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14 Abr 2009

Versus: A favor y en contra del Sanguchón

UN DILEMA AL QUE NOS ENFRENTAMOS A SEGUIDO: ¿ME LO COMO O NO?

Por: César Becerra / María Victoria Vásquez

La Carne es Débil

César Becerra

 

g060409sic1.jpgMi fuerza de voluntad en términos gastronómicos es casi nula. Eso explica la facilidad con la que sucumbo ante la derrochadora yuxtaposición de carne molida frita, crocantes lonjas de tocino, grasientas papas al hilo y coloridas salsas dentro de un pan. El sanguchón — brutal evolución del sándwich popularizado por el conde Montagu en el siglo XVIII— anula mi intento de llevar un régimen alimenticio saludable.

No me quejo.

Eso sí, la generosidad del sanguchón debería ser auscultada con detenimiento. Representa, por un lado, la soberbia alimenticia que busca complacer al voraz cliente que demanda una comida “bien servida”.

Por el otro lado es también un puntapié al organismo. O sea, si mi dieta estuviera compuesta por vegetales, frutas y agua, en vez del sanguchón mi cuerpo no se deterioraría con el silencioso y apurado compás que angustia a mi madre y aleja a la chica que me gusta.

 

 

Sin embargo, me encanta el sanguchón. ¿Por qué? Porque es rico, caramba. Si me dan a escoger entre una hamburguesa de McDonald’s y un sanguchón, me quedo con este último. No es nacionalismo, aclaro. Este idilio culinario se basa en un combo argumentativo elemental: el sanguchón es bueno, rico y barato. Por unos cuantos soles, te llena el estómago de modo superlativo. Lo malo es que también te llena las manos con grasa, la boca con salsa tártara y el alma de culpa. Sabes que el mismo dinero que destinas para un sanguchón bien podría servir para comprar un par de manzanas frescas y una botella de agua mineral. Es como el cigarro en el fumador: la nicotina lo destruye, pero igual sigue comprando cigarrillos.

Pienso comer sanguchón hasta que la ciencia médica me lo impida o, simplemente, me aburra. Mientras tanto, “bon appétit”.

***

Gente Saturada

María Victoria Vásquez

 

g060409sic2.jpgNo voy en contra del sanguchón por su naturaleza, sino por su demanda. Ustedes mismos provocan slogans como “Nadie puede resistirse al sabor de un sándwich” y que de ocho variedades de sándwiches que existían en una tienda hoy proliferen más de 350 combinaciones.

Incluso después de haber maltratado ya lo suficiente el hígado, con grandes cantidades de alcohol, se empujan un sanguchón. En medio de la resaca, se atragantan de carne, chorizo, jamón, papas al hilo, queso, tocino y huevo, con mayonesa, kétchup, salsa tártara y ají. ¿Cómo es que apartan de su conciencia hasta la más vaga noción de una simple buena comida? En estado primitivo se ponen a deglutir grasas saturadas recalentadas, dejando claro que las gringas BigMac de “Super size me” quedan chicas ante los poco saludables sanguchones peruanos.

Lo peor de todo es que no comen como cerdos, con las cremas chorreando entre los dientes y los labios, porque estén hambrientos. Lo hacen por ansias. Son ustedes los que han sido cazados vilmente, una vez más, por el local de la esquina. Y luego piden una gaseosa helada. ¡Qué tal patada al hígado y al estómago!

En fin, sí voy en contra del sanguchón en sí mismo cuando hace mofa de la ensalada que coloca entre el pan y la carne, y desaparece entre monstruosas cantidades de grasa. No me digan que la mayoría de los que comen sanguchón son precisamente deportistas. Son demasiadas cosas malas juntas para personas con un estilo de vida sedentario, con una dieta que poca gracia le hace a las verduras. Demasiado para intentar bajar la comida caminando. Ya basta. Es hora de saber combinar las comidas.

 

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2 Comentarios

acá en Chile es popular el “sánguche de potito” que no es otra cosa que un pan preparado con las jugosas carnes del tambembe de la vaca, yo lo he probado y es rico, aunque al final te hueles las manos y da como la sensación de que te estuviste rascando el poto, jaja. Se vende en la calle y el olor es -como imaginarán- inconfundible. Bueno y eso es el poto y por eso una chica es potoncita (que tierno suena).

Publicado por: Anonymous | 14 Abr del 2009

ya sabía que tu también eras uno de esos héroes anónimos que sucumbe a los vicios gastronómicos de nuestros tiempos, posees el estigma.

Publicado por: noelia | 15 Abr del 2009

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