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29 Ene 2009

Buenos muchachos

Jóvenes criminales ¿asunto -solo- de patología?

Por Alberto Pacheco


El 20 de abril se cumplen diez años de la matanza en la Secundaria Columbine, en Colorado (EE.UU.). El hecho dejó el precedente de una modalidad de crimen escalofriante. Dos jóvenes, Eric Harris (18) y Dylan Klebold (17), entraron al lugar armados de escopetas y bombas caseras. Antes de suicidarse, mataron a 12 alumnos y a un profesor.

A lo largo de esta década, ha ocurrido una serie de hechos similares. Y se ha buscado razones por las cuales estos 'buenos muchachos' --jóvenes con vidas aparentemente normales-- de pronto se convirtieron en asesinos.

Incluso en el Perú ha habido casos de chicos convertidos en violentos homicidas. El 5 de marzo del 2005, Giuliana Llamoja (18) asesinó a su madre de varios cuchillazos; mientras que el 7 de julio del 2001, Juan Clímaco Basombrío (19) ganó el infame sobrenombre de el 'Asesino del Martillo' al matar a Alexandra Brenes (16).

Cómplices y monstruos

Por lo general, la primera reacción frente a estos hechos es buscar algo 'anormal' en sus protagonistas. Así, especialistas diagnostican las patologías que muchas veces se presentan en los agresores.

Para Julio Hevia, psicoanalista y catedrático de la Universidad de Lima, "el problema no está --como mucha gente cree y quiere-- en unos cuantos entes desviados que se precisa enderezar o aniquilar, sino en criterios y valores de los que somos cómplices inconscientes".

Por otro lado, el doctor Víctor Híjar, director ejecutivo de la Dirección de Salud Colectiva del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi, afirma que "los chicos que cometen estos crímenes, aunque son aparentemente normales, tienen problemas internos o hay de por medio un factor de personalidad anormal."

El sociólogo Sandro Ventura sostiene un punto medio: "Hay una dimensión psicológica en todo esto, pero también hay un factor cultural o social".

Muchas veces se presenta el consumo mediático de contenido violento de estos jóvenes (juegos, películas, Internet, música, etcétera; y que, seamos sinceros, bien podría ser igual al tuyo o al mío) como el origen de sus actos. Sin embargo, esta explicación (que a veces contribuye a ver monstruos donde solo hay perturbados) no alcanza para desentrañar lo complejo del tema.

Así, Hevia dice: "Quizá debamos preguntarnos de cuántas maneras se prolonga y domestica la violencia en nuestra cotidianidad". Él sostiene que, si antes la violencia suponía el quiebre de la comunicación, la ruptura de las normas o la vejación del cuerpo, ahora la violencia es, además, imaginaria. "La violencia es espectacular y espectacularizada, se instala en todos los circuitos y genera expectativa si se anuncia, divierte y hasta cuando se denuncia", afirma.


Vale recordar cómo en setiembre del 2008, el finlandés Maati Juhani Saari (22) colgó videos en Youtube en los que hablaba de la matanza que cometió días después, en un verdadero alarde de esa espectacularización. De igual modo, el caso de Cho Seung Hui (23), que asesinó a 32 personas en la Universidad Tecnológica de Virginia en abril del 2007, y envió fotos, un mensaje y un DVD a la NBC.

Ventura señala: "Las noticias que ponen a estos personajes como antihéroes estimulan un espíritu de trascendencia. Ya que nunca voy a ser un héroe, porque soy marginal o me siento menos, entonces me convierto en antihéroe e igual trasciendo".

Nuestra generación ha visto la violencia a través de las pantallas. Hemos consumido imágenes y discursos sobre la violencia. Desde esta perspectiva, quizá lo ocurrido el pasado viernes 23, en Bélgica (cuando Kim de Gelder, de 20 años --un chico "retraído, pero buena gente", según sus ex compañeros-- apuñaló a diez bebes en una guardería), no encontraría explicaciones solo en las anomalías que él pudiera presentar.

Víctor Híjar afirma, por ejemplo, que hay una serie de factores psicosociales que corresponden al entorno y también sirven para explicar estas manifestaciones.

Ventura, en cambio, cree que "se podría decir que consumir violencia te permite sublimarla y ser menos violento, porque botas todo. Pero también está el consumo de violencia como modelo".

Hevia, finalmente, a modo de conclusión, precisa que en la construcción del discurso violento, implicados de distintos modos, están sus protagonistas, pero también los televidentes, los productores y los guionistas. "Y también están, saneados por la distancia y la sabiduría, los especialistas e intelectuales de la violencia".
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¿Por qué se vuelven violentos algunos niños?

Disparos recientes en patios escolares en Estados Unidos y décadas de evidencia, demuestran que la actitud de un niño hacia los animales puede predecir su comportamiento futuro. Según reportajes publicados en cada uno de los disparos escolares, un signo de advertencia apareció consistentemente: Todos los jóvenes asesinos abusaron o mataron animales antes de atacar a sus compañeros de clase.

Según el FBI, la Asociación Americana de Psiquiatría, oficiales de policías y organizaciones en beneficio de los niños, las personas que hieren animales pueden eventualmente dirigir su violencia hacia los humanos.

La Asociación Americana de Psiquiatría indica que la crueldad hacia los animales es considerada como uno de los tres síntomas que predicen el desarrollo del desorden de la conducta.

Los expertos están de acuerdo en que las personas jóvenes que hieren y matan a los animales (con impunidad) nunca aprenden a identificarse con el sufrimiento de otros. Sin este sentimiento, es fácil ver a los animales y a personas como máquinas sin sentimientos.

Cuando estos niños hieren a alguien, no registran que está mal y no pueden sentir la agonía que han causado. El enseñar bondad y el respeto hacia los animales es el primer paso para enseñarles a los niños a identificarse con los sentimientos de otros.

¿Cómo enseñarles a identificarse con otros seres vivientes?

Los niños se identifican naturalmente con los animales. Ya que los animales son seres vivientes igual que nosotros, podemos usar nuestras interacciones con los animales para enseñarles a los niños cómo comportarse hacia otras personas. Para enseñarles a valorarse los unos a los otros, debemos incorporar los conceptos simples de la bondad y el respeto en nuestra vida diaria. También debemos enseñarles a nuestros niños a respetar y proteger al más pequeño y al más desagradable entre nosotros.

Enseñando bondad a través del ejemplo

Enseñe la compasión la compasión y la habilidad de identificarse con otros seres vivientes al:

- Escucharse a sí mismo de nuevas maneras: No grite diciendo “cállate”, “perro estúpido” u otras frases hirientes.

- Nunca golpee a un animal.

- Enseñe que usted valora la vida de los animales. Sea paciente con sus mascotas, asegúrese de que tengan identificación, esterilícelos para evitar cachorros indeseados, déles suficiente agua limpia y llévelos al veterinario regularmente.

- Incluya a sus mascotas en su vida. Permita que su perro conviva con la familia dentro de la casa. Pase tiempo con su mascota diariamente, péinelos, juegue con ellos, llévelos a caminar.

Si nota que su niño deliberadamente hiere o mata a un animal, no deje que pase sin ser corregido. Aunque el acto parezca inocente, aislado o un caso de “exploración”, tome el tiempo necesario para hablarle a su niño y explicarle por qué ese acto no debe suceder nuevamente. Los niños que repetidamente hieren a los animales necesitan la consejería de un profesional de la salud mental. Este comportamiento puede ser una señal de un niño incrementalmente violento.

Publicado por: Anonymous | 30 Ene del 2009

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