Tu vida es puro teatro

Novedades en la categoría Notas en el espejo del camerino

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Teatro, márketing y Halloween

Oct
28
2009

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Tengo una idea que podría mezclar teatro, fiesta popular y márketing. Llamémosla El Pabellón Halloween de Miraflores. Como sabemos, miles de niños salen a pedir caramelos el 31 de octubre, y son de toda condición, pues la ilusión de recibir dulces regalados es igual para el pobre que para el rico. Como sabemos también, esto genera concentración en ciertos distritos y una situación poco manejable que, en vez de fiesta, se convierte en enfrentamiento social y en frustración infantil.

Mi propuesta: crear el Pabellón Halloween, en el cual los niños entran pagando una mínima entrada y reciben allí muestras gratuitas de todas las marcas participantes. ¿Cuál es la ganancia? Sampling, recordación, asociación a la fiesta que más se relaciona con niños y golosinas aparte de Navidad y -además- aprovechar un punto de contacto con miles de niños para ofrecerles desde Colgate hasta Cartoon Network. De paso, los distritos organizadores libran a sus zonas residenciales de brujitas y hombres-araña y los centralizan en un punto masivo de recreación.

¿Y qué tiene que ver esto con el teatro? Pues que podría haber aquí instantes, pedacitos, muestras gratis de las obras infantiles en cartelera -como Pinocha o Confusión en el cuento- para publicitarse. Como podría haber áreas teatrales “de terror”, shows de música criolla en versión infantil, cuentacuentos, concursos de disfraces, de dibujo, de baile, etc. etc.

Y sería tan bonito que lleve el nombre de una marca querida -por ejemplo, El Pabellón de Halloween Donofrio- que me emociona imaginar este proyecto realizado por los marketeros más atentos a las oportunidades. Generarían alegría para los niños, empleo para los artistas y tráfico para las tiendas que quedan alrededor. Y de paso me resolverían un problema, el de todos los papás: ¿a dónde llevo a pedir dulces a mi niña emocionada por lucir su disfraz y recibir caramelos?

A ver qué opinan Juan Infante, Milton Vela y todos los que saben de esto. ¿Se realizará? ¡Gracias brujas, calabazas y esqueletos!

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Como alcalde, ¿qué has hecho por la cultura?

Oct
22
2009

Si a todos los alcaldes les importara la cultura de su distrito, a todos nos iría mejor. A los niños porque el contacto con la cultura los enriquece, los lleva a nuevas profesiones, a horizontes más amplios y a un futuro infinito; a los jóvenes porque la valoración de la creatividad contribuye a la revaloración de sí mismos y por lo tanto a su autoestima; y a los adultos porque nos genera orgullo, sentido de pertenencia y relax de alto valor. Pero no, no todos se interesan igual, aunque por suerte hay algunos más valiosos. A los alcaldes de Comas o San Isidro –por ejemplo- hay que felicitarlos. Al primero por su apoyo al FITECA y al segundo por hacer del suyo un distrito más rico en otros sentidos.

En la Biblioteca Municipal de San Isidro se desarrolla un programa de actividades amplio y recomendable que otros podrían imitar, pues con muy poca inversión genera alto impacto (lo que es un ejemplo para Jesús María o Lince, que tienen instalaciones y público potencial pero casi nula actividad). Este mes de octubre en el auditorio de la biblioteca sanisidrina se presentan cuatro pelìculas de Almodóvar, La noche de los asesinos de Jorge Triana, Marcela Pardón con Brel, Daniel Ortega en mimo, Mukashi Mukashi en títeres y cuentos, se expone la obra fotográfica de Ana Cecilia Gonzales Vigil y se aprovecha el ambiente cultural de un modo encomiable. En ese teatrín he podido ver puestas de autores peruanos -Adrianzén, Alegría, de Althaus y Falcón- y ya se ha ganado con justicia un público fiel.

Que se quejen los detractores de los errores -tienen que haber críticos para hacer mejor las cosas- pero que la labor continúe. Meier, como Salmón o Saldaña son funcionarios que se ganan con acciones el paso al Hall de la Fama que algún día distinguirá a quienes apoyaron a la cultura de aquellos burócratas ignorantes que nunca le dieron valor.

