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Tu vida es puro teatro
12.09.10 7

Se cierra la puerta del cielo


La puerta del cielo es la conmovedora historia de un hombre al cual se le presenta la oportunidad de realizar sus ideales ayudando a quienes cree que merecen apoyo y justicia. Pero es a la vez la historia de una gran desilusión: la que le causan ellos, los pobres a los que ama, y la que se causa él mismo al reconocerse inútil, incapaz, inocuo. Le quedan dos funciones, en La Plaza ISIL de Larcomar.

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Javier Aliaga es un funcionario internacional, un hombre con plata y buen apellido que se presenta de pronto en una casa de La Victoria para reclamar algo que nadie le debe: la felicidad del pasado. Aparece primero como un protector, un benefactor que trae dinero y con él, supuestamente, parece darlo todo. Pero luego resulta que no viene a dar sino a recibir, porque en esta casa, en su juventud, ha pasado momentos de realización y alegría. Aquí ha sido alguien. Aquí apoyó a los demás. Aquí lavó sus culpas de joven adinerado ayudando a que el talento de Rosa y su esposo les den fama y fortuna. Y sin embargo no pudo ser más que un invitado. Desclasado, perdido entre dos mundos, Aliaga se aleja de su juventud y de sus supuestos amigos para volver después de muchos años a recoger sus pasos y a reconquistar una felicidad que en mal momento dejó partir, porque no pudo reencontrarla jamás.

La puerta del cielo de Alfonso Santistevan se enlaza con otras obras de autores peruanos -desde César Bravo hasta Mario Vargas Llosa- que cuentan la frustración del limeño bienintencionado incapaz de ser quien es, de hacer lo correcto y, en algunos casos, de frenar el desborde de miseria que cae como un huayco sobre Lima, desde siempre. Comparte con otros autores la mesa de bar y la impotente confesión entre chelas, la frustración del sueño juvenil, la dilución del ímpetu revolucionario y la traición a los sentimientos más puros (recordemos Los del 4 o ¿Quieres estar conmigo?). Comparte también cierta inacción que hace que la pieza no avance pero que a la vez permite disfrutar más de esas emociones y revelaciones que, al narrarse con mora, adquieren relevancia y profundidad más allá de si suenan redundantes o falsamente solemnes. Santistevan nos habla del tiempo y de la muerte -esos dos amigos monstruosos que abren y cierran la puerta a su antojo- para enseñarnos a disfrutar del presente inasible y a la vez para invitarnos a despedir ese pasado que siempre dolerá, al que nunca más podremos volver aunque retornemos al mismo espacio, aunque digamos las palabras de entonces, aunque finjamos soñar los mismos sueños. El río de nuestras lágrimas, como el de Heráclito, no puede volver a ser el mismo. Si lo leemos socialmente, este es el entierro de los ilusos sin resolución, el de aquellos que quisieron mejorar al Perú y hoy se lamentan de haberse mejorado sólo a sí mismos. Si lo tomamos como algo personal, este es el adiós a lo perdido, a lo irrealizable, un adiós de todos los días, un paso al costado hacia el silencio y el dolor. Me costará siempre pensar como Javier Aliaga, asumir que hay cosas que no mueren y cuentos que no terminan y quizás por eso lo odié un poquito, lo que habla muy bien de la dirección del mismo Santistevan y de las excelentes actuaciones de Humberto Cavero y en especial de Alberto Isola, adolorido, cándido y furioso. Creo que eso es lo que más aprecio de un buen espectáculo: poder discutir con el autor, poder amar al elenco, poder llevarme imágenes y dudas que no tenía antes de abrirse el telón, esa puerta del cielo que nos enrostra al abismo de nuestras propias almas. Y que a la vez que nos lanza hacia el futuro nos une de nuevo a los ausentes que como tú, Maritza, se asoman y brillan en esa oscuridad.

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7 Comentarios

13.09.10

"....dudas que no tenía antes de que se abra...." Es "antes de que se abriera...." Y no hay traslación o enálage como en "Mañana voy al cine", lo que hay es error de concordancia.

