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Protagonistas del siglo XX
25.02.11

Archivo de la imagen y la palabra: Conversación con Julio Ramón Ribeyro

En esta nueva entrega de una serie conversaciones con los protagonistas del siglo XX, les presentamos un resumen en video y la transcripción completa de una conversación con nuestro notable escritor Julio Ramón Ribeyro que se realizó en 1983

Julio Ramón Ribeyro: El asunto de las memorias es un tema que me atraía hace ya muchísimo tiempo por varias razones, una de ellas es que los libros de memorias por lo general tienen una estructura más libre que las novelas, tal como se concibe una novela en nuestra época; el argumento tiene que estar muy bien pensado y planeado de antemano, es mas rígida la estructura y sometida a convenciones rigurosas, al menos tal como yo concibo la novela, mientras que un libro de memorias es un libro abierto en el cual uno puede decir lo que quiere, como quiere, es un libro que no tiene por qué terminarse, como con una novela, el libro de memorias solo termina con la vida del autor, es uno de los motivos que me atraía particularmente en el libro de memorias, si se quiere de recuerdos, hay sutilezas pequeñas entre ambas. Ahora bien, el otro aspecto del libro de memorias es que es un género poco cultivado entre nosotros, es raro, yo conozco muy pocos escritores peruanos que hayan escritos sus memorias, más han sido políticos, ministros o qué sé yo, prefectos, pero no escritores, y en cuanto a la forma en que entro en este libro es un asunto que todavía estoy por decidir, porque al comienzo, hasta donde he podido escribir, era yo un personaje demasiado pacífico, es decir, un simple espectador de lo que sucedía y prácticamente no figuraba como protagonista, sino como observador, y creo que esto le quita el verdadero interés a las memorias, evidentemente autobiográfico, y en lo que lo personal debe de ser muy importante, quizás esto se debe a que la parte que he escrito hasta el momento se refiere a mis antepasados, y naturalmente, si hablo de mis antepasados, sería un transcriptor de lo que he escuchado decir o he sabido a través de mis padres, los he podido leer en correspondencias antiguas o descubrir en un álbum de familia, de modo que es el momento de mi nacimiento, que supongo que tendré que intervenir como protagonista y centro, si se quiere decir de este libro de memorias.

Ahora, por lo que me cuentas, la parte que has hecho es la de tu familia, y el tratamiento anterior que le habías dado a ese tema era, fundado en “Los geniecillos dominicales”. En “Los geniecillos…”, la imagen es de antecesores muy importantes, en la vida política, diplomática y luego, una decadencia constante en la familia, que va produciendo una especie de desplazamiento, que en el personaje de “Ludo Totem”, viene a ser un desplazamiento un poco grotesco y por otra parte muy doloroso, ahora que estás tratando este tema con otra perspectiva, ¿qué perspectiva estás tomando con esa familia que tiene clases públicas, que tiene esa importancia social en el Perú?

Bueno, parece curioso, pero como he tenido que tratar de mis antepasados he tenido que utilizar las dos vertientes de las cuales provengo, la paterna y la materna, y al tratar estas dos vertientes, hasta el momento en que concluyen cuando yo nazca he observado que tienen un movimiento opuesto y contrario por el lado paterno, se trata de una familia de la alta burguesía republicana que ocuparon cargos muy importantes en la diplomacia, en la magistratura en la universidad, es una familia que de generación en generación había ido perdiendo un poco de su prestigio e importancia, un poco de poder, mientras que por el lado materno era todo lo contrario, era una familia de clase media, provinciana, que había empezado a emerger, de Cajabamba a Cajamarca, de Cajamarca a Junín y de Junín a Lima, entonces, por un lado hay una decadencia, el término creo que es muy fuerte, pero una pérdida de importancia social y económica, y por el lado materno una familia en emergencia. Entonces estas dos corrientes, se cruzan en un momento dado de modo que si me ubico en la línea paternal bajé, pero si me ubico en la línea materna soy un hombre de clase media provinciana que ascendió.

¿Pero tú con qué rama de la familia te identificarías más?
Es curioso, quizá por una cuestión de tradición o culturales en nuestro país me siento mucho más cercano a mi familia materna, por otro lado, en mi familia paterna no me quedan casi parientes, porque mi padre no tuvo hermanos, y no tengo primos, en cambio por el lado materno tengo cantidades de primos, sobrinos, tíos y una familia que se ha multiplicado, y ha alcanzado ciertas posiciones o cargos.

Sin embargo, toda la trayectoria intelectual de diplomáticos, rectores, que de alguna manera está en el mundo de los intelectuales, sería más bien de la familia paterna y la familia materna con ese origen provinciano en algún momento influye sobre ti para tener un provinciano o no.
Sí. Para mí ha sido muy importante, gracias a esa familia tengo el conocimiento de un mundo andino, no solamente porque aún les quedan algunas propiedades, sino porque al contacto con ellos he conocido, me han contado, siempre he oído hablar de los problemas y de los sucesos que ocurrían en Junín o Tarma o Cajamarca, zonas de donde procede mi familia materna.

¿Crónicas de San Gabriel tiene algo que ver con eso?
Sí, tiene que ver con una historia que ocurre en una de las haciendas de uno de mis parientes, una hacienda que él administraba porque no era de su propiedad y todos los personajes son parientes por la rama maternal.