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El Papa y los clowns

Oct
15
2009

De repente ya todos lo vieron, así que primicia no es. Yo no lo vi cuando lo dieron en la tele -hace años en La Ventana Indiscreta- pero lo bueno de Tangle y de YouTube y de todos estos servicios es que te ahorran ver tele y de cada hora emitida ellos seleccionan los cuatro o cinco minutos que te importan, como este momento: El Papa Juan Pablo II riéndose con un clown. Dos humanos unidos por la risa, y no digo más para que no me armen discusiones religiosas.
Dedicado a Pastilla, a Cayita, a Wendy, a Fiorella, al Pulgo, a Peque, al payaso inolvidable de San Telmo y a Tripaloca en el cielo porque de todos ellos me acordé.

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Una muerte anunciada

Sep
21
2009

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La página de los dramaturgos del Perú, un sitio web que creé a mediados de los 90 para albergar datos sobre nuestros autores, además de obras e información diversa, desaparecerá en octubre de este año debido a que Yahoo! cerrará Geocities, el servidor gratuito que la albergaba. Eso significa que esta dirección: http://geocities.com/teatroperuano no existirá más.

Aunque esto que hace Yahoo! me parece tan espantoso como quemar una biblioteca no me queda más salida que mudar la página. Pero hacerlo sería mover algo inactivo de un lugar a otro, mudar una web que ya había cumplido su ciclo y que podría morir en paz, así que he encontrado una mejor solución. He creado un blog dedicado a la dramaturgia nacional, en especial a sus autores vivos. El blog es un formato más vivo, moderno, modificable y participativo. Tengo experiencia con éste (y con mi blog personal ) y confío en poder trasladar la información más relevante de la página antigua a este nuevo blog.

La dirección es http://dramaturgosdelperu.blogspot.com

Se llama el blog de los dramaturgos del Perú y en él iré reseñando primero a los autores que tienen estrenos y actividad plena en la escena actual, para luego agregar a quienes no estén ahora en escena o a quienes vayan surgiendo. A diferencia de La página de los dramaturgos del Perú, en el blog no rme referiré a autores fallecidos, pues la idea es hablar de la actualidad, y tampoco subiré textos teatrales por razones de espacio y tiempo.
Visiten el nuevo blog, opinen, comparen, colaboren: http://dramaturgosdelperu.blogspot.com

Y recuerden que en la antigua Página de los dramaturgos del Perú había textos completos de muchas obras que siguen ahí pero desaparecerán con el cierre de Geocities. Aprovechen el mes que queda y copien todo lo que se pueda antes de que se pierda.

Mil gracias a los lectores, los espectadores, los estudiosos y los amantes del teatro peruano por su apoyo, su interés y su participación. El de ayer y el de ahora.

César De María
Blog de los dramaturgos del Perú
http://dramaturgosdelperu.blogspot.com

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Se busca galón de pintura

Jul
31
2009

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Una empresa muy seria le ofrece auspicio a Bola Roja -la entidad que dirige Wendy Ramos y que entre otros proyectos se dedica a apoyar al barrio de Belén, uno de los más pobres de la Amazonía peruana- y poco antes del plazo, le dice que ya no apoya, lo que implica más pobreza mental que la pobreza material de Belén. Entonces Wendy inicia en facebook una colecta para conseguir de sus amigos 300 galones de pintura, a 45 soles cada galón. Y en un día ya tiene como 100. Pero al faltar 200, haces falta tú. ¿Estás en facebook? Busca a Bola Roja y pórtate, mira que es fin de mes, pagaron ya y todo ese discurso que tenemos de ayudar al otro puede convertirse, via bcp, en acciones de apoyo más que en meras palabras huecas. No es teatro, amigo, es vida real. De paso entras en contacto, aunque sea virtual, con una de las creadoras más talentosas, discretas y admiradas de nuestro medio escénico. Te esperamos.

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¿Cuántas mamás podemos tener?

May
09
2009

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Además de mi madre, reposada y trabajadora, tuve tres madres más. Madres de esas que la vida te regala cuando quiere encaminarte, corajudas y sensibles a la vez, capaces de enseñar con muchos ejemplos y pocos gritos.

La primera fue Sara Joffré, la destacada dramaturga y directora en cuyo grupo –Los Grillos– me inicié teatralmente en 1976. Yo tenía 16 años y ella acababa de alumbrar a su segunda hija. Recuerdo y agradezco mucho su mano de hierro para los asuntos artísticos, su ímpetu por sacar adelante los proyectos a como de lugar y su confianza en la gente que la rodeaba, confianza que nos hacía crecer a todos y que no siempre retribuíamos en la medida de lo esperado.

