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23 Oct 2008

Dame otra oportunidad

Salir del infierno de la delincuencia juvenil es un dilema al que muchos evitan enfrentarse. Otros, a fuerza de voluntad, logran virar el timón de sus vidas. Aquí algunas historias.

Por Ralph Zapata

Gerson tiene 15 años, pero habla con la experiencia de un hombre trajinado. "He robado, he fumado marihuana, he consumido coca, me han disparado, he 'hincado' a varios chicos. He estado en la comisaría como en mi casa", dice con una frialdad que hace dudar de su rehabilitación. "Un día decidí cambiar, abrirme de la pandilla Los Fatales de El Agustino, de la que era miembro desde los 12 años. Entonces llegué aquí, a la casa", recuerda con la cabeza gacha y la voz temblorosa.

La casa de la que habla Gerson es un local de la Fundación Tierra de Hombres que funciona en El Agustino desde hace tres años. Sirve de refugio para los menores de 18 años que hayan cometido alguna infracción y tengan la voluntad de rehabilitarse.

Voluntad. Esa es la palabra mágica que repite Gerson cuando le preguntan cuál es el secreto para salir de la selva de cemento de la que hablaba Héctor Lavoe. "Ahora he retomado el colegio, recibo consejos del psicólogo de la casa, participo en los talleres. Al inicio hubo tentaciones. Siempre las hay. Cada vez que los chicos de la pandilla me ven pasar, me llaman y me dicen que soy 'cabro', pero yo no les hago caso. Sé que lo que hacía antes estaba mal. Muy mal", confiesa.

Como él, son cientos los muchachos que se inician a temprana edad en las pandillas. El Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana (Conasec) ha identificado 352 pandillas en Lima y el Callao, y 483 en todo el Perú. Muchos de sus integrantes terminan enredados en el infierno de la delincuencia, sin poder dejar de delinquir. Otros optan por virar el timón de sus vidas y --ayudados por gente como Jean Schmitz (delegado de Tierra de Hombres en el Perú)-- volver a empezar.

REHABILITACIÓN NECESARIA
Hasta la década pasada, en nuestro país la justicia penal juvenil se centraba en la reclusión de los jóvenes infractores en reformatorios o centros cerrados donde se les privaba de su libertad. "Al salir de estos centros, los chicos (a los que no se les había educado, ni hecho ver sus errores) en muchas ocasiones reincidían. Otras veces, al ser detenidos, 'arreglaban' con los policías y volvían a lo mismo. Ambos mecanismos llevaban al círculo de la violencia", resume Schmitz.

Por eso, desde hace tres años, Schmitz implementó en el Perú el proyecto juvenil Justicia Restaurativa, a fin de reinsertar a los chicos infractores a la sociedad mediante un trabajo de prevención y formación educativa en un centro de rehabilitación abierto. En coordinación con el Poder Judicial, el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo y la Municipalidad de El Agustino, entre otras instituciones, han atendido a más de 600 chicos en tres años. De ellos, según Schmitz, menos del 8% ha reincidido. Y eso gracias, también, al trabajo de José Ignacio Mantecón (más conocido como el padre 'Chiqui'), quien desde hace 12 años trabaja con pandilleros de la zona, con los que logró formar la Asociación Martín Luther King.

"El gran problema de la sociedad es que ve a los jóvenes como problema, no como posibilidad. Hay que trabajar con ellos, meterse en su mundo, entenderlos", recomienda el padre 'Chiqui'. Sin embargo, el dilema surge al salir de los centros de rehabilitación, de los reformatorios o las cárceles. ¿Qué hacer? "Muchos de ellos vuelven a su lugar, no encuentran opciones de desarrollo, y vuelven a lo mismo. Es lo único que les queda", explica el sociólogo Sandro Macassi.

Y es que sin oportunidades reales para reinsertarse en la sociedad, de nada sirve haber pasado por un reformatorio, centro de rehabilitación o cárcel. Al final, siempre se volverá al infierno de las calles, donde lo único que queda es soportar la delincuencia y sobrevivir en un inframundo donde impera la peor de las leyes: la de la selva.

EL DATO:

El Poder Judicial cuenta con nueve centros juveniles cerrados a nivel nacional, con una población aproximada de 1200 adolescentes internos, de los cuales el 37% se ubican en el Centro Juvenil de Diagnóstico y Rehabilitación de Lima (ex “Maranguita”).

HABLA EL QUE SABE: Jaris Mujica, Antropólogo

Las pandillas resultan un fenómeno relativamente reciente en nuestros espacios locales. La mayor parte de ellas no tienen una tradición estable, sino que se reorganizan, transforman y fisionan en el tiempo. Así, si bien en los últimos veinte años las noticias policiales se han referido a los asaltos, peleas o vandalismo ocasionados por estas, es difícil rastrear un único tronco de origen.

Estas se reacomodan según las demandas, e intereses de los actores, demandas económicas y de seguridad, sobre todo en espacios de bajos recursos. La violencia cotidiana permite la construcción de estas redes que resultan ser campos de legitimización del poder, de la autoridad informal y del ejercicio de la violencia. Ser miembro de una pandilla no es entonces un descrédito para muchos sujetos, sino más bien un espacio de reconocimiento y protección. 