Acpetado. Lo corrijo. Gracias.

Publicado por: SACAPUNTAS NEBRIJA (correctómano)
14.09.10

Hola.
El sábado fui a ver la obra. Me pareció malísima. Salí ofendida y me alegré al saber que no fui la única que se dio cuenta que la obra era, en extremo, clasista. Que se notaba que ni los actores ni el director nunca antes pisaron un "barrio pobre" ni mucho menos La Victoria, que pretendían retratar relaciones de "integración clase-raza" pero terminaban enfatizando aún más las diferencias.
¿En serio, tan alienado están que aceptan y hasta creen "genial" una obra que pinta a las personas de escasos recursos como seres de poca inteligencia? ¿Creen en verdad que una persona pobre solo se puede contentar con escuchar salsa? ¿No se les puede ocurrir que, tal vez, les puede gustar otro género musical? ¿Escuchar salsa es de clase baja? ¿Es "noble" que una persona quiera regresar a un barrio solo para revivir momentos bonitos? ¿o es solo "noble" cuando regresa a un barrio pobre? ¿Acaso es diferente a que quiera regresar a un barrio CUALQUIERA?
Sabemos que el Teatro La Plaza tiene un público, en su mayoría, que se puede "conmover" con un tema presentado de esta manera.
Felizmente yo no, ni con quien fuí, ni muchas otras personas que salieron conmigo del auditorio.
Espero que más gente se dé cuenta y sean un poco más críticos a la hora de ver obras teatrales (o de todo tipo) y se dejen de escribir franelasos entre "amigos de la argolla".
Gente, la "collera" no hace bien al teatro nacional. Lo derrumba.

Publicado por: Lorena
14.09.10

La “collera”, a que alude Lorena, y la vanidad, tienen prácticamente carta de ciudadanía en el teatro de nuestro medio. Y la “importancia” --con dobles o triples comillas-- y la neurotizante búsqueda de la misma, también por supuesto. Pero cabría agregar que esto no es privativo de nuestra amada-odiada Lima. Sin embargo me atrevería a decir que los limeños, y no sólo en teatro, solemos aumentar los defectos y disminuir las virtudes de otras latitudes. Y así como “se cierra el paso” –probablemente por prejuicios tácitamente expresados en la queja de Lorena-- a gente con realmente buena potencialidad, se sobrevalora a gente cuyos límites son cuestionables. Por ejemplo en dramaturgia, hay quien hasta la fecha no ha escrito nada realmente significativo o de auténtica valía intrínseca sino meros ejercicios voluntariosos y aceptables. Pero se le concede un sitial que la persona en cuestión se cree totalmente merecer pero que en realidad no le corresponde. (Por si acaso, no me refiero ni a ti, César, ni a Alonso, ni a Sara, ni a tu tocayo y hasta ahora inigualable premio Tirso de Molina, ni a otros de tu generación).
JOTABE POQUELIN

Publicado por: JOTABE POQUELIN
14.09.10

Gracias por el comentario.

Publicado por: Rochi Santistevan
18.09.10

URGENTE: Ya pues César de María, a escribir un post bien bonito sobre nuestro venerable Carlos Gassols.
P.D.-Y sé menos intolerante con tu tijera censora.Es preferible que cuando no te gusta o te parece errónea una opinión, la repliques con la inteligencia que no te falta.Salvo que te hagan feliz las colleras.

