Quién nos entiende

Novedades en la categoría Yo sé cuidar mi cuerpo

5.08.09 87

Sobre la balanza

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Foto: Hannah Webster

Cuatro semanas y tres días. Eso fue lo que duró mi dieta. Solo aguanté 744 horas. Una vez que vi que los jeans ya no me reventaban y que podía sentarme tranquila sin sentir que el botón se me clavaba en la panza, claudiqué.

Siempre pensé que era de esas personas que nunca en su vida iban a ser capaces de ceñirse a un régimen alimenticio, que no tenía en mí la fuerza de voluntad necesaria para decirle no a todo lo rico y engordante.

Pero una tarde me sorprendí con el teléfono en la mano sacando cita con una nutricionista que me habían recomendado. Me sorprendí más dos días después cuando entré al consultorio de la doctora dispuesta a empezar a comer sano y a bajar todos esos kilos extras que me acompañaban a todos lados y que ya no podía ocultar más.

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17.06.09 43

De las mechas

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Foto: Lieutenant Major Malarky (ClintJCL)

Bastante hemos hablado de por qué razones, en qué momentos, bajo qué circunstancias y hasta con qué consecuencias hombres y mujeres discutimos, no nos comprendemos y nos mandamos a freír plátanos mutuamente.

Que si no nos escuchan, que si no les damos su espacio, que si reclamamos mucha atención, que si no podemos controlar los celos, que si no nos tienen paciencia… en fin, ¡mil cosas!

Pero ahora que Kina defenderá con los puños su título mundial (bueno, no podría hacerlo de otra manera ya que se trata de box) y que desde hace varios días se está peleando verbalmente con su rival, me puse a pensar ¿qué hay de las peleas entre mujeres? ¡Esas son las peores! ¿Alguna vez han sido testigos de la manifestación de la ira de una mujer hacia otra? Sí que se puede armar un torbellino, ¡un huracán de pasiones!

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12.05.09 119

Hoy no quiero, mañana tampoco

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Foto: Hannah Webster

Tengo un amigo que, desde hace varios meses, está atravesando por una crisis sexual con su enamorada. Por más que él se esfuerza en seducirla y conquistarla, nada. El pobre anda como en la canción de Franco De Vita, con una pena bien grande.

“No sé muy bien qué le pasa, no quiero ni preguntar. Antes que no le importaba, que a cualquier hora era igual (…) He consultado un experto, me ha dicho debo esperar. Ay que le tenga paciencia, que esto suele pasar…”

Al principio, él fue comprensivo: ella estaba muy ocupada, cansada y estresada por un nuevo proyecto que estaba desarrollando en el trabajo. Pero luego, eso se acabó; vino el verano y ni las calurosas y desenfrenadas noches de fiesta lograron ayudar a mi alicaído amigo. Simplemente naca la pirinaca.

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23.09.08 64

Y llega él...

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Foto: Annie Ominous

Justo cuando pensabas que lo habías superado por completo, cuando creías que ya habías pasado la página y cerrado ese capítulo, cuando sentías que tú y tu autoestima por fin habían crecido y madurado… una mañana cualquiera, aparece nuevamente en tu vida.

Te agarra totalmente desprevenida e indefensa, con el pelo todavía revuelto, con las legañas frescas en los ojos, con las marcas de las sábanas aún en la cara y, para colmo, sin haber tenido tiempo de ponerte los lentes para poder mirarlo bien. No es un sueño, lo tienes frente a ti: ¿Me resigno y trato de soportarlo mientras se quede? ¿Lo ignoro? ¿Peleo contra él haciendo uso de todas las armas imaginables? ¿O simplemente me escondo y espero a que se vaya?… ¡¿Qué hago?!

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10.07.08 71

Tortura en puntillas

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Foto: Tomy Pelluz

Cualquier noche de un jueves, viernes o sábado, podrán ver lo que un día M y yo “descubrimos” mientras comíamos papitas fritas en Larcomar. El reloj se acercaba a las once, habíamos llegado tarde al cine y estábamos acordando cuál sería nuestro próximo destino. De pronto, nuestro aburrido y lento proceso de grasosa masticación fue interrumpido por un constante ‘tac-tac… tac-tac’. Volteamos y vimos cómo decenas de chicas (y no tan chicas) empezaban a llegar a las puertas de Gótica y Aura.

