Novedades en la categoría Chifamanía
17
2007

EL CHIFA DETRÁS DE LA ZANJA
La creatividad peruana es lo máximo, bien lo dijo un comercial. La municipalidad cava una zanja profunda que ocupa todo el carril de Habich pero los vecinos no se amilanan ante ese cerco de cintas amarillas con esas calaveritas negras tan simpáticas. Al contrario, abren el cerco, improvisan rampas hechas con la oportuna colocación de tablas de madera (escalones) y así crean un pasaje imaginario que conecta un lado (vendedora de picarones y un esmerado reproductor de llaves al instante) con el otro. En el otro lado, o sea, cuando terminas de subir la cuesta un tanto sucio por el barro, está el chifa Nan Kuo. Como dice Rafo León: acompáñenos, viajero, crucemos juntos esta la zanja limeña de gente laboriosa y amable.
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Chifamanía14
2007

Foto: Enrique Cúneo
OTRA VEZ EL MISMO LANGOY: MÉXICO, ITALIA, ESTADOS UNIDOS, FRANCIA, JAPÓN. ALEMANIA. ¿LES SUENA? YO PREFIERO UN CHAUFA
Les cuento que casi me gano la polla. Un compañero de la web me pasó la voz y yo aposté que Paraguay ganaba uno a cero. No me miren así, por fa, ser aguafiestas no es un delito, sobre todo si el curso de los acontecimientos te da la razón. Escribí el título y la bajada de este post el viernes, presintiendo un poco lo que se venía. Y aquí estoy, en un chifa muy concurrido que hoy no tiene cola ni lista de espera, algo inusual tratándose de un sábado por la noche. En la pantalla, el árbitro acaba de echar por tierra las esperanzas de ganar y ha confirmado con su pitazo final que, por una vez, los paraguayos tomaron prestado el peruanísimo uniforme del casi-casi, se contagiaron de nuestro continentalmente célebre sentido de la puntería y, por obra y gracia de ese acróbata anticuchero que algunos llaman Dios, no pudieron encajarla. Horas antes, la escasa fe me hizo venir a comer arroz chaufa y obviar la parrilla de papá, el pisco de los amigos prematuramente aburguesados, el bobo festín de acomodar la mitra bajo la inmensa corona de un bufón bicolor.
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Chifamanía11
2007

EL BLOGGER SE RELAJA HABLANDO SOBRE SANTA LIMA EN CANAL 7
El títere más simpático de la televisión responde al nombre artístico de Doña Nicolasa, y ahora él (ella) se encuentra a pocos metros de donde estoy sentado, moviéndose y diciendo cosas bajo los reflectores y las luces intensas. Tengo ganas de pedirle un autógrafo. Me encuentro en el set de Hola Perú, un programa que pocas veces he visto en casa pero que ocasionalmente he zapeado con el control, viendo de reojo a la actriz que en breves instantes nos hará preguntas en el sillón. Me invitaron porque hoy hablarán de la cultura china y alguien de la producción es aficionado a este blog. "Pero yo no sé nada de China", le advertí al asistente de producción. "No importa, habla de chifas", me respondió en el teléfono. Sonaba lógico. Y bueno, si mi amigo Renato Cisneros va donde Guillermo Giacosa, ¿por qué yo no he de venir al programa hogareño del canal patrio? ¿Por qué no colgarme un rato de la antena que pagamos todos? Así que aquí estoy. El set huele rico: hay una mesa con un bufete chifero. Se ve buenazo.
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Chifamanía07
2007

UN CHIFA NO ES CHIFA SI FALTA LA GASEOSA AMARILLA
Empieza por el arroz chaufa, está rico, míralo, emana vapor y el sillao que le acabas de echar le otorga carácter, como dicen los chefs (están de moda los chefs). Revuélvelo todo en el plato. Así, bonito, con cariño. Combina la masacota arrocera con un chancho con tamarindo o cualquier cosa agridulce, hazlo rápido, pica aquí y pica allá, y deja que todo se mezcle en la boca. Lo que voy a decir es un poco fuerte, pero el bolo alimenticio del chifa es una de las cosas más divinas que puede entrar en uno. Saborea. Deglute. Todo aquí huele a tu ciudad: el smog se cuela por la ventana, los niños te ofrecen libros piratas detrás de la mampara del local y el cobrador de una combi vocifera. ¿Qué le falta al momento para ser espectacular? ¿Qué necesita añadírsele al mediodía para que valgan la pena los S/. 6,50 ansiosamente desembolsados? Falta algo de beber y eso se llama... bueno, ya sabes cómo se llama. No te ha pasado por la mente pedir otra cosa. ¿A quién rayos se le puede ocurrir, no sé, pedir una Fanta? Así que bebes de la botella de vidrio --porque tiene que ser una botella de vidrio-- y las burbujas de la gaseosa amarilla te hincan la lengua. Genial. Rico. A empezar de nuevo. El arroz chaufa sigue humeando. Te espera. Otra vez.
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Chifamanía04
2007

