19
Feb
2009
Espérame en Huaringas
Jóvenes de entre 20 y 35 años sazonan la noche en este concurrido bar, un punto obligado para empezar la fiesta
Por: Alfredo Espinoza Flores
Su nombre suena a huarique y ese simple hecho ya te invita a su descubrimiento. Ir a Huaringas es como estar en un céntrico local que te acoge con la misma calidez de casa.
Calentando motores
A las 10 p.m. la juerga aún no empieza, pero ya todos están apuntados. Los cupos son limitados, por eso varios reservan su entrada con anticipación. Desde afuera, en el óvalo Bolognesi (Bolognesi 460, Miraflores), la cola ya es evidente. “A partir de las 10 p.m. hasta la 1 a.m. el local está lleno. Y no solo los fines de semana, hasta los martes sucede esto”, cuenta Carolina Billo, encargada del área de prensa y márketing del bar Huaringas.
El secreto es uno: la gente va y viene. Es como un puente de nuestra casa (o la chamba) hasta la discoteca. Pero no cualquier puente: es un camino casi imprescindible. No es que estés obligado a ir, pero sí tienes una consigna: ahí los previos mandan, y no fallan. Como en casa
Es como si subiéramos a nuestra casita de árbol. Vamos trepando de ambiente en ambiente (cuatro en total) y todos resultan igual de acogedores. La distribución interior de estos ambientes, que obligan a la gente a separarse en pequeños grupos, los techos y las mesitas chatas de madera, las velas que iluminan tímidamente a cada grupo de jóvenes, el estilo rústico del diseño (inclusive autóctono, hasta en el baño), todo va sumando. El resultado: un ambiente ideal para ir con tu grupo de amigos y empezar una noche relajada y divertida.
De pronto pasan las doce, ya es el día siguiente, y la gente sigue entrando. ¿Qué otro secreto esconde este local? La música. Chill out es lo más común, según sus asiduos asistentes. Es que este lugar te hace sentir como en casa.
Y todo se corona con ese balconcito entre el tercer y el último ambiente, desde el cual puedes apreciar el óvalo y sus grandes árboles, tan verdes y no tan bien iluminados. El aire fresco y la brisa marina que llegan desde un par de cuadras más allá, donde está el malecón, crean el clima perfecto para degustar unos tragos y, por supuesto, el rico pisco peruano, lo más pedido en el bar.
Y así, bien “sazonados”, seguimos recorriendo Miraflores o nos damos una vuelta por Barranco. Total, la juerga ya ha empezado.











Que buen artículo, me hizo recordar a Gastón solo faltó el "UMMMMMMM...", hay que visitar el huarique.
Publicado por: Antonio Manzanal | 19 Feb del 2009
En nuestras altas lagunas de las Huaringas de Huancabamba, sabios maestros de nuestra ancestral medicina tradicional incaica utilizan productos de la madre naturaleza silvestre de nuestros energéticos páramos y bosques de neblina para realizar sus fantásticas curaciones. Este supremo accionar da lugar a un turismo de la salud y esotérico que ocupa a cientos de personas de Huancabamba y anexos.
Publicado por: Anonymous | 19 Feb del 2009
Lo maximo huaringas ... buenos recuerdos.
Publicado por: kathy | 24 Feb del 2009