Enero 2009
31
2009

Foto: Revista Caretas
¿Perdón?
Tres palabras bastaron para hacer trizas lo poco que quedaba de una vieja amistad. Hoy recordamos el episodio como un momento inolvidable, surrealista, una alucinación febril capaz de dejar boquiabiertos a los televidentes más legañosos. Algo de fantástico hubo en todo aquello. Y no es que celebremos tamaña insolencia contra el más universal de nuestros novelistas, pero vamos, escuchar a Hernando de Soto decir lo que le dijo a Mario Vargas Llosa el domingo 25 de abril de 1993 fue uno de las mayores delicias que nos pudo dar el periodismo televisivo en los noventa. Cuánta elocuencia. Cuánta claridad. Cuánta desfachatez e inclemencia revelándose contra el aletargado espíritu de una ciudad acostumbrada a hablar bajito. En el país de las medias tintas y los murmullos, De Soto había tomado el otro sendero.
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TV Peruana27
2009

Bochorno en vivo
Nicolás Lúcar nunca podrá olvidar esa noche, la noche en que estuvo a punto de tirar su carrera por el acantilado y convertirse en el primer periodista de televisión que se suicida en vivo y en directo, ante la perpleja mirada de millones de espectadores. De hecho, muchos pensaron que, después de lo ocurrido, nunca más lo veríamos en las pantallas. Pero ya ven, a Lúcar lo encuentran todos los domingos a la misma hora con las pilas puestas y qué mejor homenaje para una trayectoria tan fructífera que este video, este hito de la televisión nacional, la “cuadrada” más famosa que jamás se transmitió en vivo. Valentín Paniagua al teléfono fono con Lúcar.
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TV Peruana23
2009

Caricatura de guerra
La propaganda es un arma de guerra que no mata, solo te vuelve imbécil: llega al cerebro como un virus pequeñito capaz de destruir el sentido común. La propaganda es el arte de eliminar los matices, de simplificar el universo en verdades duras (el bien y el mal, lo bello y lo feo). La propaganda exagera y miente. Tiranos y sátrapas la han fomentado para erigir un falso mundo de fantasía que adormile a las masas. Por eso, en muchos sentidos, la propaganda apesta. Pero hay momentos en que la propaganda es música y dan hasta ganas de dejarse llevar por su simpleza de caricatura. Uno de esos instantes ocurrió el 24 de setiembre de 1992, cuando el gobierno no tuvo mejor idea que presentar al ideólogo de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, con un traje a rayas, en una jaula que parecía sacada del Parque de Las Leyendas.
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TV Peruana18
2009

El golpe por TV
Creímos tanto en el Chino. Aquel 5 de abril de 1992 se apareció el la tele con su corbata, tan serio, tan preocupado, tan paternal y seguro de sí mismo, tan valiente que hasta su sola imagen parecía la confirmación de que, al cabo de tantas escrituras, periódicos amarillos y profetas falsos, el elegido estaba por fin entre nosotros (Fujimori Reeves que detiene el tiempo). ¿Disolver el congreso? ¿Dijo disolver? Sí, lo dijo. Abrazos y risas. Y aunque entonces no se había inventado el uso del término “otorongo” para insultar a los congresistas, ser diputado o senador no era precisamente un cargo de prestigio. Al contrario, la televisión les había hecho fama de holgazanes, chacoteros, y los había acusado de cometer el que, en la sensibilidad del ciudadano común, es el peor de los crímenes: ganar mucho dinero. Por fin alguien se ponía los pantalones y mandaba a esos comechados a su casa, por fin alguien alzaba la voz, alguien se encargaba de protegernos. Fujimori no era jefe de Estado, era un excelso anime japonés: cuando le tocaba pegar, salían chispas y relámpagos y truenos.
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TV Peruana10
2009

Cierra los ojos
Fue la transmisión en vivo más dramática y sangrienta de la historia de la televisión peruana, la más perturbadora, la más brutal, y la que despertó como ninguna el morbo inevitable de millones de espectadores. Rara vez la pantalla chica puede mostrar tan crudamente los límites de la condición humana en tiempo real y esta fue una de esas ocasiones. La mañana del martes 27 de marzo de 1984, doce presos del penal de El Sexto tomaron 15 rehenes para exigir que se les diera las facilidades necesarias para una fuga. Lo que parecía un motín de rutina a ser resuelto rápidamente por las fuerzas del orden terminó con disparos, cuchillazos y asesinatos en vivo. Algo que los medios de entonces definieron como una “orgía de sangre”.