Recuerdo otra madre teatral: Victoria Morales de Aramayo, la directora de Kusi Kusi, teatro y escuela de títeres en el que pasé cinco años de mi juventud aprendiendo (de ella y de su esposo Gastón) a sorprender al espectador, a darle espectáculo pero también ideas, a buscar la excelencia en la ejecución aunque eso cueste cuatro horas diarias de ensayo con el brazo arriba, cargando un muñeco agarrotado pero expresivo. Aún hoy siguen produciendo ambos con una certeza y calidad que muchos chibolos del teatro, que van por ahí chocando con las paredes, deberían aprender.

Me acuerdo fugazmente de una madre adorable que vi menos y recuerdo más, una madre poética iluminada por la razón y aun por la muerte: Carmen Luz Bejarano. Reunirme con ella cada viernes por la tarde –con gente que, como yo, escribía y frisaba los 20 años- para criticarnos y cuidarnos al mismo tiempo fue maravilloso, y me estremece caer en cuenta de que en esas reuniones me enamoré profundamente (de otra poeta) y conocí a personas que hasta hoy siguen escribiendo y sigo admirando.

Carmen Luz se fue: se la llevó la ola de la vida.
Sara y Vicky siguen creando, cada una a su manera.

Las tres supieron criar más y más hijos que van por ahí, como yo, dándole al oficio del teatro, los títeres y la escritura. Gente agradecida pero ocupada y a veces distante, como todos los hijos. Para cada una de ellas un abrazo, un recuerdo y mil disculpas, por no decirles de frente esto que les cuento aquí.

Un texto recordando a Carmen Luz , una foto con sus hijos poéticos (en la misma web de donde tomé su foto para esta nota) y, en mi blog personal, un retrato de mi madre, Ada, 81 años bien puestos.

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Monólogo del asesino

May
03
2009

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(Entra una sombra al escenario oscuro y nos cuenta su historia entre otras sombras salvajes que convierten en acciones aquello que gruñe este narrador. La platea está vacía, pero a él no le importa y sigue hablando).

Primero conseguimos que los cuidadores se contagiaran.
Cuando tosió la mujer que nos apaleaba -a la que habíamos enfrentado hace mucho con el más afiebrado de todos nosotros hasta que logró salpicarla- nos reímos, moqueando sobre nuestra comida sin decir nada.
Luego, de un porrazo, se regó la gripe por el mundo y nos quedamos boquiabiertos ante tanto poder, concentrado en el televisor pequeñito del guachimán que también tosía. (Aplaude estúpidamente con sus manos pequeñitas). Unos días después comenzaron todos ellos a tener diarreas, dejaron de salir y prohibieron las escuelas, los partidos de fútbol, el teatro. (Aplaude). Ya no podrían juntarse en piaras: tendrían que encerrarse a soportar sus olores, a compartir un baño sin agua, a comer lo que quede escondido entre las alacenas y sobre todo, a compartir con dolor nuestra certeza de una muerte dolorosa. Eso lo celebramos revolcándonos sobre la caca en un acto que parecía simple y natural.
(Suspira y continúa).
A continuación, cuando habían sucumbido tantos de ellos que por venganza venían a matarnos, escogimos poner delante –de entre los cientos de miles que reíamos en la granja- al peor, al más débil, al que obviamente guardaba la más aviesa de nuestras pestes. Se lo llevaron y se lo comieron pero mientras lo mataban intuimos que estaría cumpliendo su misión. Ahora este virus, el segundo y el más malo, ataca a los que se salvaron del primero y muta dentro de ellos, muta con furia, con el odio de todos los descuartizados, con la maldad de quienes vivieron solo para ser devorados. Muta y mata, muta y mata. (Agita las manitos y se enfurece).
Soñábamos con volar para cagar nuestra peste sobre sus cabezas.
Las aves nos ayudaron y logramos hacerlo desde nuestro encierro.
(Sonríe).
Ahora la plaga es letal.
Ahora saben lo que es esperar la muerte en tu momento más brillante.
Caen las madres al dar la teta, caen los bebés mientras aprenden a caminar, caen los viejos, los cultos, los más fuertes se desploman también.
Los vemos morir en el aparato encendido.
Las rejas se han abierto, solo queda el vigilante. Apenas se desmaya corremos hacia la calle, miles de nosotros, acezantes de hambre.
Qué suerte.
A mí me toca primero este muchacho. Todavía respira pero no me importa.
Yo sé que está lleno de tocino.
(Aplaude manicorto, muestra las fauces feroces y salta torpemente sobre su presa. Apagón).


