
Cuando abrí este blog hace poco más de un año, había una especial preocupación ( para algunos era parte de una moda) por los temas medioambientales y de conservación. Todos hablaban del cambio climático, del efecto invernadero, del deshielo de los polos, de Al Gore y su ambicioso Live Earth y de muchas cosas más que tenían que ver directamente con el calentamiento global. El que menos estaba preocupado por lo que es uno de los mayores problemas que afronta nuestro planeta por culpa de nuestras propias acciones. Hoy, casi 365 días después, algunas cosas han cambiado, aunque en líneas generales todo parece seguir igual (o peor). A propósito del Día Mundial de la Tierra que se celebra este 22 de abril, se me ocurrió repasar algunas iniciativas importantes que nacieron en los últimos meses y además hacer un pequeño y sencillo ejercicio de introspección para ver qué tanto hemos colaborado nosotros para frenar el deterioro de nuestra gran casa.

Para nadie es un secreto que en el país nos preocupamos poco o nada por incentivar y difundir el tema de la conservación medioambiental, sin embargo, creo que lentamente las cosas están empezando a cambiar. Y no lo digo solo por la gran idea de reciclaje de desechos planteada en Arequipa que fue motivo de un post anterior ni tampoco por las todavía tibias intenciones de pequeños grupos de gente que en silencio y sin muchos recursos intentan hacer algo para proteger el medio ambiente. Lo digo por un nuevo proyecto que me parece alucinante, ya que no solo se dedicará a proteger los recursos naturales de una parte de la selva peruana sino que –y esto es lo más interesante- es un proyecto llevado a cabo exclusivamente por niños y jóvenes de la etnia Yine, integrantes de la comunidad nativa Miaria, ubicada en el bajo Urubamba, en Cusco.

Debo confesar que la noticia de que en Arequipa se ha iniciado una campaña de recolección de basura reciclable en el centro histórico de la ciudad me sorprendió gratamente. Y es que más allá de uno que otro caso aislado de asociaciones civiles o algunas empresas, nuestro país no se destaca precisamente por tener una cultura de reciclaje. Es por eso que labores como la que realizarán más de 100 personas de la Ciudad Blanca para buscar material que pueda ser reutilizado en la elaboración de otros productos, marca una pauta que debería servir como ejemplo y alentar a los habitantes de otras ciudades a desarrollar programas parecidos.