TODO UN EXCESO
El tiempo --se sabe-- lo jode todo. Lima es un cúmulo de recuerdos bonitos triturados bajo los escombros de la modernidad brutal, una ciudad de alamedas largas que iluminaron valses para luego envejecer y morir y convertirse en caminitos de "alta peligrosidad" marcados en los planos rojos de las comisarías. Mi casa de infancia es hoy un depósito de contrabandistas y en el jardín donde de niño grité ampay me salvo aparecen, puntuales, todas las tardes, agilísimas ratas que practican el conmovedor deporte de ser felices. Lo que trato de decir es que en Lima un sitio memorable pasa rápido a ser parte del legado arqueológico de épocas de oro que no volverán. Esta vez, llego al chifa Brasil atraído por esa sensación de entrar en un mal museo. A veces, los tiempos nuevos llevan a la quiebra o al empequeñecimiento, pero en el chifa Brasil ocurrió algo más paja: se volvió un no chifa, es decir, en el único chifa donde venden, como si nada, comida china, comida criolla, pollos a la brasa, ceviches, sánguches y pizzas. El lugar no acoge. Sobrecoge.
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Chifamanía30
2007

LOS COMENTARIOS FOTOGRÁFICOS INSPIRARON AL BLOGGER
El de la foto de la esquina superior derecha de este blog soy yo. O no lo soy. O lo fui y ya no lo soy. O lo seré esta noche. O esa imagen es solo es un accidente, un instante fugaz en que las luces me dieron suaves y la cámara tuvo la traviesa iniciativa de hacer click. De ahí que salga como salgo, o sea, como una criatura sin sexo y mirada hirviente, un emo enfurecido, pelucón y un tanto pasadito. Puse esa foto hace una semana, no sé, quería cambiar, y me llovieron comentarios acerca de lo distinto que me veía. Una lectora simpatiquísima me dijo "mírame bonito ah" y se rió a carcajadas. A otros les dio palta. La cantidad de lectores que acusan cierta ambigüedad a la foto es enorme. Sales brócoli. Eres una flaca. Habla, socio del dawn town. Unas pocas me dijeron que me veía lindo. Gracias. El caso es que me he quedado pensando profundamente en los efectos de la fotografía, en su esencia testimonial y a la vez farsante, en su capacidad de informar y al mismo tiempo mentir, y todo eso me daba vueltas el otro día, en pleno almuerzo, cuando el mozo del chifa al que había ido me trajo la carta. Una carta llena de fotos. Menú 1. Menú 2. Menú 3. Vea bien y escoja.
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Chifamanía26
2007

(MAYORES DE 14 AÑOS, POR FAVOR)
No sabía que Melcochita cantaba tan paja. Siempre lo vi como un, bueno, ya saben... como Melcochita. Ahora la radio suena a todo volumen mientras llego en un Tico al chifa *** de la avenida Precursores. En los parlantes, Melcochita canta "En el juego de la vida", y su imitación de Daniel Santos es espléndida. Cuatro puertas hay abiertas / al que no tiene dinero / el hospital y la cárcel / la iglesia y el cementerio. Bajo en el lugar indicado y allí está, el chifa con las tres estrellas encima de la puerta. Me sobrecoge un poco el hecho de que este haya sido el lugar por donde la tarde del 16 de agosto del 2000 escapó Jiang Song Sun minutos después de asesinar a su tía. Fue por esta misma avenida por donde fugó, pienso, y también él iba en un taxi, rumbo a algún lugar en el que pudiera limpiarse la ropa sin ser visto.
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Chifamanía23
2007