La mayoría usaba jeans pitillos bien apretados y empinadísimos zapatos, esos que están de moda. Lo que nos llamó la atención fue que casi ninguna podía manejar bien los tacos y parecía que caminaran como si estuvieran pisando huevos o lo que era peor, como si acabaran de bajarse de un caballo. M y yo nos miramos y nos reímos. Ellas juraban que se veían lindas todas arregladitas, pero no se daban cuenta que la posición y movimiento del cuerpo ¡les mataba todo el look!.

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28.04.08 40

Una hora de engreimiento

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Foto: Rasulala

Ha hecho que me quite la ropa. No toda. Me pide que me eche, primero boca arriba. Toma una silla y se sienta a mis pies, mirándome. Yo cierro los ojos y trato de relajarme. Me concentro en mi respiración: inhalo profundamente por la nariz y exhalo lentamente por la boca. Me sugiere que visualice un paisaje bonito y tranquilo. “Si te quedas ahí, eso te va a ayudar”. Me toca y me doy cuenta de que se ha puesto unos guantes, de esos quirúrgicos que usan los dentistas y las peluqueras para teñir el cabello. Esparce un líquido por mis pies y empieza a frotarme. Yo trato de perderme en un mar celeste, en un paisaje que he copiado de la película “La playa”. “Si sientes dolor, avísame”. Yo murmuro un “ya”, y simplemente me dejo llevar…

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2.04.08 60

¡Mucho ojo con los taxis!

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Foto: Joaquín Ortiz

Hubo una época en la que, con la soltería recién estrenada luego de una relación de casi tres años, me creía una mujer totalmente superada e independiente. Para ser completamente sincera, tengo que decir que me aloqué un poquito (bueno, para algunos puede ser algo normal, pero para mí no lo era): Salía y me amanecía casi todos los días.

Para hacer la historia corta: Si me llegaba un mensaje tipo “Estoy en La Noche. Daniel F va a tocar en un rato, ¿por qué no te vienes?” o “Estamos en el Oso, ¡ven!”, no lo pensaba dos veces. Así ya estuviera con pijama en mi cama por fin descansando y a punto de dormir, me paraba, me vestía, me arreglaba, agarraba mi cartera y salía de mi casa.

Con el reloj marcando –a veces- la media noche, caminaba segura y confiada hacia la avenida y estiraba la mano apenas divisaba el primer taxi. Una vez pactada la tarifa, subía sin miedos ni preocupaciones (ni me fijaba bien, ¡qué tonta!). Lo peor es que hubo veces en las que a la hora de regresar, a falta de compañía, de tiempo o de ganas de esperar a que llegue el taxi seguro –y a veces también por tacañería-, también tomaba un taxi cualquiera de la calle, en plena madrugada, inclusive después de haberme tomado unos tragos. Así de simple, sin más ni más.

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27.03.08 43

No dejemos que el espejo nos traicione

Cuando estaba en secundaria alguna vez escuché rumores como estos: Después de comer, fulanita se va al baño y se mete el dedo en la garganta hasta que vomita… ¿Has visto que menganita se ha bajado de peso un montón? La he estado observando y hace tiempo no la veo comer… Dicen que sutanita se roba las pastillas de dieta de su mamá y que se las come como caramelos…

Foto: ·S

Si eran verdad o no, nunca me constó. El punto es que, quizás ahora más que antes, la anorexia nerviosa y la bulimia son una triste realidad. Son enfermedades psiquiátricas con severas y hasta fatales consecuencias. Ambas tienen como origen la excesiva preocupación por el peso y el aspecto físico, y por eso muchas personas tienden a confundirlas entre sí.

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ACERCA DEL AUTOR

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Tatiana Perich

Crecí rodeada de hermanos y primos hombres. Gracias a ellos (o por su culpa) no salí ‘lady’, pero sí algo engreída… Hay que aceptarlo. Un año en Estudios Generales Ciencias bastó para que me diera cuenta de que la ingeniería no era lo mío. Di un giro de 180 grados, me cambié de universidad y decidí estudiar comunicaciones. Así que, aquí me tienen de periodista. En el 2006, llegué –en calidad de practicante- a la sección Vida & Futuro de El Comercio. Pasaron los meses, terminé la universidad y entré a la redacción de esta página web, una redacción en la que predomina la presencia masculina. La verdad es que escucharlos todos los días me ha hecho pensar que sí, las mujeres tenemos mil detalles y puede ser un poquito difícil comprendernos.

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