Santa Lima

Septiembre 2009

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Chao (desde NYC)

Sep
05
2009

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La embarcación se acerca a la Estatua de la Libertad. Hay un alboroto. El yate —tres pisos— contiene a los nuevos alumnos de los diversos programas de graduados que empezarán a asistir a New York University en el otoño. Algunos traen su fotocheck. Deben ser más de cien, todos con cervezas y sonrisas y ganas de hacer amigos y amigas, you know what I mean. Hay música a todo volumen, esto es una fiesta sobre el río Hudson. Hay un DJ. Entonces empieza a sonar Billie Jean de Michael Jackson y todo el mundo delira porque Michael era tan grande, tan virtuoso, tan mágico, tan él, que ya no importa si tuvo nariz o solo una prótesis: es la leyenda más nueva en el frondoso escaparate nacional. Disfrutémosla. El yate avanza y la estatua de la libertad aparece más cerca que nunca, con su antorcha que ya se enciende porque casi es de noche y al caer la noche Manhattan se ilumina toda. Los parlantes retumban... Billie Jean is not my lover / Shes just a girl who claims that I am the one… La estatua es tan grande que todos la miran y la saludan: levantan la mano derecha como diciendo “chócatela” y gritan “huuuuuuuuu” de esa forma en que se rinde pleitesía a una estrella de rock… But the kid is not my son / She says I am the one, but the kid is not my son... Michael Jackson, la Estatua de la libertad, las cervezas, las cámaras digitales.

La estatua de la libertad pesa 225 toneladas. Michael Jackson pesa más o menos lo mismo. No es casual que coincidan.

(Esto es USA, pues, no se les olvide).

Pronto llegaré de vuelta a Harlem, Manhattan, donde estoy viviendo desde hace unos días. Subiré al metro y aprovecharé para hacer una de las cosas que más me gusta y que aquí puede hacerse sin problema: hablar conmigo mismo en voz alta. Teniendo una idea previa excesivamente ruda acerca de NYC, he sido muy rudo con la gente que ha venido a pedirme ayuda, a preguntarme qué línea del metro lo lleva a donde quiere ir: “I really have no idea”, he dicho fuerte, claro, sin mirar. Hoy manejé bicicleta (Lima’s style!) Hace dos días pedí una pizza por primera vez. Ya saben, la pizza de NY, ohhh. Grande y con Coke zero. Cuando trataba de explicarle al encargado que quería solo un “slice”, no una pizza entera él alzó la mirada y entonces vi en sus ojos el gesto inequívoco de un cómplice: el hombre hablaba español. Él de México, yo de Perú. Sonreí y le dije que quería una de pepperoni sin pollo. Afuera, un auto de la policía (NYPD) pasaba lento, una mujer negra caminaba con headphones rojos que parecían campanas y una rubia atravesaba el firmamento de mi espacio visual en patines. Las botas de otoño le van ganando el lugar a las sandalias gladiadoras (que se resisten a pasar de moda). Las balerinas ya fueron…

Les contaría más pero es tiempo de hacer un alto. Una pausa.

♥♥♥♥♥

Empecé este blog el 27 de marzo de 2007 y lo hice abordando un tema que algunos recuerdan: la combi. No me parecía un buen asunto cuando me lo propusieron, admito que el editor web tuvo que convencerme. El primer post, titulado “I love my combi”, llegó a los 70 comentarios y en esos días iniciales todavía recuerdo haberle hecho a mi amigo Renato Cisneros una pregunta ingenuamente competitiva: “¿Qué tal van tus comments?” (con el tiempo, el blog de Renato sería un megafenómeno de proporciones industriales). ¿A qué voy? A que desde entonces, Santa Lima no se ha detenido. Han sido diez temporadas como uno de los tres blogs de autor más leídos de El Comercio, cosa que agradezco y que ha sido el principal impulso para seguir (no mantendría un blog sin lectores).

Pero es momento de parar. Debo guardar silencio y dejar de escribir, al menos un tiempo. ¿Volveré? No podría asegurarlo, en todo caso, no depende solo de mí.

Las circunstancias han cambiado.

Para no ponerme triste, paso a utilizar el registro de un futbolista local mirándolos a la cámara: agradecer a toda la hinchada que me sigue, nosotros nos debemos a ustedes, lo que más quiero yo cada semana es llevar una alegría a toda esa gente, uno prácticamente se frustra cuando las cosas no salen pero yo pido paciencia, y a esos que insultan les diría que sean más concientes, que se pongan la camiseta y empujar, empujar, empujar…

—Excuse me, ¿Ya terminó?

(Está bien que sea NYC, pero una pizzería no es un café Internet).

Adiós. Dejo tres videos que, por diversos motivos, me tocan especialmente en este momento.

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Santa Lima: Bye Bye Perú
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