Los matamos salvajemente, los tatuamos, los teñimos genéticamente, los ponemos a correr carreras... ¿Cómo no iban a vengarse algún día? Y si el virus mutó dentro del cerdo... ¿por qué no creer que lo hará dentro del humano?
El cerdito feliz de la foto es de una bandeja artesanal de las que hace la actriz Gabriela Billotti. Acá, una página seria con información de la OMS, actualizada, respecto a la gripe porcina. Y abajo, una canción de Pink Floyd que provoca compartir ahora.

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Las neurosis sexuales de nuestros padres

Abr
16
2009

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Acabo de leer una obra sobrecogedora: Las neurosis sexuales de nuestros padres, de Lukas Bärfuss. Una historia terrorífica y salvaje, la vida de una joven con algún tipo de deficiencia mental –que el autor no precisa- y que enfrenta, poco a poco, su libertad.
La historia es simple: una madre y un médico discuten la conveniencia de dejar de darle a Dora las pastillas que la mantienen en calma, que la contienen en ese marasmo propio de muchas personas que viven sedadas por alguna condición mental que resulta amenazante para quienes conviven con ellas. A partir de esa decisión, Dora, liberada de su cárcel química como un Segismundo moderno, se desata de muchas maneras y en especial se libera de sus represiones sexuales. Se enamora de un tipo que pretende explotarla y desea acostarse con él todo el día, ser maltratada y exigida buscando experimentar y gozar con su nueva conciencia que implica una nueva visión del cuerpo. Su cambio afecta luego la palabra y el orden establecido: se rebela, decide tener un hijo, se aleona y se siente, se sabe (o se cree) libre. Pero no lo es y por eso su nueva vida se viene abajo violentamente y Dora termina mal, de una forma que no quiero contar para no arruinarles la puesta.

Sí, dije la puesta.
Es que a la buena noticia de haber conocido esta obra de un autor alemán contemporáneo se suma otra: la de saber que, casi con seguridad, Jorge Villanueva la dirigirá con el grupo Ópalo en el escenario del instituto Goethe, allí donde hace poco se lucieron con La noche árabe.
¿Cuál es el rol de los padres en el cuidado de sus hijos, sobre todo si están enfermos mentalmente? ¿Deben quitarles la posibilidad de vivir normalmente en aras de la supuesta paz familiar y social? ¿Cuánto de tiranía, dolor y cerrazón hacen falta para domarlos o, mejor dicho, reinsertarlos socialmente? ¿Qué grado de salvajismo puede alcanzar la represión de sus deseos y la corrección de sus errores? ¿Cuánto de la represión castradora que algunos creen correcta en las personas de esta condición se extiende a todos nosotros, como si estuviéramos enfermos de libertad? Bärfuss no responde, pero el espectador se lleva este rollo a su casa. Como yo, que solo la he leído y sigo dándole vueltas, esperando el montaje y pensando en mis propias represiones como hijo y cómo padre. Ojalá la veamos pronto.

Acá dos links a notas sobre la obra: sobre una puesta universitaria en Colombia y sobre otra en Chile. ¡Pero buscando encuentras hasta la obra! y en mi blog personal hablo sobre cómo esta pieza me inspira a escribir, y por qué. Saludos para todos. Seamos libres.

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Adiós a Blanca Varela

Mar
12
2009

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Y mientras uno cumple con sus tareas, de repente, llega la muerte.
Y con ella la sensación de que todo es banal, de que no había que lavar ese plato ni tocar ese cuerpo ni aprender esos versos.
Ya no me importa hablar de la obra tan fea que vi hace poco, ni de cómo el rencor une a los malos, ni de cuán hueca está nuestra memoria que hasta olvida cuando la mencionan.
La muerte me ha tocado la puerta. Me ha tirado al suelo los libros. Me ha recordado el rostro de mi amigo más poeta y mi amada más sensible.
Se ha muerto Blanca Varela. No se han muerto sus palabras –eso lo sé, no soy idiota- pero ella se ha muerto. Así de claro y concreto. Su cuerpo no era un poema. Era un ser vivo que ya no está. Y no hay gloria que devuelva ni siquiera un suspiro.
Adiós a la inminencia de sus discursos escondidos. Adiós a su presencia, rectora a través del dolor. Adiós a su grandeza viva.
No sé si escribió para que la recuerden, para vencer a la angustia o para sentirse amada. Sólo sé que vivió y que escribió, que la toqué a través de un libro, que alguna vez me la crucé y no pude decirle ni una palabra porque sentía que todas eran suyas.
Acompañé en la vida a un amigo que la recitaba de memoria para darle sentido al momento más hueco.
Amé a una mujer que amaba leerla porque evocaba, en el teatro de su mente, imágenes y cuerpos.
Habría que dejarla partir.
Habría que ser sabios y asumirlo con simpleza.
Habría que ahorrarnos las palabras. Seguir su ejemplo. Dejar que el cuerpo sea de aire.
Porque sólo así vencerá.