EL SOBRINO DIABÓLICO DE PRECURSORES
Fujimori vuela en un helicóptero que en el cielo se ve chiquito y veloz y que no parece responder a las órdenes de un piloto ágil sino a los hilos invisibles de la Historia. Es paja verlo aunque todo pase tan rápido. Estoy en la avenida Precursores, en Maranga. Retrocedo siete años para situarme en el 2000, tres ceros por única vez en la vida, el año que sirvió de símbolo para ese conjunto electoral-musical tecnocumbiero que quiso gobernar por aire, mar y tierra. Ese año brilla con especial nitidez en nuestras mentes porque fue el año en que el presidente fugó del país, y también, antes de eso, el año en que ese mismo hombre ganó las elecciones con fraude tras una campaña en la que hizo coreografías muy chistosas en los mítines. Pero mientras eso ocurría, en la avenida en la que ahora camino la vida marchaba al margen de la política y sus vaivenes. Al final de la calle había un chifa y en el chifa una familia de chinos que buscaba abrirse paso en medio de la ciudad. Sin embargo, un hecho cambiaría sus planes para siempre.
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Chifamanía19
2007

EL GATO DE LA SUERTE ME DA MIEDO
Asomándose con esos ojazos abiertos y los bigotes melancólicos, solitario bailarín en un estante atiborrado de cosas muertas, criatura a la vez festiva y fantasmagórica, el Gato de la Suerte tiene la virtud de conseguir, siempre, darle miedo al niño que vive y se mueve dentro de mí. No puedo mirarlo a los ojos. Me erizo. Me da cosa. Demasiado misterio disfrazado de ternura kitsch. Gatito tierno que mueve el brazo como en un simulacro de vida. O de muerte. Acaso lo descubrí hace mucho tiempo en alguna calle de Barrios Altos, con mis hermanas mayores riéndose y yo calladito, diminuto, alzando la vista de soslayo para que su mirada no termine de lanzarme alguna maldición del lejano Oriente, mientras la coreografía de apurados mozos hervía entre las mesas. Nunca me atreví a preguntar qué escondía tan felina quietud. Solo pensaba en silencio: qué lindo, ese gato malo tiene los ojos tan grandes como yo.
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Chifamanía16
2007

¿PAPEL DE ARROZ CON VENENO PARA EL ALMA?
Desde hace varios años me pregunto cuál es la lógica de inventar un caramelo con envoltura comestible. Siempre pensé que la existencia de algo así nacía de la mente de un bromista sin remedio, algún chino juguetón con ganas de hacerle una broma al mundo occidental con un producto-parodia capaz de impresionar tus sentidos y provocar un asombro gigantesco, sobre todo si tienes cinco años. Porque todos nos hemos pasado de vueltas con los caramelos chinos, todos hemos disfrutado esos diez segundos surrealistas después de un arroz chaufa: ves el caramelo beige envuelto en esa lámina traslúcida tan fina como las alas de un insecto, y en el recuerdo alguien adulto con su voz gruesa con eco te dice cómetela sin miedo, anda, el papel se come, ¿no sabías?, es de arroz. Y luego la envoltura disolviéndose en tu lengua, aunque no sepas cómo rayos se pueda hacer papel del arroz. El resto de la experiencia es como comer un tofi albino, algo dulce con saborcito a leche. Nada del otro mundo.
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Chifamanía12
2007

A PEDIDO DEL PÚBLICO
Ahora resulta que esto no es un blog. Yo no soy un blogger y quienes leen estas líneas no son seguidores de blogs, sino cándidos cibernautas atrapados por las fauces de ese monstruo hipnotizador chupa-lectores que es El Comercio. O sea, ustedes no me siguen: les soy impuesto por alguien más grande. Soy falso. Acabo de leer eso en una página en la que unos chicos muy exaltados celebraban el Día del blogger, mega evento ritual virtual al que, por supuesto, no fui invitado. Fue así como me enteré de algo que se sostiene hace tiempo: Santa Lima no es un blog porque, entre otras cosas, los bloggers de verdad no cobran. Bueno, mientras le buscan otro nombre a lo que están leyendo ("parablog" suena bien, creo), yo voy a hacer lo que más o menos hago siempre, o sea, mirar las cosas, escribir sobre ellas y ver cómo reacciona mi público. Sí, así les llamo, mi público. Con cariño. Es cierto que a veces tengo ganas de matarlos, pero en el fondo los aprecio a tal punto que, esta vez, he decidido seguir las recomendaciones de las decenas de comentaristas que me pidieron ir a la avenida Habich a ver chifas. Interactividad total: ustedes teclean y yo reacciono. Y eso que esto no es un blog.
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Chifamanía06
2007

