
Antes de empezar con el post, quiero disculparme por no haber escrito la semana pasada ni haber contestado todos sus comentarios, los que agradezco infinitamente. Por motivos de salud estuve con descanso médico y, como comprenderán, la tarea me fue imposible.
Ahora sí, “de adentro hacia afuera”… Se estarán preguntando a qué me refiero. Pues a la famosa, sensual (a veces no tanto) ropa interior.
¿Que cuál es la relación del título del post con la ropa interior? Bueno, siempre he sido de las que piensan que antes de vestir ropa de súper marcas o ver qué nos queda bien y qué no, nos tenemos que preocupar en tener buena ropa interior, ya que eso es lo que más está pegado a nuestro cuerpo, y sobre todo, a nuestras “zonas delicadas”.
Se me han venido a la mente varias preguntas que yo y/o mis amigos (hombres y mujeres) nos hemos hecho sobre el tema: ¿Cuál es la mejor calidad? ¿Qué es lo más asentador? ¿Qué material es mejor? Etcétera.

Comienzo con este título porque hoy en día -la verdad, no sé si esto pasaba también tiempo atrás, pero me lo imagino- ¡ir a un matrimonio es una tortura! Y últimamente estoy yendo a matrimonios en cantidades industriales ya que la mayoría de mis amigos está, supuestamente, en “edad para casarse”.
Digo que es una tortura porque no sé si se habrán escuchado decir, sobre a todo a las mujeres, frases como: “Y ahora, ¿qué me pongo?”, “¡No me puedo poner el mismo vestido que use el matri pasado!”, “Es un matri de día y ¡no tengo vestido para eso!”, etcétera.

Sabemos que hoy en día -y desde hace ya algunas décadas- las zapatillas ya no se usan solo para hacer deporte.
Me costó escribir esto de “par de décadas” ya que, haciendo memoria, regresé a mi niñez casi adolescencia (o sea, hace un par de décadas… ¡qué vieja estoy!) cuando se pusieron muy de moda las famosas “Keds”, “Balloons” o las Reebook con pega pega , las que usábamos un poco más y hasta para dormir.