Dos poemas de Blanca Varela.

CANTO VILLANO

y de pronto la vida
en mi plato de pobre
un magro trozo de celeste cerdo
aquí en mi plato

observarme
observarte
o matar una mosca sin malicia
aniquilar la luz
o hacerla

hacerla
como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante
en el plato vacío

rubens cebollas lágrimas
más rubens más cebollas
más lágrimas

tantas historias
negros indigeribles milagros
y la estrella de oriente

emparedada
y el hueso del amor
tan roído y tan duro
brillando en otro plato

este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpo

es la rosa de grasa
que envejece
en su cielo de carne

mea culpa ojo turbio
mea culpa negro bocado
mea culpa divina náusea

no hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis ojos
y los tuyos.

(De Canto villano)


Casa de Cuervos

porque te alimenté con esta realidad
mal cocida
por tantas y tan pobres flores del mal
por este absurdo vuelo a ras de pantano
ego te absolvo de mí
laberinto hijo mío

no es tuya la culpa
ni mía
pobre pequeño mío
del que hice este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de miel
y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce
y la hermosísima distancia
de tu cuerpo
tu náusea es mía
la heredaste como heredan los peces
la asfixia
y el color de tus ojos
es también el color de mi ceguera
bajo el que sombras tejen
sombras y tentaciones
y es mía también la huella
de tu talón estrecho
de arcángel
apenas pasado en la entreabierta ventana
y nuestra
para siempre
la música extranjera
de los cielos batientes
ahora leoncillo
encarnación de mi amor
juegas con mis huesos
y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento
casi saciado y libre
con tu sangre que ya no deja lugar
para nada ni nadie

aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa
de tus pasos
a todas las primaveras que inventas
y destruyes
a tenderme -nada infinita-
sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya
que ilumine mis restos
porque así es este amor
que nada comprende
y nada puede
bebes el filtro y te duermes
en ese abismo lleno de ti
música que no ves
colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños
hasta ese torpe gris
que es despertar
en la gran palma de dios
calva vacía sin extremos
y allí te encuentras
sola y perdida en tu alma
sin más obstáculo que tu cuerpo
sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y el mismo
con tantos nombres
que a ninguno responde
y tú mirándome
como si no me conocieras
marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas
y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
a donde no has de volver

Y acá algunos links: Un estudio interesante (de ahí saqué la foto), una página muy útil (tenía que ser Educared), el prólogo del libro sobre ella que escribieron Mariela Dreyfus y Rocío Silva-Santisteban y finalmente, más poemas suyos.

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Serpost y las cartas que no llegaron