PROSPERIDAD WANTÁN
Sorry que insista, pero esto de la bonanza económica es lo máximo. El chorreo llega de a pocos y nos salpica con su finísimas gotas de bienestar, nos lanza nuevas oportunidades como quien tira chapitas marcadas al viento (otrora esquivo) y se sumerge de a pocos en el ánimo general, o sea, en esa fantasía limeña recientemente agigantada por culpa de don J.J. Oré y su comparsa de subsubsubsubsub-subsubcampeones mundiales. Si el limeño es capaz de confundir campeón con octavo puesto, yo puedo ver bonanza en una oferta de trabajo tan llamativa como esta. Chaufero. Se nececita chaufero. La especialización laboral en su expresión más limeñamente comestible: otro síntoma de los prósperos tiempos que nos abrazan.
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Chifamanía02
2007

EL BLOGGER RECIBE INFORMACIÓN DELICIOSA DEL VECINO PAÍS DEL SUR
Cierto informante me envía un casette clandestino que he tenido que desgrabar pacientemente durante horas. Transcurre en Santiago de Chile. Por razones de seguridad y para evitar algún incidente diplomático, omito decir el cargo y la entidad en la que trabaja el hablante, de acento chileno, quien se dirige a un interlocutor presumiblemente más joven. Pongo *** en aquellas partes que no entendí (o que acaso no quise entender). Lean:
"Chile gourmet, ¿cachai? Turismo gastronómico puh gueón, eso es lo que tenemo que hacer. Claro que los chileno sirven pa' cocinar, ¿quién dijo que aquí no se cocina rico? Entonce, eso hay que usarlo a nuestro favor para atraer más viajieros. Y lo que no falla nunca es la comida oriental, eso le gusta a todo el mundo. Pero --anota-- no la vendemos como comida oriental sino como una fusión de nuestros sabores con los asiáticos. ¿Y cómo se llama eso? Se llama "chifa" puh gueón. Como los peruano, sí, pero chilenos. Cada vez hay más chifas en Santiago y a la gente le encanta ir. Las chifas son rebuenas. Entonces hay que aprovechar eso, porque sino lo hacen ello en Lima y nos empiezan a quitar el mercado y entonce tendríamos que empezar a ***. Parecen lentos pero son bien caperuzos los peruchos. ¿Viste la cadena de chifa fase food que llegó y que le va de maravilla? El director comercial dijo que "Chile es un mercado atractivo donde la competencia no es tan fuerte". Mira si es arrogante este, ¿qué se cree? Mejor tírate del Morro gueón.
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Chifamanía30
2007

Hoy quiero hablar de palitos chinos. Los descubrí hace años en un chifa bien ficho de esos que salen en las guías gastronómicas, y desde que los tuve entre mis dedos no he podido dejar de hacer pinzas, con una habilidad innata que no me conocía para esos menesteres. Mi hermana menor dice que soy adoptado y que mi verdadero padre es un japonés. Desde hace algunos años, esa es su broma recurrente y a veces me perturba la seguridad con que lo dice en toda ocasión. Lo cierto es que la primera vez que agarré esos palitos fue tan fácil atenazar objetos que comencé a preguntarme con cierta turbación si esa mocosa de dieciséis años sabía algo que yo no sé acerca del pasado de nuestra (?) familia. Tengo personalidad paranoica, ya saben, pienso que alguien controla todo desde una base subterránea, me es fácil darle el maleficio de la duda aún a la hipótesis más alucinante. Pero bueno, hablaba de los palitos. He visto gente que naufraga con roche en el intento de alzar hacia su boca un poco de pescado crudo con un par de esos. Se les resbala, se les cae y es horrible porque tratar de recoger cosas del mantel de la mesa es más difícil, sobre todo cuando los otros te miran. Usar palillos sin saber usarlos es como volver a la infancia.
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Chifamanía26
2007

