Estereotipos sin piso
En tiempos de una nueva configuración de las universidades
Por Alberto Pacheco
Siempre se escuchan apodos y etiquetas de las diferentes universidades de nuestro medio y de sus alumnos pero --más allá de la payasada-- habría que pensar cuál es la lógica del asunto.
Existe hoy una suerte de membretes informales para cada universidad. Están aquellos a los que se llama los 'surferitos', los 'casi rojitos' (o 'rosaditos' no más, digamos), los del 'Arca de Noé', los de 'la Opus', de 'la facilazo' y un etcétera que haría inacabable este texto y que, como señala el sociólogo Federico Tong, "existen básicamente por diferenciación económica y social, y en torno a la calidad de la universidad".
Se trata, pues, de impresiones que se han ido gestando a lo largo de los años y que no solo se nutren al ir de boca en boca, sino en muchos casos del mismo discurso publicitario que cada institución ofrece mediáticamente.
El director general creativo de la agencia Quórum Saatchi & Saatchi, Óscar García, señala que "falta encarar con más seriedad la categoría de las universidades. El discurso publicitario de algunas universidades chicas busca la carencia inmediata, el corto plazo. Eso desconcierta y le resta un poco de credibilidad a la institución".
Pues bien, la estereotipia --más allá de sus causas y manifestaciones-- no es gratuita ni inútil. Las relaciones humanas y la interacción entre las personas se ven atravesadas por ella. Tanto los estereotipos como los prejuicios (algo clave a la hora de conocer a alguien) son dos caras de lo mismo. Uno no existe sin el otro.
Como señala el psicoanalista y catedrático Julio Hevia, "el prejuicio sería --respecto del estereotipo-- el lado intelectualizado, discursivo, en términos gruesos, el lado lingüístico. El estereotipo más bien es el apoyo figurativo, es lo que hay de imaginario en lo simbólico del prejuicio. Entonces, el prejuicio simboliza, legitima, certifica, y el estereotipo indica, ilustra, muestra".
Y es que todas esas 'figuritas' que circulan en innumerables cadenas de e-mail y que --supuestamente-- distinguen los campus de cada universidad están muy metidas en el imaginario de la gente. La cosa no es gratuita. Pensemos lo siguiente: 'imaginario' viene de 'imagen'; refiere al conjunto de imágenes que hacen la realidad de las cosas, que se validan en consenso y se asumen, no individualmente, sino a modo de discurso. De individual en todo esto no hay nada.
Cuando uno ve a alguien de una universidad no se enfrenta a una persona únicamente, sino a todos los discursos existentes con relación a esa persona y que atraviesan esa (inter)acción. La validez de cada uno de estos es otra historia, claro. En la percepción de Óscar García hay muchas figuritas pero muy poco de fondo. "Hay mucha agresividad en desacreditar al otro, pero las universidades no se centran en exhibir ninguna calidad", asegura.
Son otros tiempos
Lima y el Perú ofrecen un panorama muy distinto al de antaño. Las mezclas y el surgimiento de nuevos focos económicos y manifestaciones culturales han llevado a las universidades a albergar a alumnos con una variedad (social, económica y racial) sin precedentes.
De allí que los estereotipos, consagrados sobre la base de órdenes de otras épocas, puedan ver hoy el final de su validez. Ante este aparente desfase, Hevia menciona que "eso tiene su lado patético, que ilustra el desajuste entre los modelos buscados y las condiciones o posibilidades reales de los involucrados. Es el lado patético --de repente grotesco-- que anuncia el advenimiento de un nuevo modelo".
Tong cree que, "pensando en las configuraciones actuales, en el Perú los estereotipos han ido cediendo porque hay una constante movilidad social donde las etiquetas de las 'universidades de pitucos' y las 'universidades pobres', o 'mejores' y 'peores' ya van dejándose de lado".
Estos estereotipos, entonces, tienen que ver más con el reflejo de un orden social ya desfasado que con la descripción de los nuevos y múltiples reordenamientos culturales que atravesamos.
Sin embargo, su validez aún se mantiene, y funciona ya sea durante una conversación cotidiana o en la publicidad (y todos alguna vez hemos echado mano de algunos de esos estereotipos).
"Yo creo que los estereotipos van a ir al muere. Me parece, en cambio, que en publicidad debería haber más investigación sobre el público joven. Así como se hacen estudios para investigar al ama de casa, hay que estudiar a este nuevo estudiante que no es ni siquiera el de hace un ciclo. Parece que los creativos se dirigieran a sí mismos cuando estudiaron y no a quien está por venir", afirma García. Razón no le falta.











este era un buen tema.. pero parece q el redactor esta mas absorto en si mismo por querer demostrar que 'sabe escribir bien' empleando una aproximacion excesivamente sociologica y psicoanalitica y poco practica.
este tema ha sido tocado por alguien q no entra al espectro, sino que se qda fuera y lo explica de manera aburrida y tediosa, como un teorico q ve al resto como hormigas experimentales y a si mismo como albert einstein.
