen allí.

“No se realizó un adecuado procedimiento de consulta durante la creación de los lotes petroleros, ni mientras se llevaba a cabo el proceso de otorgamiento en concesión de dichos lotes, ni en la firma de contratos entre las empresas petroleras y el estado peruano”, declara el presidente del Consejo de los matsés. "Ello va en evidente contradicción a lo expuesto, en esa materia, por el Convenio 169-OIT y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas”.


En un comunicado de la organización indígena de la Amazonia peruana, AIDESEP, se añade que los matsés rechazan la exploración en su tierra porque no hay ningún signo de desarrollo en comunidades (peruanas) que han permitido la exploración, sólo contaminación medioambiental y más pobreza.

El comunicado de AIDESEP dice que los matsés han escrito al presidente de Perú, Alan García, exponiendo su preocupación y señalando que no quieren abandonar sus hogares por “promesas ficticias que – durante todos los años de explotación en otras zonas de la selva – no lograron el desarrollo de los pueblos".

Publicado por: Anonymous
Mar
26
2009

Extraño la Amazonía, siento que me llama hace años, que soy una malagradecida que no voy a verlos y luchar porque sus ideales se vean cumplidos; si entendieran, si quisieran aceptar los del gobierno que son unos ignorantes y que deberían aprender para entender, comprender la cosmovisión de nuestros hermanos, quizás se empezaría por mucho, pero la ignorancia es atrevida y los señores del gobierno unos malsanos. Habrá que hacer maletas para ir donde ellos nuevamente y poder ayudarlos. Muchas gracias por el alcance. Mi mente siempre está con ellos.

Publicado por: Elena
Mar
26
2009

Guau, no me atreverìa a que me pongan ese sapito. Pero què interesante lo que cuentas. un beso.

Publicado por: Pau
Mar
27
2009

Gracias x este interesante tema, muy interesante ...

Deberíamos todos hacer algo para ayudar a proteger nuestros recuersos naturales, nuestra historia, nuestra genta, nuestra cultura ... cultivar en cada persona las enseñansas y seguir difundiendo la medicina natural y la gran propiedades que tienen.

No sabía lo de la ayahuasca roja, otra curiosidad, x lo pronto hasta ahora no puedo hacer el ayahuasca ya tengo todos los datos, pero hay algo dentro q me da miedo y no me permite ir ... buuu estoy quitándome mis miedo para poder experimentarlo..
Gi

PD. q no daría x estar viajando y experimentando lo de ustedes!! no me quieren llevar? jeje

Publicado por: Gina
Mar
27
2009

Es irónico pero justo y necesario. Es hora de prestar atención y escuchar lo que estas comunidades con sus naturales y muy sabias formas de ser tienen que decir y aunque a muchos nos parezcan primitivos en sus puntos de vista. En realidad me pongo a pensar si los primitivos en realidad somos quienes por la ambición de conquistar y lograr más nos hemos convertido en parte de sociedades codiciosas. Siempre queriendo más y más... y en ese paso destruyendo nuestros propios tesoros... (recursos naturales) no es malo haber alcanzado tanto avance tecnológico por ejemplo o increibles avances en medicina y miles de ejemplos, pero esto a costa de qué?

Creo que hemos llegado a los límites de abuso en nuestros deseos de alcanzar los máximos logros como sociedad. El precio es muy alto: Comunidades enteras desalojadas por la avaricia de algunos. Ciudades enteras contaminadas por la codicia de otros. Comunidades como esta que han preferido esconderse para no contaminarse con las ambiciones de los "disque" civilizados y al mismo tiempo pretendiendo quitarles lo único valioso que ellos tienen. La tierra.

Respetemos sus derechos y su natural ambiente. Esos son los tesoros que tanto hemos descuidado en nuestro pais. Es hora de prestar atención y escuchar lo que ellos tienen que decir. Sobre todo, darles lo que necesitan para sobrevivir a tanta codicia que les rodea. No es justo que sigamos mostrando tanta indiferencia con aquellos que aún guardan celosamente, los secretos de la vida.

Publicado por: Marlene
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