APUNTES SOBRE ESE INDESEABLE ENCUENTRO ENTRE DOS ESPECIES
Gritar cuando vemos a una cucaracha encaramada sin vida en el tenedor que nos llevamos a la boca es humano, supongo, pero también es un síntoma de nuestro muy elemental sentido del terror. El terror tiene antenas y mide diecinueve milímetros. Para eso sirven unos cuantos millones de años de evolución, para hacer ciudades, armar guerras, construir barcos, viajar a otros continentes, inmigrar, inventar chifas sucios, usar celulares y tenerle pánico a cosas muertas. Porque viéndolo bien, ¿qué puede hacernos una cucaracha rostizada a 300 grados de temperatura y que, según testimonios, "sabe a pollo"? Es cierto que verla es horrible, es un signo de suciedad y cochinada, es una suerte de traición a las expectativas culinarias, y es, como diría Bryce, un lunar de carne en el rostro más bello, pues vaya que para un peatón de Lima un arroz chaufa se parece mucho a la hermosura perfecta. El problema del limeño, creo, es su conciencia gastronómica: ve una cucaracha en el plato y siente que, en el pasado, sin darse cuenta, ha comido miles. Y que cuando eso ocurrió probablemente solo atinó a decir: está buenazo. Salud con inca kola.
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Chifamanía23
2007

EL EXHIBICIONISTA TERREMOTERO
Acabo de ver a un payaso caminando por las calles de Pisco, o más bien, por lo que queda de esas calles que antes formaban sombras afiladas a la luz de una tarde y que hoy son solo escombros iluminados por el sol. Y no me refiero a algún conductor de la tele, por si acaso. El payaso se llama Tripita, yo no lo conocía ni en pelea de perros (no sé ustedes), pero me entero por el cable que es un profesional de la risa a domicilio. La nota humana dice así (música y pianito, por favor): una vez ocurrido el terremoto y luego de perder once familiares, Tripita no tuvo mejor idea que sublimar el dolor, levantar la cabeza, ponerse su disfraz de trabajo y divertir a la gente en medio de la desgracia. La gente necesita reírse, o sea, es mejor que la morfina y no tiene daños colaterales. La risa sana. Ahora, Tripita ya no es Tripita. Es el "Payasito del Terremoto". Apúntenlo.
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Chifamanía17
2007

Foto: Rolly Reyna
MOMENTOS ABSURDOS DE LA TRAGEDIA
Odio los jingles. Los odio mucho más si están inspirados en una tragedia y más si esa tragedia ha matado gente. No sé si escucharon el de canal 7. "Estoy aquí porque soy el Perú, dispuesto a entregarte mis manos a nuestros hermanos del sur". Y por supuesto, imágenes de la catástrofe mientras dura la estrofa. Detesto las cuñas de la tele que dicen en letras gigantes TERREMOTO, como si se tratara del anuncio de la próxima película de Cine Millonario. Claro, me dirán que es la escuela americana bien aprendida y que eso le da unidad al concepto informativo. Me vale madre, que lo hagan los gringos no quiere decir que esté bien y mucho menos que tenga buen gusto. Hay cosas que no termino de comprender de la cultura del entretenimiento. Es raro poner canal 2 y ver a Marisela Puicón y a Sofía Franco tratando sin éxito de cambiar de registro y poner cara de anti-alegría, incapaces de poner off a la exuberanacia de esos cuerpos tan moldeados para el goce visual. Me parece loco que América Televisión convierta su habitual logo naranja en un cuadradito en blanco y negro (luto) y al mismo tiempo transmita un nuevo episodio de Así es la vida.
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Chifamanía16
2007

ESCENAS CHIFESCAS AL FINAL DE UN DÍA TRÁGICO
Un terremoto de 7.9 te hace bailar en el asfalto, pedir ayuda, llorar, cruzar los dedos, clamar perdón, hace que te sientas minúsculo y mires al cielo y notes por una vez, chico listo, que al universo le importas bien poco. Un terremoto te hace pensar en la esencia absurda de todas las cosas, en la frágil escenografía de la civilización, en el poco sentido que tiene escribir sobre chifas o combis o buscar novia o novio cuando un sacudón de esa bestia irritada que es la Tierra puede borrarnos a todos en un parpadeo. Son más de las nueve de la noche, estoy vivo. Suele haber cierta melancolía atmosférica después de una catástrofe y creo que eso se siente en las calles. Veo la hora. Decido ir a un chifa, para el blog, sí, y porque me muero de hambre. No puedo llamar a nadie que me acompañe porque el maldito celular no funciona. Luces de neón a lo lejos: FA YIN. Camino. Se me ocurre que el lugar debe estar medio vacío pero cuando me acerco me doy cuenta de que no: el chifa está bastante poblado para un miércoles. Veo familias enteras, y me imagino que están aquí celebrando algo ciertamente celebrable: que están vivos y se quieren y pueden comer para contarlo. Así somos, pues: ya pasó el temblor, gordo, ¿un chifita?
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Chifamanía12
2007

