
Bastante hemos hablado de por qué razones, en qué momentos, bajo qué circunstancias y hasta con qué consecuencias hombres y mujeres discutimos, no nos comprendemos y nos mandamos a freír plátanos mutuamente.
Que si no nos escuchan, que si no les damos su espacio, que si reclamamos mucha atención, que si no podemos controlar los celos, que si no nos tienen paciencia… en fin, ¡mil cosas!
Pero ahora que Kina defenderá con los puños su título mundial (bueno, no podría hacerlo de otra manera ya que se trata de box) y que desde hace varios días se está peleando verbalmente con su rival, me puse a pensar ¿qué hay de las peleas entre mujeres? ¡Esas son las peores! ¿Alguna vez han sido testigos de la manifestación de la ira de una mujer hacia otra? Sí que se puede armar un torbellino, ¡un huracán de pasiones!
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Será porque simplemente hay aspectos de nuestras vidas que simple y llanamente a ellos les tiene sin cuidado y no les importa ni un pepino, lo que hace que en determinados momentos –justo cuando es nuestro turno al micrófono y estamos dando una charla más en la conferencia de nuestras vidas- ellos desarrollen una suerte de sordera selectiva.
O será que nuestras diferencias son tantas que también alcanzan el área cognitiva y de lenguaje, a tal punto que para lo que nosotras es un reflejo policromático de un objeto que nos permite apreciarlo desde diversos ángulos, para ellos es solo una mancha difusa.
¿Qué será, qué será?
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Crecí rodeada de hermanos y primos hombres. Gracias a ellos (o por su culpa) no salí ‘lady’, pero sí algo engreída… Hay que aceptarlo. Un año en Estudios Generales Ciencias bastó para que me diera cuenta de que la ingeniería no era lo mío. Di un giro de 180 grados, me cambié de universidad y decidí estudiar comunicaciones. Así que, aquí me tienen de periodista. En el 2006, llegué –en calidad de practicante- a la sección Vida & Futuro de El Comercio. Pasaron los meses, terminé la universidad y entré a la redacción de esta página web, una redacción en la que predomina la presencia masculina. La verdad es que escucharlos todos los días me ha hecho pensar que sí, las mujeres tenemos mil detalles y puede ser un poquito difícil comprendernos.