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22 Ene 2009

Vida después del virus

Nuestra generación no conoce el mundo sin el VIH

Williams trabaja en la ONG Vía Libre. Es seropositivo. Orienta y ayuda a jóvenes sobre los riesgos de una sexualidad irresponsable. Esta es su historia


Por Fernando González-Olaechea

220109sida WEB.jpgCuatro días antes de mi cumpleaños me dijeron que tenía VIH. Me enteré de casualidad. Yo tenía un amigo que llevaba jóvenes a la posta de Chorrillos, la que está en la avenida Huaylas, para que se hicieran la prueba de Elisa. Ese era su trabajo: conseguir cierta cantidad de muchachos al día. Un día me pidió que fuera, acepté hacerlo como un favor. Fui y tomé la prueba. Regresé a la semana, pero no porque me preocupara el resultado. Yo estaba seguro de que no tenía nada. "El sida les da a los que se acuestan con prostitutas u homosexuales", pensaba. Recién iba a cumplir 19 años.

Entré al local. Pedí mi resultado y me senté en la sala de espera. Luego de unos minutos una señorita se asomó. "¿Viene a recoger sus resultados?", me preguntó. Respondí que sí y me dijo que esperara un rato. Luego de media hora salió otra señorita y me preguntó: "¿Es usted el de los resultados?". Le contesté que sí. Le pedí que se apuraran, que ya tenía media hora ahí. La espera me estaba preocupando. El lugar tenía cubículos de madera y a través de las delgadas separaciones entre un ambiente y otro escuchaba los murmullos. "Qué le vamos a decir ahora", "no está el consejero", escuché que le decía una de las señoritas a otra, detrás de una puerta. En ese momento ya sabía que algo estaba mal.

A la hora de haber llegado, me llamaron. Entré a uno de los cubículos, me senté y una señora me dijo que no tenía ninguna ITS (infección de transmisión sexual), pero que --vio la hoja con los resultados de los análisis e hizo una pausa-- había salido positivo en VIH. La noticia fue seca, sin drama, calmada. En ese momento me quedé en blanco. No recuerdo nada claramente. Recuerdo que tenía a esta señora delante de mí y que movía la boca, pero no escuchaba nada. Me vi dentro de un ataúd y vi la cara de mi madre, mirándome, hacia abajo, decepcionada. "Te fallé mamá", pensé, y la señora seguía moviendo la boca frente a mí y yo sin escuchar nada.

Ahora recuerdo haberle dicho dos cosas: si había un lugar donde podía escapar a morir tranquilo, solo, y que no quería que mi familia se enterase de mi diagnóstico jamás. Ella intentó calmarme, me dio la dirección de algunos lugares donde podía ir a informarme y a hablar con otras personas. Al salir de ahí empecé a llorar. Lloraba tanto que no podía caminar, no podía ver y me senté en la misma sala de espera. Se me acercó un hombre, Lito, y comenzó a hablarme. "Yo también tengo VIH hace años", me dijo. Salimos y fuimos a la playa a conversar. Fue la primera consejería que tuve. Hablamos por horas. Era un perfecto día de verano y yo me enteraba de que tenía VIH. Horas después estaba en el puente Villena, pensando si debería saltar al camino empedrado tantos metros allá abajo o no. No es que haya pensado mucho en el suicidio por aquella época, pero estaba devastado. No lo veía como una salida, simplemente lo pensé.

El VIH te da en cualquier momento. Yo no percibía ese riesgo. Ahora me protejo y protejo a mi pareja. Con ella ya tenemos cuatro años juntos y convivimos. Ella también es seropositiva y me entiende. Aunque tengo VIH, he mantenido relaciones con personas que no lo tenían: algunas lo entendían, algunas no. Pero tener VIH no significa que debas estar únicamente con otra persona con VIH. Es más fácil, porque te entiende, pero eso no garantiza que la relación dure. Al final las cosas funcionan o no, más allá de tener el virus.

¿Sabes? Cuando estaba en cuarto de media hubo un concurso de oratoria en mi colegio y quedé en segundo puesto. ¿Sabes cuál fue mi tema? El VIH. Ahora, después de tanto tiempo, sigo hablando sobre eso.

Ahora tengo 31 años. Nunca supe quién me contagió. Yo me inicié sexualmente a los 16 años y me cuidaba poco. Usaba condón solo si la chica me lo proponía y siempre para prevenir un embarazo, no para cuidarme de alguna enfermedad, eso me parecía, como dije, de homosexuales o prostitutas. Pero mi vida ahora tiene sentido. Me hice más útil. Trabajo ayudando a la gente, informando a los jóvenes sobre los peligros de las enfermedades sexuales, y puedo ayudar a otras personas con VIH, como me ayudaron a mí. Por curioso que parezca, a partir de mi diagnóstico positivo aprendí a vivir.
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4 Comentarios

Un testimonio valiente, sigue con ese animo y que Dios te de muchos años de vida.