EL DESENLACE DE LA HISTORIA DEL TRIPLE CRIMEN DE DASSO
La calle Dasso en San Isidro luce bien. Hay adoquines alegres colocados con esmero, juntitos, y sobre ellos descansan Alfa Romeos y Renaults y Meches que no hacen ruido pero brillan con la altanera luz de la bonanza selectiva, y la gente se reúne en cafés para chismear y mirarse y envejecer o hablar de negocios, o prender las laptops livianas que así, tan juntas, parecen hermanitas; también hay quienes van a librerías con ganas de ver portadas lindas gruesas de esas que quedarían tan bien en la mesa transparente del living. Pero en este mismo lugar, un domingo hace doce años, la calma fue interrumpida y el pánico encendió todas las miradas. Donde hoy hay un banco, había entonces un chifa, y en el chifa tres chicos fueron asesinados brutalmente por Abdel Coronado, un hombre que luego de dar 17 golpes de machete y robar 5,400 soles salió por la puerta del Chifast y se fue caminando a tomar una cerveza. Su periplo eriza la piel de solo recordarlo. Pero, ¿qué hizo luego Coronado?, ¿quién era este hombre al que llamaban ‘El Padrecito’?
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Chifamanía09
2007

UN ‘TRIPLE’ EN EL CHIFAST
La salsa de tamarindo no es el único jugo rojo que se derrama en los chifas. Basta tener cierta afición a las páginas policiales para darse cuenta de esta terrible y sanguinolenta verdad. Dirán que es prejuicio, me lloverán cartas, pero la estadística realidad es que hay cierta extraña maldición que vuelve a los chifas lugares propicios para los asesinatos más crueles y brutales (acaso cinematográficos). La historia que hoy contaré ocurrió hace más de diez años. La primera cadena de fast food de chifa iniciaba sus operaciones en Lima. Te encantalá, decía su eslogan y todos nos subimos con algarabía esnob a esa rara experiencia de servirse arroz chaufa en bandejas rojas para llevar al asiento. Era la época de la reactivación económica, del Perú renacido, de Fujimori reelecto en primera vuelta con dos tercios de los votos. Muchos jóvenes se subieron al tren del mercado libre y se enrolaron en los nuevos oficios: mozos, cajeros, vendedores; no era bueno el sueldo pero había sitio para todos y quién sabe, tú eras tu destino, algún día las cosas mejorarían. Al menos, era mejor que manejar una combi.
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Chifamanía05
2007

Fotos: Roxabel Ramón
CHAUFA A LO POBRE
Un arrullo familiar me acaricia las orejas. La combi me mece y me adormila con su luz lila y su reagetón oxidado, mientras avanza hacia los confines de la ciudad jardín y sus ventanas dejan ver fábricas tóxicas y feas. Se detiene de golpe y yo salto para abordar la acera, ágil blogger poniendo a prueba el poder antideslizante de sus Caterpilar bamba. Pero… un momento, no me digan qué… ¿de verdad se creen que voy a volver a escribir de combis? Ja. (Carcajada carcajada carcajada). Limpio las gotitas de café que acabo de botar en mi teclado de tanto reírme: lamento decepcionarlos pero no, la serie combis ya fue. Solo me he subido a una por razones profesionales, ya saben, aunque no parezca, este blog es mi chamba y por eso debo hacer ciertas cosas, como chapar una combi y llegar hasta aquí, o sea a Venezuela con Universitaria, la esquina donde se erigen los gloriosos muros de la combativa Universidad Nacional Mayor San Marcos, decana de América, cuna de amigos eternos y nido de lúcidos patriotas. He decidido bajar aquí por una razón simple: quiero un chifa al paso. Dos soles, nada más.
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Chifamanía02
2007