Esto permite pensar los modos de “resocialización” de otra manera. En efecto, para muchos, los miembros de las pandillas requieren de un proceso de educación, adecuación al entorno y de “encausamiento cívico”. Así, para estos, se debería “extraer” a los pandilleros para la “resocialización” por “las vías del buen encausamiento”. Esto, sin embargo, implica algunos problemas. Por un lado, dicha “resocialización” no siempre funciona, y aunque funcionara la pregunta es ¿este asunto obedece a un problema individual o también a una estructura social más compleja? Si se tratase de un problema patológico de desadaptación individual “las vías del buen encausamiento” podrían hacer que dicho individuo se reintegre readaptado a la sociedad.

 El problema es que el individuo se reintegra a un espacio que tiene condiciones diferentes al modelo de readaptación: ¿el individuo es readaptado para vivir en un contexto como el que vive, violento, inseguro? ¿Se le readapta para vivir en qué lugar?
Por otro lado, la figura del reformatorio o de la cárcel peruana imita discursivamente el modelo correccional y de resocialización, pero en la práctica siguen siendo espacios de suplicio, en donde difícilmente se aprenden las labores del “buen  encausamiento”. Del mismo modo, para muchos “internos”, el reformatorio o la cárcel resultan ser el lugar de aprendizaje de nuevas técnicas de delincuencia o transgresión, conocimiento y contacto con nuevas redes de criminales. Es decir, en lugar de “resocializar” en el sentido del “buen encausamiento”, el modelo carcelario local “socializa” en el modelo de la transgresión, es un espacio de aprendizaje y adaptación a lógicas criminales. Si bien es una caricatura, la analogía entre Maranguita y el pre-grado, San Jorge y la Maestría, Lurigancho y el Doctorado, permite ilustrar la idea.

El tema reside en que es importante pensar los mecanismos de “readaptación” de los individuos en correlación con sistemas de organización social de los espacios culturales en el que los sujetos viven. Reinsertar a un sujeto “resocializado” en el modelo ideal en un espacio en el que la violencia, la criminalidad y la inseguridad resultan ser elementos centrales de la vida cotidiana no solo deja desprotegido al propio individuo, sino que olvida que la vida social implica siempre un contexto práctico. Asimismo, pretender el modelo “resocializador” en un espacio penitenciario que resulta, más bien, campo de suplicio resulta contraproducente y permite a los individuos conocer en lugar de mecanismos para alejarse de la criminalidad, nuevos mecanismos de la violencia y de la transgresión. El campo social y sus redes, la vida individual y el espacio penitenciario no pueden pensarse por separado si es que se pretende comprender las lógicas criminales y delincuenciales.

2 Comentarios

La delincuencia juvenil, como vimos anteriormente, tiene consecuencias perjudiciales para la sociedad, la cual está enfocada en resolver este problema a través de apoyo psicológico a la familia, en el ámbito social; ayuda institucional, fomentando la creación de ONG’s; y centros de rehabilitación, que incentiven el trabajo comunitario. Asimismo, se debe promocionar la práctica del deporte a través de semilleros que permitan el surgimiento de nuevos talentos. En el presente texto, desarrollaremos los tremas mencionados.

En el ámbito social, una de las posibles soluciones está en asesorar psicológicamente a la familia en relación con los cambios emocionales de los hijos y el rol que la educación tiene en ellos. Esta es, principalmente importante en el desarrollo moral e intelectual de la juventud. La educación está intrínsecamente ligada con el desarrollo moral, ya que esta prevé una mala conducta que pueda estar relacionada con un infante o un adolescente.

Por otro lado, puede brindarse apoyo institucional a través de centros de rehabilitación estatales y ONG’s que apliquen un reglamento basado normas de conducta, control de sus actos, y motivación. De igual manera, el trabajo comunitario brindaría apoyo social y económico a los jóvenes que más lo necesitan, ya que, muchas veces, la necesidad es un factor de la delincuencia. (¿Cómo son las pandillas? Flecha en el azul, 1996:15).

No obstante, una manera saludable de rehabilitación es el deporte, ya que brinda un desarrollo físico y emocional. Por ejemplo, el fútbol puede brindar apoyo a través de la creación de semillero y participación de jóvenes con problemas de conducta que puedan desarrollar una vocación y que encuentren ,en este deporte, una manera de subsistencia, naturalmente, fomentando un nacionalismo deportivo que ayude a prevenir situaciones conflictivas futuras.

Como grupo, opinamos que la sociedad esta en la capacidad de ayudar a estos jóvenes, solo nos falta ganas de intentarlo, si logramos formar una unicidad entre sociedad y conducta moral, la juventud estará orientada en buen camino y deparará un buen futuro para la urbe.

Publicado por: Anonymous | 23 Oct del 2008

hola como estan , el motivos que les escribo es que me quisiera informar mas sobre la organizacion , pues tengo un hermano de 16 años y mi papas estan pensando en internarlo por la mala conducta y ya no saben que hacer con el , quisiera que me oriente ahi les dejo mi correo .

Publicado por: graciela | 10 Dic del 2008

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