Cuestión de (des) confianza
Cómo reaccionan los jóvenes ante la corupción
Ironías de la vida: Luciana León, la congresista más joven del régimen, cuyo trabajo se ha centrado en buscar que los jóvenes recuperen la confianza en la política, ve a su padre involucrado en un escándalo de corrupción que levanta casi tanto revuelo como los 'vladivideos'. Un golpe simbólico para el intento de reconstruir la confianza política de los jóvenes.
Por Katherine Subirana Abanto
Ilustración: Raúl Rodríguez
Si por la salita del SIN pasaron personalidades recibiendo dinero, por la suite de Fortunato Canaan pasaron políticos que sostuvieron largas conversaciones con el lobbista. Las 'aceitadas' y 'faenones' de Rómulo León juegan con los límites de nuestra imaginación Parece que acabáramos de descubrir que en el Perú, el tráfico de influencias y el ‘lobby’ tienen una línea de separación imperceptible. Cuando parece que conocemos o imaginamos todas formas posibles de corrupción política, aparece una nueva.
Cuando parecía que conocíamos o imaginábamos todas las formas posibles de corrupción política, aparece una nueva. No es raro pues que un 70% de jóvenes crea que el nivel de corrupción en el país es lo que le avergüenza de ser peruano (según encuesta de Ipsos Apoyo hecha en la CADE universitaria).
Política de Juventud
¿Será que a los jóvenes no se les presta mayor atención fuera de las campañas electorales? En la última campaña las estrellas fuimos nosotros: por un lado el Apra nos regaló un reggaetón, y por otro son varias las figuras jóvenes que llegaron al Congreso y que gozan de simpatía entre la juventud peruana.
Así lo señala el barómetro de octubre de la Universidad de Lima. Luciana León (pese a los 'petroaudios'), Kenji Fujimori (el único que no es congresista), Gaby Pérez del Solar y Luis Galarreta son, en ese orden, los políticos jóvenes que gozan de la simpatía de la población de entre 18 y 27 años.
Galarreta tenía 17 años cuando abrazó un sueño (el suyo) y se integró al movimiento Libertad, apoyando a Mario Vargas Llosa en su corta carrera política. El contexto en el que el hoy congresista de 37 años empezó a conocer la política de cerca no era muy distinto al de ahora. Gobernaba Alan García, había (hiper) inflación y la corrupción se llamaba también dólar MUC o tren eléctrico.
Galarreta pone cierta emoción al recordar que lo que lo impulsó a participar en política en una época crítica fue el ímpetu de cambiar las cosas más allá del discurso. Y subrayan que "para hacer cambios hay que estar dentro, donde el poder funciona".
¿Qué pasó para que las siguientes generaciones no muestren tanto ímpetu en participar políticamente? La encuesta sobre corrupción del Instituto de Opinión Pública de la PUCP, hecha en agosto de este año, muestra que los programas para incentivar la participación política de los jóvenes son el escalón final para los encuestados.
En un foro abierto en la web de El Comercio, los comentarios apuntan a que el problema ético es una cuestión de formación (como escribe José Antúnez) y a la necesidad de que la juventud asuma su histórico papel protagónico en el enfrentamiento con la corrupción. Se habla de salir de los discursos, y de hacer "seguimiento de los procesos públicos y rendición de cuentas", como señala Richard Quintanilla.
Galarreta cree que su generación ha sido de las últimas en adquirir un fuerte compromiso político, porque al pasar los años han aumentado las expresiones para que los jóvenes puedan encontrar su espacio como actores sociales: en el arte, los círculos de estudios, los deportes, etcétera.
La poca credibilidad de la que gozan las instancias políticas ante la avalancha de hechos de corrupción es otra razón por la que las nuevas generaciones se alejan de la política partidaria. Ante la avalancha de Canchayas, Sucaris, Anayas y la respuesta negativa y casi berrinchosa de muchos congresistas sobre iniciativas como las de 'Adopte un congresista', el panorama se complica.
El analista Ernesto Véliz afirmó hace poco en este diario que "la indecencia en el manejo de la cosa pública, la ausencia de coraje ético para asumir responsabilidades ante los errores malogra la imagen del país, sobre todo ante los ojos de los jóvenes".
A Véliz le dan la razón las cifras de la PUCP, donde se señala que un 46% de chicos de entre 18 y 29 años definen corrupción como "conseguir beneficios particulares aprovechando el cargo público que se ostenta"; el mismo porcentaje piensa que el Perú es igual de corrupto que hace un año. En ese sentido, voluntad política y transparencia podrían tener para nosotros mejor efecto que un simple comercial reggaetonero.
Ellos, los corruptos
La antropóloga Guisella Cánepa, en el libro "Vicios públicos", trae a tierra este problema, precisando que no es exclusivo de la esfera política, sino que nos toca directamente al, por ejemplo, pasar la luz roja, manejar ebrio, coimear al policía o comprar la cola. ¿Por qué señalar siempre a "ellos, los corruptos" y marcar distancia de lo que probablemente sucede en nuestra cotidianidad? Cánepa ensaya una respuesta interesante: por la presentación y el tratamiento informativo de los casos de corrupción, la "espectacularización de la corrupción" .