Publicado por: JOTABE POQUELIN
20.09.10

No soy del medio, pero soy una espectadora a quien le gusta muchísimo el teatro desde que era apenas una niña. He visto La puerta en el cielo, como todas las demás que en este momento están en cartelera. Esta obra me gustó mucho y me ha parecido muy buena su apreciación sobre ella, porque describe claramente al protagonista y sus intentos de reconciliación consigo mismo y con su pasado, sobre todo con la etapa específica de su vida en que se planteó dar un giro al destino que estaba trazado para él, por sus padres y por el entorno en el que se movía.
A mi modo de ver, la obra resulta aún más interesante por la polémica y las diversas opiniones encontradas que suscita. No hace falta más que ver la entrada sobre esa obra en el blog de Alonso Alegría para constatarlo. Ya es un logro despertar reflexiones y pasiones en el público espectador.
Sin embargo, en ese blog y en éste hay algunos comentaristas que ponen por delante de su opinión la referencia a las famosas "colleras" en el teatro peruano, sembrando una sensación en los que no somos del medio de que existen bandos que se odian, una especie de buenos versus malos.
Sinceramente, me gustaría que dejaran de hablar para sí mismos y dijeran claramente cuáles son las colleras y por qué éstas impiden el desarrollo de este maravilloso arte en este país. ¿Qué es lo que está detrás de todo este pleito de bandos? ¿Por qué la existencia de estas colleras se presenta como una especie de obstáculo u obstrucción?
Ya que parece ser tan importante esta enemistad entre “colleras”, ¿por qué no se atreve alguien a hablar abiertamente de este asunto y así los que gustamos de ver teatro llegamos a entender por fin cuáles son los pleitos al “interior de la cocina” que supuestamente tanto “interfieren”? ¿Es que los que “hacen teatro” por tal razón ya no disfrutan tanto de él como nosotros, los que nos sentamos en las butacas?
¿Qué son y en qué consisten las “colleras” que son, para algunos, más importantes que el teatro mismo? ¿Cuándo empezó esta historia de pandillas? ¿Será bueno continuar con la misma cantaleta de atacar sin dar nombres (como hace Jotabe Poquelin acerca de un o una dramaturga) y hablar para que sólo entiendan los que están sobre las tablas o detrás del telón?
César, ¿usted podría explicarnos a los que estamos fuera de este pleito qué es lo que está sucediendo "adentro" y que nos cuentan de a poquitos y de manera tan intrigante?

Francis, no puedo explicar lo que otros dicen. Mi opinión: en toda actividad hay colleras, pero también siempre hay alguien que llama colleras a los grupos que no lo incluyen, o no hacen lo que él quiere, o simplemente no lo lo oyen. Mi collera no es la de Santistevan -a quien no he visto más de tres veces en el último año- pero mi intención con este blog no es separar con mis comentarios sino estimular al espectador a ver más teatro, a aceptar lo diferente y a crear por encima de toda división. Es todo. Gracias.

Publicado por: francis g.
21.09.10

Hola Francis G: la gente de teatro les debe la vida a los espectadores porque sin ellos el teatro desaparecería. Es excelente pues que seas espectadora y seguro estoy de que si se pidiera un aplauso para ti, todos los actores, autores y directores y hasta los críticos renegones o renegonas te aplaudirían sin reservas.
Pasando a otra cosa, te pido por favor que no califiques de “ataque” una opinión que cree, quizás equivocándose, ser objetiva. No hay propiamente ataque en decir de “un o una dramaturga” lo que has considerado como tal (si se dijera el nombre de la persona en cuestión, quizás eso daría mayor margen a creer en un “ataque” pero ni así me parece). ¿Por qué, por ejemplo, no mirar esa opinión como el deseo subterráneo de que “el o la” escriba algo de gran valor?. Personalmente pienso que si hubiera habido una real intención de “ataque” en lo que dije, yo quedaría muy mal parado: sería simplemente un envidioso.

Publicado por: JOTABE POQUELIN

ACERCA DEL AUTOR

César De María

Soy escritor de teatro y creativo publicitario. Además hago fotografía y tengo tres hijas por las cuales dejaría todo lo demás. El teatro me fascina porque la gente me fascina, todos nosotros, fingiendo, exhibiendo, emocionándonos y compartiendo los mismos momentos con quien nos tocó en la butaca de al lado, sea tu novia o un desconocido. Este blog trata del teatro de la vida, de comunicación humana, de las muchas emociones que convierten nuestro mundo, grande o pequeño, en un escenario. Si quieres saber más de mi trabajo -y de todos nuestros autores teatrales- entra a la página de los dramaturgos del Perú