He regresado de Pisco hace unos días, lugar al que viajé la semana pasada junto a un equipo del Diario para preparar un especial sobre la situación de las ciudades que fueron afectadas por el terremoto del 15 de agosto del 2007. No había estado en la zona desde antes que ocurriera ese desastre; apenas había pasado por la carretera un par de veces, y siempre había sentido la angustia propia de alguien que observa cómo un sitio que le es tan familiar ha quedado reducido prácticamente a escombros, desapareciendo recuerdos, personas y buenos momentos.
Lamentablemente, en mi regreso a Pisco pude ver que las cosas no han mejorado mucho. Las obras avanzan a paso lento y mucha gente todavía no tiene las condiciones mínimas para vivir. Pero bueno, de eso no quiero hablarles. Supongo que ya lo han visto en las noticias y supongo también que no quieren leer sobre malas noticias, así que les contaré cómo encontré Paracas.
Si hay un sitio que recuerdo con cariño, ese es Paracas. Si la memoria no me falla, ese fue el lugar que escogieron mis padres para hacer nuestro primer viaje familiar. Nos quedamos varios días recorriendo la Reserva, visitamos las islas Ballestas, bajamos por un largo camino de arena hasta legar al interior de lo que algún día fue esa construcción natural de piedra conocida como La Catedral, en fin, hicimos mil y un cosas que marcaron mi niñez.
Cuando hace seis meses vi que la zona quedó prácticamente destruida por el terremoto y el maretazo, pensé que le tomaría un tiempo medianamente largo para recuperar su atractivo y sobre todo, para ser nuevamente un destino atractivo para los turistas. Por suerte, acabo de comprobar que me equivoqué: Paracas está tan bonito como siempre. Es cierto, ya no funciona su emblemático hotel, pero su malecón luce nuevamente lleno de gente (lugareños, limeños y extranjeros), sus playas han vuelto a tener la paz de antes, el embarcadero de El Chaco es nuevamente el motor de la pesca artesanal y de la actividad turística (desde ahí salen los botes para visitar las Ballestas) y la Reserva va viendo cómo lentamente vuelve a ser atractiva para los visitantes. Poco a poco, Paracas se está levantando, el turismo retomará su flujo normal y todos tendremos nuevas historias qué contar. Porque después de todo, ¿quién no tiene recuerdos de Paracas?
2 Comentarios
No es extraño...Se ha tomado de un modo muy irresponsable la reconstrucción,al final es un proceso lento y penoso que se ha quedado en palabras...
Hermosas palabras, Joaquín, y gracias por ellas. Creo que casi todos tenemos recuerdos de Paracas, y siempre son gratos. Yo recuerdo caminatas por Atenas, recorrer el museo de sitio, saltar al mar desde el muelle, y obviamente las islas. Espero que efectivamente se reconstruya rápido, y no sé por qué tu blog esta vez me ha dejado un tufillo de esperanza... ¿será acaso una señal de que el país entero puede "reconstruirse" si la gente se lo propone? No tardaré en darme una vuelta nuevamente por la penísnsula. Gracias.
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