25
Dic
2008
Hoy acuérdate de mí
Una aproximación a la historia de Mario Valencia. Entre los hábitos, túnicas y recuerdos del clásico intérprete urbano de Cristo
Por Fernando González-Olaechea
Hoy Jesús celebra la Navidad. Es lógico: es su cumpleaños. Para festejarlo irá, como siempre, a albergues de niños o a alguna chocolatada a la que lo inviten. Luego, llegará a casa para ver a María, su madre, y a sus hermanos e hijos. Esta es, sin duda, una de sus fechas favoritas.
Días antes de la Navidad, tuvo una mala experiencia. Jesús estaba en su carro descansando y otro vehículo lo chocó por detrás. Cuando se levantó, ya estaba en el hospital. El médico le sacó unas radiografías y le indicó que también se sacara una tomografía. Horas después, Jesús llegó a casa de su madre en Comas, se bañó y salió de nuevo, con lentes de sol y el cabello mojado sobre los hombros.
--Hermano, disculpa, tuve un problema, nos dice como saludo y excusa.
Luego, un vecino lo ve y no duda en pasarle la voz.
--Jesús, hermano, no te olvides de los pecadores, vocifera sonriente, vaso en mano, desde la cochera de su casa.
--No te preocupes. Dios te bendiga hermano, responde Jesús.
Una hora más tarde estamos con Jesús en el Jirón de la Unión, donde la Navidad es sinónimo de compras, de ofertas, de efectivo y créditos. En medio de la vorágine de la gente que va y viene y no se detiene ni a verlo, él se queda contemplando el cielo, como preguntándose por qué los hombres tienen tanta prisa, como pidiendo un 'break'.
Encomendado
Por si no ha quedado claro hasta ahora, es obvio que no se está hablando aquí del Jesús bíblico, sino de Mario Valencia, el hombre que lo representa en la Pasión de Semana Santa desde que tenía 24 (es decir, hace 27 años). Desde ese entonces, Mario recorre las calles de Lima junto con la compañía de teatro Emanuel para dramatizar las últimas horas de vida del Hijo de Dios. Lo ha hecho más de una vez, hasta con fiebre, multiplicando las caídas como si fueran panes y pescados. Una vez se salvó de ahogarse en el río Rímac; todo un milagro, si consideramos que tragar el agua del Rímac equivale a beber un coctel de bacterias. A pesar de esas adversidades, él sigue haciendo la representación de la Pasión de Cristo, y lo hará hasta que pueda. Sus aventuras y desventuras ya están escritas en cientos de artículos periodísticos. ¿Qué motivó a Mario a volverse Jesús en el imaginario limeño? ¿Qué hace este entrañable --y misterioso-- personaje durante la otra gran fecha del calendario cristiano? ¿Por qué todos se acuerdan de él cuando Jesús muere, pero no cuando nace?
En estas fechas, Mario --o Jesús o Cristo cholo-- se pone emotivo. "La gente recuerda a Dios en Semana Santa y en Navidad. Se trata de dos fechas muy intensas. En una se recuerda su muerte con tristeza, y en la otra se celebra su nacimiento con felicidad".
Mario ha escogido representar aquel sufrimiento por una secreta promesa al Señor, que nunca revela del todo. A veces dice que es por un motivo, a veces asegura que es por otro. Quizá no sea ni una cosa ni la otra, sino por todas aquellas bendiciones que dice haber recibido. Quizá sea una penitencia por una vida dura que ya quedó atrás y en cuyos recuerdos prefiere no detenerse.
Mientras era fotografiado en Jirón de la Unión, la gente que pasaba a su costado, primero empujándolo con los hombros o los codos, comienza a esquivarlo. Los transeúntes van notando que se trata del hombre que sube con una cruz todos los años al Cerro San Cristóbal; o deducen que es un tipo más recurseándose por Navidad; o sospechan que es un loco disfrazado de profeta.
"Es el Cristo cholo", dice uno. "¡Jesús!", grita minutos después una persona a lo lejos y su voz se pierde en el rumor de las conversaciones y los pasos que decoran este angosto enjambre sofocante que es el jirón más famoso de Lima.
Una señora pasa y ve a Mario de rodillas, inmóvil, frente al lente de la cámara.
--¿Por qué le hacen esto a este señor?, pregunta, y no disimula su fastidio, como si estuviera delante de una situación humillante. Gran equivocación.
Para Mario esta no es ninguna humillación, ni tampoco un asunto de dinero. "Hacer esto es la satisfacción más grande que tengo en la vida", dice, y no demora en dibujar una sonrisa en ese rostro envuelto con una melena que desordena las esporádicas ráfagas de viento.
Las fotos, el sol y el tremendo choque que le metieron la noche anterior le están pasando factura a Mario. Aunque está algo cansado, es difícil no apreciar su buena disposición. Camina más pausado que de costumbre, con el ceño fruncido incluso en la sombra.
Todo acaba. Ahora Mario va a su casa. Se cambia, guarda la túnica blanca con la que personifica a Cristo y se despide con cariño. Mientras camina, le devuelve el saludo a un trabajador de la municipalidad que lo ha reconocido. "Nos vemos, Jesús", dice el trabajador, y Mario, haciéndole un gentil adiós con la mano, se aleja caminando.











Su aspecto rudo y desaliñado reflejan que la vida de Mario Valencia fue dura, pues según dice no tuvo ni infancia ni juventud felices.
Desde muy chico me fui de casa, estuve en las calles como un vagabundo. Conviví con la gente que habita la ribera del río Rímac. El infierno está aquí, asegura.
Recordó que una noche, cansado de esa vida, le pidió al Señor que lo sacara de esa situación.
A la mañana siguiente -según refiere-, vagando por una calle de La Victoria, un anciano se le acercó y lo llevó hasta una iglesia. Allí empezó a orar hasta que apareció un sacerdote.
En ese momento empezó mi conversión y mi acercamiento a Dios, y trato de no salirme del camino que él ha trazado para mí,afirma.
Como cualquier mortal, Mario disfruta de algunos placeres, como la música. Le encanta la salsa, sobre todo la de Héctor Lavoe, y dice que le gusta el estilo de bailar del doctor Luis Delgado-Aparicio.
Su afición por la música lo ha llevado a tener una banda llamada The Killer Band, donde él hace los coros. Es la banda asesina de pecados, dice entre sonrisas.
Por ser victoriano, dice que es hincha hasta los huesos de Alianza Lima. Entre sus platos favoritos está la causa rellena, la cual espera comer mañana luego de escenificar la crucifixión.
Publicado por: Anonymous | 26 Dic del 2008