UNA RAZÓN MÁS PARA PEDIR CHAUFA
Que levante la mano el que no quisiera haberse empujado un chifa teniendo como mesera a la chinita Patty Wong. Mírenla bien y piensen en la posibilidad de ordenarle a los ojos un chancho con piña, una gallina chi jau kay y una inca-kola bien heladita, por fa, no te demores guapa. Ordenar: el solo verbo es ya una invitación a imágenes provocativas. Hay fetiches viejos que los hombres atesoramos en el cochino cajón de los disfraces (la dócil azafata, la ruda enfermera, la secre en mini), pero esta alucinada chifesca tiene el perturbador atractivo de ser real: Patty Wong fue mesera de un chifa de Barrios Altos antes de sacar dni y el solo hecho de pensarlo me devuelve esta mañana la cara de autogol: si el éxito consiste en estar en el lugar adecuado en el momento justo, ser un loser es perder los sucesivos trenes de la victoria y conformarse con ver a la chica más linda por televisión, cuando pudiste haberla encontrado alguna tarde de sol, volteando la esquina de aquel viejo chifa.
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Chifamanía29
2007

Foto: Enrique Castro-Mendívil
MODALES LANGOY
El de la izquierda de la foto soy yo, sometiéndome al tortuoso ritual de almorzar con la máxima autoridad pública de los buenos modales en el país. No me pregunten cómo llegué aquí. Es obvio que hay en la mirada de Frieda Holler cierta perplejidad y desaprobación hacia el afanoso escritor que esta tarde la ha invitado a comer chifa. Estamos en el Wa Lok de Miraflores, uno de los más ricos de la ciudad. Por fuera, el Wa Lok parece una cápsula espacial futurista con un casino debajo. El ambiente es bueno y el wantán frito es de los mejores que he probado. Pero que Frieda te vea tan cerca mientras comes es una de las cosas más abrumadoras y estresantes que existen. Alucinaaaa.
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Chifamanía25
2007

EL WANTÁN FRITO ES LO MÁXIMO
Mi primer contacto con un chifa fue agridulce (obvio, ¿no?). Retrocedo 25 años en la película de mi vida y detengo la cinta en un close up multicolor: la salsa de tamarindo viajando dentro de la bolsita transparente amarrada (como un diminuto cojín rojo) y los wantanes en las bolsas grandes que mi padre traía a la casa ciertas tardes de viernes. No era difícil para él darse el gusto. El chifa quedaba justo al frente de la residencial en la que vivíamos, en Barrios Altos, una quinta con un portón de rejas que daba al jirón Paruro, esa calle que para mis ojos siempre fue un sitio importante, mostro, pues era el lugar donde traían los televisores enfermos de la ciudad para que los curasen. O las radios. O los relojes. En ese entonces yo no sabía que estábamos a escasas cuadras de Capón y tampoco entendía qué era Capón o el barrio chino. Lo único claro para mí era que no existía una operación más grandiosamente humana —la humanidad era reciente, cuatro años de descubierta— que hundir la masa del wantán en la salsa de tamarindo y dejar el centro para el final, después de comer el crujiente contorno y así disfrutar al último de esa solitaria pelota rellena de carne. Calentita.
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Chifamanía19
2007

NUEVA TEMPORADA
A estas alturas la autoestima nacional está suficientemente trastornada como para que a nadie se le ocurra dudar que el chifa es peruano. Ya saben, son días de inflar el ego gastrónomo y preguntarse: ¿Existe algo más esplendorosamente peruano que un arroz chaufa? Por supuesto, cada victoria nacional es tarde o temprano silenciada por la violenta amplitud de ese matamoscas de largo alcance que es la derrota. Y entonces bajamos la cabeza y nos repreguntamos ¿y hay algo más jodidamente peruano que una cucarachita en el arroz chaufa?, ¿algo más peruano que ver, entre los cuadraditos de apio, aquel rostizado exoesqueleto mirándonos cachoso desde el más allá? Perú: país bipolar. Los miles de lectores de este blog que viven fuera del país ya están salivando imaginándose la jugosa densidad de una salsa de tamarindo. Pero los más fríos y racionales, esos aguafiestas que todo blogger aborrece, recuerdan en este mismo instante detalles tristes y feos del chifa de la esquina.