Publicado por: seth | 15 Oct del 2008
Tienes razón, seth. Sin embargo, intenta explicar (creo) que ya no se puede hablar ahora que en una universidad "tal", van gente de tipo "cual" (O que a la universidad "tal", ingresan gente de tipo "cual"). Eso es todo. El resto, es floro para q sepas el por qué del asunto ok?
Publicado por: Frank Gamarra De Souza | 15 Oct del 2008
A lo largo de mi vida me he visto envuelto en esta dicotomía en numerosas ocasiones. Es como si algún ser supremo hubiera decidido dividir la humanidad en dos partes: los de ciencias y los de letras. Si te decides por una o por otra, debes de saber que acabas de marcar tu destino.
Nuestro sistema educativo te enfrenta a semejante dilema en plena adolescencia, cuando la mayoría no tiene aún clara su verdadera vocación, o es una vocación llena de falsos estereotipos.
Si a mí, con los años que ahora tengo, me preguntaran por ello tendría clara la respuesta, pero en aquel momento decidieron otros factores, unos criterios a los que yo, con el paso del tiempo, he ido desvistiendo de valor.
Es verdad que al final la cabra siempre tira al monte. Aunque terminé la carrera de informática, sin pasión, y acabé dedicando mi tiempo a este mundo cambiante, vertiginoso y hueco de los ordenadores, paralelamente me formé en clases esporádicas de crítica literaria, en tertulias poéticas y charlas filosóficas, rodeado de libros en donde la proporción entre la literatura y la programación estaba muy desequilibrada.
Siempre me acompañó la pregunta ¿Pero cómo tú, siendo informático?
A lo largo de mi vida me he cruzado con la incomprensión de quienes no entendían, ni valoraban que alguien dedicara parte de su tiempo a escribir, y los otros, que me consideraban un intruso en su mundo, una especie de mueble incómodo, que no sabían dónde colocar ni cómo tratar.
El resultado final es que no me siento ni de ciencias ni de letras, me paseo por las avenidas de uno y otro saber, sin reparar en prejuicios, y desde mi atalaya observo la ignorancia de muchos letrados incapaces de resolver una regla de tres o de manejar una hoja de cálculo, y la de muchas mentes matemáticas incapaces de escribir más de dos líneas, mínimamente coherentes, sin cometer faltas ortográficas.
En algún momento de mi vida tuve la suerte de conocer a personajes de otra época y educación: Fernando Bravo, Valeriano Gutiérrez Macias, Edmundo Costillo… con quienes me siento identificado, escritores ya fallecidos, que habían leído a Homero, a Cicerón, que sabían realizar un soneto, filosofar, pero también debatir sobre la hermosa forma de mostrar la física del matemático Paul Dirac.
Siempre he pensado que es preferible ser aprendiz de mucho y maestro de nada. No creo que sea bueno centrar la vida en analizar una sola materia; no me apasionan los expertos. Yo creo en la curiosidad, en la diversidad, en la experimentación y en la osadía. Creo que el hombre del renacimiento adquirió una visión del mundo singular, con muchos más matices y colores que las que pueda tener un, por ejemplo, profesor universitario absorbido por, y sólo por, su propia especialización.
Publicado por: Anonymous | 15 Oct del 2008
Tienes razón Seth, parece que el autor de la nota tiener ciertas pretenciones literarias que le impiden ver con mayor naturalidad el tema, si eres joven y universitario debes sentirte parte del asunto. Falto naturalidad.
Publicado por: Tra La La | 15 Oct del 2008
Es privilegio de los bufones, decir verdades que todos callan.
Publicado por: Idem | 16 Oct del 2008
Una sugerencia: ingresa al blog Ideas y Palabras, te va a servir de mucho.
Publicado por: francisco | 16 Oct del 2008
el comentario anterior me parece muy razonable. Debió redactar alguien muy ajeno al tema, alguien con mayor experiencia para evitar cierta "compatibilidad" con ´universidades de pitucos´. pero el tema es muy bueno y deberia ser tratado con mas tino.
Publicado por: Clau | 16 Oct del 2008
estereotipos sin piso?? deberían estarlo pero aún persiste el rollo elitista hasta en la seleccion profesional en busca de un empleo(universidad de origen, foto tamaño carnet,buena presencia), si uno envía su curriculum en donde se menciona que es egresado de una universidad nacional, al toque se hacen la idea de la fisonomia del postulante, ojalá pronto se derriben estos lamentables prejuicios
Publicado por: nelson | 16 Oct del 2008
tu lo has dicho Frank. tu parrafo resume la idea, el resto, es floro excesivo.
Publicado por: seth | 16 Oct del 2008