Una vez me hice la prueba, vaya tension que pase, gracias a Dios todo salio bien, sano, asi que queda cuidarse mucho y ser feliz.

Publicado por: Daniel | 22 Ene del 2009

Fue en 1982 cuando mis amigos empezaron a morir. Ann Craig fue la primera en irse. Los dos nos metíamos drogas juntos después de nuestras sesiones de jazz en un pub en el East Village. Vestida de negro, y más flaca que una jeringa, Ann había sobrevivido durante años a base de heroína y milkshakes. Una noche, en una actuación, puso en fuga a los espectadores porque se le cayeron todos los dientes de la boca..
Cuando se enfermó el sida aún no se había inventado; los médicos creían que Ann había inhalado algún virus exótico cuando estuvo en el África como estudiante graduada. Vendió algunos libros en Union Square, se inyectó heroína por última vez, y volvió a Connecticut para morir.

Empecé a ver gente con lesiones de sarcoma haciendo cola para comprar cocaína. El sida golpeó a Nueva York como un policía vengador, y no pasó mucho tiempo sin que empezara a circular el rumor de que no había que compartir agujas hipodérmicas. Sin embargo, para muchos de nosotros era demasiado tarde; al menos eso fue lo que nos dijeron.
A Diane Hunt, con quien compartía el departamento, le dijeron que era HIV positiva y se fue a vivir con su amante, la compositora experimental Julie Akerlud; yo me mudé a un edificio abandonado. Vivir en un edificio que se viene abajo, y encima sin calefacción no es fácil, sobre todo en pleno invierno, cuando me tenía que poner cinco capas de ropa para ir a la cama, todas ellas manchadas de sangre a la altura del codo.
Volví arrastrándome a mi hogar paterno, en Cleveland, con la cola entre las patas. Mandé al diablo la cocaína y todas esas mierdas, comí bien y renové mi autoestima. Diane empeoraba. Por teléfono, se quejaba de las drogas que le daban los médicos, infinitas píldoras para todo menos para el dolor ( eran tacaños con los narcóticos). Julie le llevaba marihuana de contrabando al hospital y, cuando Diane murió, juró por Dios que la había matado el AZT.

Ya sola, Julie siguió como pudo durante un tiempo, luego perdió toda esperanza, se hizo el teste de HIV, tragó su AZT, y entregó su alma a Dios. Yo también me hice el test y cuando el doctor me dijo, con la solemnidad de un empresario de pompas fúnebres, que era portador del “virus del sida”, me preparé para encontrarme con mis amigos en el cielo.

Seis años después, ya no creo en los profetas de la muerte. Aunque nunca tuve sida, me considero curado, y no tuve que gastar ni un centavo. Proyecto vivir el máximo del promedio de vida de un ser humano, o morir de alguna otra cosa, como por ejemplo cáncer del pulmón.

Se me consideraba tan en riesgo como podía estarlo un bisexual, ex adicto, que compartía agujas hipodérmicas en el centro de la epidemia. Entonces tenía hepatitis, pero ahora soy de las personas más saludables que conozco. Es muy raro que me resfríe, tengo mucha energía y me veo diez años más joven de lo que soy.

Pero no me envidien. He estado en el infierno y he salido de él. Me libré de las adicciones que me habrían matado, ganándome la salud a pesar de la adversidad, y a pesar de la misma gente que debía habérmela conservado: los médicos.

No soy ningún ángel, ni un fanático de la salud. Fumo, bebo de vez en cuando, y me mantengo activo sexualmente. No sigo ninguna dieta especial ni tratamientos alternativos. Tengo buena salud porque asumí la responsabilidad por mi propia vida y, armado de una información que no era fácil de obtener me despedí de mi médico.

Publicado por: Anonymous | 22 Ene del 2009

Esta historia te hace pensar acerca del sida y acerca de la vida...y hay que cuidarse de una enfermedad tan horrible

Publicado por: miguel | 22 Ene del 2009

Fernando González-Olaechea, me gustaria tener contacto contigo,no se yo pase por algo parecido y creo que lo tengo por las razones pues que luego te explicaria, tengo gente que quiero mucho que tiene eso y creeme es muy triste ver a esas personas no poder sobreponerse y siempre estaba ahi apoyandolos en todo, pero ahora no se que hacer conmigo.

Publicado por: Martin | 28 May del 2009

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