
Últimamente me he estado preguntando en qué radica la femineidad. Es decir, qué es lo que nos hace más o menos ladies ante el ojo ajeno.
¿Por qué estoy pensando en esto? No lo sé, quizás el tráfico que he enfrentado sola todas las noches de la semana pasada me dio demasiado tiempo para cavilar… O quizás todo empezó el día que me desperté y, por esas cosas raras de la vida, decidí venir a trabajar no en zapatillas, balerinas o en botas chatas como siempre, sino en tacos, nada más y nada menos que en taco 9.
Tengo que ir acostumbrándome, me dije. ¿Cómo no voy a sufrir cuando me los pongo si nunca los uso?, pensé. Además, son el tipo de zapatos en el que más dinero gasto y es un poco irónico que casi todos los días se queden guardados en el clóset. Con esto último me terminé de convencer y salí de mi casa en mis lindos zapatos plomos… tac-tac, tac-tac.
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Cuatro semanas y tres días. Eso fue lo que duró mi dieta. Solo aguanté 744 horas. Una vez que vi que los jeans ya no me reventaban y que podía sentarme tranquila sin sentir que el botón se me clavaba en la panza, claudiqué.
Siempre pensé que era de esas personas que nunca en su vida iban a ser capaces de ceñirse a un régimen alimenticio, que no tenía en mí la fuerza de voluntad necesaria para decirle no a todo lo rico y engordante.
Pero una tarde me sorprendí con el teléfono en la mano sacando cita con una nutricionista que me habían recomendado. Me sorprendí más dos días después cuando entré al consultorio de la doctora dispuesta a empezar a comer sano y a bajar todos esos kilos extras que me acompañaban a todos lados y que ya no podía ocultar más.

Crecí rodeada de hermanos y primos hombres. Gracias a ellos (o por su culpa) no salí ‘lady’, pero sí algo engreída… Hay que aceptarlo. Un año en Estudios Generales Ciencias bastó para que me diera cuenta de que la ingeniería no era lo mío. Di un giro de 180 grados, me cambié de universidad y decidí estudiar comunicaciones. Así que, aquí me tienen de periodista. En el 2006, llegué –en calidad de practicante- a la sección Vida & Futuro de El Comercio. Pasaron los meses, terminé la universidad y entré a la redacción de esta página web, una redacción en la que predomina la presencia masculina. La verdad es que escucharlos todos los días me ha hecho pensar que sí, las mujeres tenemos mil detalles y puede ser un poquito difícil comprendernos.