Días de primavera y rock and roll
El festival Pepsi Music que se realiza en Buenos Aires -con sus sempiternos nueve días dedicados al rock internacional y argentino- es uno de los eventos musicales más importante de Sudamérica.
El concierto empezó hace más de una hora. De la parte superior del escenario se despliega hacia abajo una pantalla gigante que lo cubre, los músicos quedan detrás. No muestra ninguna imagen, solo un efecto de estática, como un televisor sin señal. Suena la batería, luego los sintetizadores, y en cualquier parte de esta difusa estela comienzan a formarse pequeños agujeros negros sincronizados con la voz de Trent Reznor, haciéndolo visible. Todos quedamos impactados ante esta demostración del poder sobrenatural de Nine Inch Nails. Así se cerró la cuarta noche (2 de octubre) del Pepsi Music 2008, con un espectáculo engendrado en el “más allá”.
Este festival, como cada año, reúne durante dos semanas a varios consagrados del rock anglosajón con los mejores exponentes gauchos. Buenos Aires es una ciudad que, a pesar de sus problemas económicos, jamás deja de consumir música. Un artículo publicado este último fin de semana, en el diario bonaerense “La Primera”, da cuenta que los argentinos gastan en recitales un mayor porcentaje de su sueldo que ingleses, españoles y norteamericanos. Los números de este evento lo corroboran: al término de la séptima fecha ya se contabiliza un acumulado de más de ciento diez mil asistentes, con tickets que oscilan entre los 60 y 100 pesos (soles) por noche. También, hay muchos peruanos que viajamos hasta aquí cuando la oferta musical se hace irresistible.
Los billetes se me escurren como agua mientras recorro los diversos stands en busca del polo y el llavero de recuerdo, el disco de oferta, la gaseosa con su pizza y su pebete, el mate, o el pancho reparador. De los platos fuertes roqueros, ya degusté la parafernalia de NIN, el jazz-rock de Dave Matthews Band, el desprolijo de BRMC, los filosos riffs de The Cult, la versatilidad de Fito Páez, y el carisma de Calamaro. ¿Qué se viene la próxima semana?, pues, una feliz empachada con Mötley Crüe y los Stone Temple Pilots.
-Ché, ¡viste qué zarpado estuvo lo de Nine Inch Nails!-, -no te entiendo chochera, ¿qué significa “zarpado”?-.
(COLABORACIÓN DE HENRY FLORES (29). COLABORA TÚ TAMBIÉN ESCRIBIENDO A: SIC@COMERCIO.COM.PE)














El cierre del séptimo día del festival Pepsi Music en Buenos Aires estuvo a cargo de Andres Calamaro.
Con un repertorio en el que hubo varios temas de su álbum más reciente, La lengua popular, Calamaro se salió de ese esquema y cantó A los ojos y Todavía una canción, de Los Rodríguez. Además, acompañado en la voz por Candy Caramelo, el bajista de su banda, interpretó una versión más rockera de Elvis está vivo, un tema que no toca de manera muy frecuente en sus presentaciones.
En ese momento se partió el show. Llegó El día de la mujer mundial y un clásico, Los aviones, que terminó con el estribillo del tema salsero El Ratón. Las luces se apagaron por unos segundos y el cantante salió de nuevo y con amabilidad le dijo al público: "Ahora voy a cantarles un tango, mejor... que sean dos". Ahí se dejó acompañar solo de teclados para entonar Jugar con fuego y Los mareados.
Ya el público pedía los temas más admirados y Calamaro le dio gusto. Llegaron Estadio Azteca, Te quiero igual, Loco, Todo lo demás y Crímenes perfectos, tema que hizo llorar a muchas asistentes.
Después de Alta Suciedad llegó el infaltable Flaca, que casi siempre es el final de sus shows. Las luces se volvieron a apagar, pero ni una sola persona se movió de su lugar. Se oyó el clásico coro !Olé, olé, olé, olé... Andrés... Andrés! Hubo un silencio de un minuto y la gente comenzó a cantar Paloma. En ese momento Calamaro volvió al escenario, agarró su guitarra eléctrica azul (no tocó los teclados en toda la noche) y se mandó con todo para puntear Sin documentos.
Después de dos horas llegó el cierre con Canal 69 y después de correr por todo el escenario y dar gracias en repetidas oportunidades terminó con Paloma. Las gargantas de la gente gritaron el tema a todo lo que daba y las manos hacia arriba eran un signo de agradecimiento.
Cerca de las 11:30 de la noche la banda agradeció y Calamaro repartió abrazos. La sonrisa de la gente, que comenzó a abandonar el Club Ciudad de Buenos Aires, fue el mejor testimonio de un concierto memorable.
Esa fue la primera etapa de un viaje que lo llevará por México, Perú, Ecuador, Paraguay y Colombia. Una travesía en la que, por primera vez en Medellín, El Salmón hará una parada para acabar con una sequía que parecía eterna.
Publicado por: Anonymous | 09 Oct del 2008
Buena Henry!!..te felicito por la nota..que te sigas divirtiendo.
Publicado por: noel | 10 Oct del 2008
No se pero al leer lo redactado por el anonimo me imaginé ahi..
*Dejen soñar*
Publicado por: Cristina | 24 Ene del 2009