
Foto: Ernesto Arias
Hace ya algunos meses, en el post “Peleando por el bosque”, les comenté sobre la lucha de cinco años que viene llevando a cabo el Comité de Gestión del Santuario Histórico Bosque de Pómac -SHBP para conseguir que las autoridades judiciales determinen el desalojo de alrededor de 200 personas asentadas de manera ilegal en esta ?rea Natural Protegida, las cuales se dedican principalmente a la tala ilegal de algarrobos para, principalmente, abastecer de carbón a una buena cantidad de restaurantes y pollerías de Lima, Trujillo y Chiclayo, afectando no solo al medio ambiente sino también ocasionando graves daños a importantes complejos arqueológicos de las antigua cultura Sicán o Lambayeque.

Foto: Kike Cuneo
El informe presentado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en medio de la XIII Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático revela una realidad más que preocupante: de continuar con el ritmo de deforestación exhibido en los últimos años en la cuenca del Amazonas, en el 2030, la selva amazónica (el mayor pulmón del planeta a través de la absorción de dióxido de carbono y la emisión de oxígeno) podría sufrir graves daños en el 60% de su territorio e incluso – en el peor de los escenarios- llegar a desaparecer.
Según el informe de la WWF, la deforestación en la Amazonía (donde se encuentra más de la mitad de la selva a nivel mundial) produciría entre 55.500 y 96.900 millones de toneladas de dióxido de carbono. Esta segunda cifra –sorpréndanse- es igual a la cantidad de gases de efecto invernadero que se emiten en todo el mundo en veinticuatro meses.