Así, la corrupción se traduce "en eventos y personas aislables, invisibilizando su historicidad y sistematicidad: no se presentan los modos en que la corrupción funciona en la vida diaria y en todos los ámbitos de la vida social".
O sea, antes de decir "jefe, le doy 5 'luquitas', pero no me ponga papeleta" habría que pensar que así vamos por el mismo camino de esos políticos a los que tanto criticamos.











---O sea, antes de decir "jefe, le doy 5 'luquitas', pero no me ponga papeleta" habría que pensar que así vamos por el mismo camino de esos políticos a los que tanto criticamos. ---
Ojo, no estoy de acuerdo con la "coima". Pero uno de los motivos por los cuales las personas se resisten a pagar las multas es que inmediatamente se piensa que se está alimentando a dos de las entidades más corruptas del Perú: La Policía y La Municipalidad.
Cuando escuchamos en las noticias nos enteramos de bandas de secuentradores que son policias (que miedo), de contrataciones de varios cientos de MILLONES de soles que están sobrevaloradas o hay alguna corruptela de por medio. No es de extrañar que uno prefiera pagar "10 solcitos" a pagar S/.150 que se van a usar para alimentar a otros corruptos. Por descarte uno prefiere alimentar al corrupto menor.
Lamentablemente la corrupción está a todos los niveles y en todos los países. Solamente que en unos es más cara que en otros. El problema que tenemos en el Perú es que esa corrupción se ha convertido en parte de nuestra escala de valores y es válida bajo ciertos pretextos: "compro software pirata por que sino no podría tener ningún programa y no voy a darle mas plata a Bill Gates". "Compro libro pirata porque sino cómo accedo a la educación si los libros cuestan más de lo que gano en meses". "Compro celular robado porque igual me lo van a robar". "Compro la luna del carro robado porque igual me la van a robar". "Pago coima por que todo el mundo lo hace".
Hoy en día en nuestro país no es una vergüenza pagar a un policía. Es un motivo de orgullo y aventura "le tuve que bajar 5 soles y un par de cigarros".
Si vemos que nuestros padres de la patria son muy ladrones, cómo vamos a esperar que nuestros jóvenes se lancen a la carrera política para convertirse en grandes ladrones. Roguemos que no lo hagan a ver si esa casta desaparece. Miren que a Luciana León no se le han lanzado al cuello por ser bonita, no por ser honesta (cosa que no sabemos realmente pero de bonita no tenemos duda).
Publicado por: Daniel | 19 Nov del 2008
La injusticia, la falta de oportunidades para los jóvenes y la corrupción que existe en todos los niveles, afecta a toda la sociedad de tal manera que es ingenuo pensar que el fenómeno de terrorismo haya sido anulado. La sociedad civil y la dirigencia política, lamentablemente, no han tomado en cuenta las recomendaciones del informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Llama la atención de que la población reaccione con una indiferencia necia, como si no fuera problema de todos.
La subversión, la violencia y sus nefastas secuelas, tienen que ser resueltas con la participación activa de toda la comunidad civil. La idea es que todas las universidades de Latinoamérica puedan ir uniformando programas de adiestramiento para el personal de salud que pueda apoyar a las víctimas de la violencia en el momento oportuno.
Publicado por: Anonymous | 19 Nov del 2008
"Hombres ordinarios con poder extraordinario son el peor peligro para la humanidad. -E.Fromm-"
La corrupción en nuestra querida America Latina es un síndrome muy peculiar, y nuestro Perú no se escapa de esta patología crónica.
Vemos a quienes están en el poder en sectores públicos y no son mas que tipos "ordinarios", y no es mi afán ponerme del lado de los elitistas que creen que los regímenes deban estar controlados por eminencias, eruditos o sabios; deben ser a mi parecer personas que tengan un pequeño atisbo de proyección, que no actúen por el simple hecho de poder hacerlo, que piensen un poquito antes de actuar, ya que el futuro de muchas personas, también ordinarias como ellos, (esas personas que los eligieron y dieron su voto de confianza en una elección democrática, y que creen que eso es elegir)está en juego. Sí, esas personas que son las que al final por descontentas, no hacen un mea culpa y dicen "nos equivocamos al elegir", sino que convulsionan al país con tanta queja revolucionaria sin sentido alguno cobrando vidas y haciendo perder el tiempo de personas que necesitan trabajar día a día.
En fin, tema complejo que pone sobre el tapete la señorita Subirana.
El poder extraordinario debe ser dado con mucha sensatez, pasando desde a quien elegimos como chofer en una noche de copas, o al dichoso contador, o quien cuida y educa a nuestros hijos, o que doctor nos va a hacer esa pequeña corrección que creemos es necesaria, hasta la elección de quien nos va a representar en nuestras comunidades, municipios y país... y no elegir a cualquier hijo de vecino "bruto que no sabia ni dibujar la O con un canuto".
Publicado por: Marcos Rueda | 20 Nov del 2008