Quién nos entiende

Julio 2008

23.07.08 75

¡Quiero ser mejor que ella!

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Foto: Hannah Webster

Cuatro mujeres, una al costado de la otra, compiten por ser la más independiente, la que tiene más novios o la que disfruta más hacerse la cera (¿?). Se emocionan, exageran, se sienten amenazadas, se inventan cosas, se sienten orgullosas… En ese momento el único propósito que tienen es “ganarle” a la que habló antes que ella. Y sí que la cosa se pone difícil.

Es sábado en la noche y las Marías provocan sendas carcajadas en el público del Satchmo. Realmente son divertidas. Pero una vez que acaba el espectáculo, después de haberme tomado un trago con las amigas con las que fui, luego de que me volví a reír recordando algunos de los sketchs más hilarantes, justo cuando estoy a punto dormir, se me vienen a la cabeza las escenas de la competencia y finalmente, entrando a la nebulosa, puedo admitir que las mujeres, consciente o inconscientemente, competimos entre nosotras.

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15.07.08 120

Hijas desfloradas

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Foto: d-d-daisy

Flor. Sí, algunas personas aún utilizan ese término para referirse a esa palabra con ‘uve grande’. Así: V, en mayúsculas. Para estas personas “la flor” es lo más preciado que una mujer puede tener, y por ello tiene que guardarla, cuidarla y sobre todo, no entregársela a cualquiera, mucho menos, al primero que se le cruce. ¡Ay, la flor! La indefensa, inocente, pura, delicada y sagrada flor…

Si revisamos el diccionario, veremos que efectivamente el verbo desflorar tiene dentro de sus significados el acto de desvirgar; es decir, “quitar la virginidad a una doncella”. Entonces, fuera de que me parece cursi, el término “flor” tiene algo de razón de ser, a no ser que el verbo haya sido creado a partir del uso de la palabra… ¿?

En fin… Sea como sea, el hecho de que algunos padres y madres consideren que si sus hijas pierden su “telita” se convierten en “mercancía dañada” me parece algo medieval. Sin embargo, hablar del tema con mi mamá, compartir esa parte íntima de mi vida, a pesar de que tenemos una muy buena relación y todo, se me hizo (hace) difícil. Y podría asegurar que a muchas de ustedes les pasa lo mismo.

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10.07.08 71

Tortura en puntillas

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Foto: Tomy Pelluz

Cualquier noche de un jueves, viernes o sábado, podrán ver lo que un día M y yo “descubrimos” mientras comíamos papitas fritas en Larcomar. El reloj se acercaba a las once, habíamos llegado tarde al cine y estábamos acordando cuál sería nuestro próximo destino. De pronto, nuestro aburrido y lento proceso de grasosa masticación fue interrumpido por un constante ‘tac-tac… tac-tac’. Volteamos y vimos cómo decenas de chicas (y no tan chicas) empezaban a llegar a las puertas de Gótica y Aura.

La mayoría usaba jeans pitillos bien apretados y empinadísimos zapatos, esos que están de moda. Lo que nos llamó la atención fue que casi ninguna podía manejar bien los tacos y parecía que caminaran como si estuvieran pisando huevos o lo que era peor, como si acabaran de bajarse de un caballo. M y yo nos miramos y nos reímos. Ellas juraban que se veían lindas todas arregladitas, pero no se daban cuenta que la posición y movimiento del cuerpo ¡les mataba todo el look!.

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2.07.08 64

Drama queen

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Foto: margot.capespine

Llegué a mi casa totalmente intranquila. No cabía en mi pellejo; y no de felicidad, sino de angustia. Las doce cuadras que separaban su casa de la mía las había caminado rápido, a un solo ritmo, sin fijarme en la gente con la que me cruzaba o en los carros que pasaban, concentrada en lo que había pasado minutos antes, en la pelea que habíamos tenido. Estaba cansada físicamente, pero sobre todo, emocionalmente.

La casa estaba vacía, todos habían salido. Había empezado a oscurecer y las sombras, refugiadas en las esquinas de los pasadizos y en los quiebres de las escaleras, empezaban a invadirlo todo. Nunca me había gustado estar en casa sola. La sentía muy grande y me daba algo de miedo.

Prendí todas las luces y entré a mi cuarto. Encendí un cigarro y me senté a fumarlo en mi cama. ¿Por qué habíamos peleado? ¿Por qué me había dejado salir de su casa molesta sin retenerme? ¿Había sido mi culpa? Ahora, ¿qué iba a hacer? El humo entraba a mis pulmones y sentía que cada vez me faltaba más aire. De pronto me pareció escuchar bulla en la cocina. Me asusté. Dejé de respirar para poder escuchar mejor. A los pocos segundos, escuché otro ruido. Alguien se ha metido en la casa, pensé.

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ACERCA DEL AUTOR

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Tatiana Perich

Crecí rodeada de hermanos y primos hombres. Gracias a ellos (o por su culpa) no salí ‘lady’, pero sí algo engreída… Hay que aceptarlo. Un año en Estudios Generales Ciencias bastó para que me diera cuenta de que la ingeniería no era lo mío. Di un giro de 180 grados, me cambié de universidad y decidí estudiar comunicaciones. Así que, aquí me tienen de periodista. En el 2006, llegué –en calidad de practicante- a la sección Vida & Futuro de El Comercio. Pasaron los meses, terminé la universidad y entré a la redacción de esta página web, una redacción en la que predomina la presencia masculina. La verdad es que escucharlos todos los días me ha hecho pensar que sí, las mujeres tenemos mil detalles y puede ser un poquito difícil comprendernos.

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