Feb
20
2009

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Quiero pedirte perdón por lo que te dije, pero más profundamente por aquello que callé…
Tengo una caja llena de cartas escritas a mano. Cartas que colecciono desde que tenía 20 años y que nunca envié.
Hoy el crepúsculo se repite y lo único que cambia es el modo en que lo miro.
Cartas a gente que amé, que dejé de amar, que descubrí, ya muy tarde, cuánto amaba. Cartas de perdón, de despedida, de reconciliación, o a veces simples párrafos para compartir la vida. Cartas sintéticas, cartas extensas, cartas cursis o formales.
Cartas.
¿Recuerdas mis peces negros? Murieron uno a uno y los reemplacé por goldfishes de plástico en una pecera vacía llena de juguetes de colores chirriantes. Lo falso nunca muere, eso es tan cierto que da risa y duele a la vez.
Las cartas me han ayudado a conocerme, a saber lo que sentía o lo que creía sentir, a registrar, como en un GPS textual, los puntos por los cuales pasó mi alma perdida, errante como una mosca al volar.
Hoy no existe más la sensación de carta física y quien comparte una da (usualmente a sabiendas) mucho más de lo esperado. Hoy todo es correo electrónico, facebook, SMS. Y está bien, estos medios nos unen, nos exponen, nos apuran. Pero ese toque reflexivo y personal de la carta escrita a mano se ha perdido ¿para siempre?
En casi todas mis obras alguien manda cartas, o las recibe, o cree recibirlas, o espera una. Me recuerdo de chico intercambiando estampillas cada domingo con muchos viejos filatelistas en el correo central de Lima, ese hermoso edificio que alberga cientos de casillas postales que hoy se llenan de telarañas ante la caída del correo real. Me recuerdo esperando que alguien rompa su sobre y lo arroje para lanzarme a rescatar sus estampillas. Y me vuelvo a ver intercambiando cientos de cartas con Alba, mi amiga postal uruguaya, en una historia adolescente que merece otro post.
Son cartas las que forman la novela Las relaciones peligrosas, de Choderlos de Laclos, y de la cual Milos Forman hizo una película magnífica. También la novela 84 Charing Cross Road es epistolar y también con ella hicieron un conmovedor filme, con Anthony Hopkins y creo que Anne Bancroft (¿o Geena Rowlands?). Intimas y dolorosas, luminosas y verdaderas, las cartas de ambas novelas –y películas- desnudan a sus personajes y los entremezclan de modo profundo y salvaje.
Cartas en el teatro hay miles, y entre las que más recuerdo están Las cartas que nunca llegaron, una novela de Mauricio Rosencof, autor uruguayo y exguerrillero tupamaro, que luego él mismo adaptó al teatro. Las cartas son mucho y son nada, y por eso una carta perdida es, para mí, tan dolorosa. Porque ha fracasado en su simple tarea de atravesar el limbo entre dos puntos, lo que se parece mucho a la vida, en definición beckettiana que comparto. Por ejemplo: la simple carta que remití a España el 23 de enero por correo certificado Serpost y que hoy, 20 de febrero, según el call center del correo, recién llega a España. Casi un mes para un sobrecito con menos de 25 gramos. Una carta importante que me pidieron enviar en físico y que pasó al terreno de lo sobrenatural cuando no supieron dar razón de ella, pues no pueden responderme cuándo salió del país ni por qué llegó a Madrid recién hoy. Tampoco aseguran si allá la repartirán mañana, o sabe Dios cuándo, pero oigo hablar a la vulgar y prosaica empleada de Serpost y pienso en el destino incierto de todo lo escrito, en lo romántico que tiene aquello que se mete en un sobre y viaja volando sobre una estampilla, en lo ridículamente compleja que puede ser una tarea tan sencilla como mover un sobre de aquí a otra ciudad.
Me encantaría encontrar una fuente de cartas perdidas o no recibidas para hacer con ellas una obra de teatro. ¿Existe una pieza así? Alguien más culto me responderá.
En todo caso, me inspira estar escribiendo una adaptación de Bartleby, de Herman Melville, no sé para quién, impulsado por mi amor a las cartas perdidas, las que nunca llegan a destino, esas que se parecen a la gente y que en esta novela corta llaman Cartas muertas. Como las almas muertas de Gogol. Como los ojos de tanta gente que va, zombie, del trabajo al bus y del bus al televisor.

Bartleby había sido un empleado subalterno en la Oficina de Cartas Muertas de Washington, del que fue bruscamente despedido por un cambio en la administración. Cuando pienso en este rumor; apenas puedo expresar la emoción que me embargó. ¡Cartas muertas!, ¿no se parece a hombres muertos? Conciban un hombre por naturaleza y por desdicha propenso a una pálida desesperanza. ¿Qué ejercicio puede aumentar esa desesperanza como el de manejar continuamente esas cartas muertas y clasificarlas para las llamas? Pues a carradas las queman todos los años. A veces, el pálido funcionario saca de los dobleces del papel un anillo -el dedo al que iba destinado tal vez ya se corrompe en la tumba-; un billete de Banco remitido en urgente caridad a quien ya no come, ni puede ya sentir hambre; perdón para quienes murieron desesperados; esperanza para los que murieron sin esperanza, buenas noticias para quienes murieron sofocados por insoportables calamidades. Con mensajes de vida, estas cartas se apresuran hacia la muerte. ¡Oh Bartleby! ¡Oh humanidad!

Eso es un fragmento de Bartleby. Cuesta adaptar la novela. ¿Renunciar a ello? Preferiría no hacerlo.


A continuación, tres videos. Uno con un pedacito de Nunca te vi, siempre te amé, la película. El siguiente con un fragmento de una obra teatral chilena llamada Remite Santos Dumont, basada en cartas de orates de un conocido sanatorio de allá. El tercero, un comercial de la agencia en que trabajo para una cerveza a la que queremos mucho: está lleno de carteros.

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