Pasando tal vez a otro tema, yo creo que para ti pudo ser muy importante el primer viaje a Europa, sobre eso podríamos conversar desde varias perspectivas, por una parte la pregunta que ya se te ha hecho varias veces: ¿Por qué te fuiste? La segunda es finalmente después de tantos años: ¿Crees que fue una opción equivocada o una opción correcta?
Sí, yo preferiría comenzar por la segunda parte de tu pregunta, ya muchas veces me han interrogado sobre si fue una buena decisión eso de viajar a Europa o no, porque viajar a Europa significaba no solamente irse del Perú, sino abandonar una carrera que ya había terminado, Derecho, que era la carrera que justamente era de mis antepasados paternos, así que justamente por ese lado tenía posibilidades abiertas de calar en el campo del Derecho, y muchas veces me he dicho que yo hubiera podido llegar a ser un grandísimo magistrado y un funcionario importante, y eso me hubiera satisfecho mas desde un punto de vista personal, del prestigio y la vanidad, que el hecho de ser escritor. Y yo me hice esta reflexión cuando hace unos meses me encontraba en París con un problema jurídico, yo como hace 30 años que no tengo nada que ver con el Derecho, sin embargo, por una especie aquí de conocimiento innato, ancestral, resolví el problema jurídico en un minuto, hice una serie de razonamientos de tipo lógico, consulté un código que se encontraba en la oficina y resolví el problema, y me dije: ¡caramba, después de 30 años de no practicar el Derecho puedo resolver esto, si me hubiera dedicado a las ciencias jurídicas pues hubiera descollado mucho!, eso es curioso, yo recuerdo que se dice: “En el fondo de cada notario hay un poeta escondido”, pues yo invertiría la figura y diría: “Detrás de cada poeta hay un notario”.

¿Tú crees que de haber optado por el Perú, tal vez no hubieras seguido escribiendo?
Sí, pero seguramente hubiera escrito cosas completamente diferentes, no sé si mejores o peores, pero hubiera sido diferente. Y es muy probable, no descarto la posibilidad, que de no haber seguido escribiendo, porque me hubiera dejado ganar por la profesión de abogado, que exige mucho esfuerzo y trabajo, compromisos, probablemente hubiera abandonado la literatura.

Ahora tú te planteas el viaje como un viaje literario, como que vas a escribir, vas a una ciudad consagrada por la tradición literaria, ¿te plateas en términos literarios tu viaje?
Sí, pero yo creo que era una especie de miedo a afrontar una responsabilidad de tipo profesional. Como yo había terminado Derecho y tenía que comenzar a trabajar y enfrentarme a la vida de adulto, hasta entonces no había trabajado, solo estudiado, y si trabajaba era esporádicamente, era el momento de trabajar y ejercer una profesión, y a mí me daba miedo, tenía desconfianza, temor, entonces el viaje era una forma de dilatar esa responsabilidad y aplazarla por un año que sería como una pausa, pero el asunto fue que se prolongó, de un año paso a dos, tres, cuatro, cinco y al final seis años. En esos seis años me había distanciado de las cuestiones de Derecho, me había olvidado de las responsabilidades de ejercer esta profesión, había escrito y publicado ya mi primer libro, “Los gallinazos sin plumas”, y había entrado ya en el mundo de la literatura.

Ahora, eso no fue una decisión única, sino que se prolongó a lo largo del tiempo, no regreso este, sino el siguiente, y se prolongó, y llegas al Perú como un escritor.
No regresé por cuestiones propias, y muchas veces materiales. Tenia un trabajito en Europa que me permitía vivir, o porque viajaba a otro país y llegando me quedaba más tiempo del pensado. En fin, no tenía un plan trazado de antemano, no decidí quedarme seis años, sino que a los seis años se me acabaron las posibilidades en Europa y me parecía algo escandaloso estar sin un trabajo permanente, lejos de mi familia, es por eso que regreso al Perú para trabajar y ver qué podía hacer ahí. Eso fue lo que hice, regresé al Perú en el año 58, pero después de seis años de ausencia me encontré bastante desadaptado, tengo que reconocerlo, con respecto a mi familia, incluso con mis amigos, en fin, con las relaciones, habían adquirido otras costumbres, me encontré muy desadaptado, y bueno volví hasta ahora.

Después de toda esta experiencia en Europa, ¿qué es lo que te resulta lo más gratificante, qué te resulta más importante o productivo en tu vida?
Yo creo que es en cierto sentido la independencia, en el sentido de que el hecho de vivir en Europa, lo convierte a uno en un extranjero, uno nunca deja de ser extranjero, uno se siente marginal, no se siente concernido de los problemas que están en el país en forma muy directa porque no son tus problemas, eso te permite transmitir con cierta frialdad, dependiendo también en el sentido de que no estás presionado por el medio familiar o el de amigos, el medio político no te envuelve, no te obliga a tomar decisiones ni adquirir compromisos, llevas una vida independiente, lo que me ha permitido escribir con cierta tranquilidad, con cierta libertad.

Eso significaría que no te has incorporado del todo a la vida francesa, no te sientes concernido.
En lo absoluto.

¿Y eso también lo has escogido tú así?
Digamos que yo también lo he escogido así. En principio hay que reconocer que los medios intelectuales y culturales son bastante cerrados, y los que quieren entrar les cuesta trabajo y es raro que se logren incorporar, por mi parte yo no he tenido la mayor curiosidad de pertenecer a grupos, clanes, capillas, etc. en Francia. No me interesaba realmente.

Y viendo la otra cara de la moneda, con tus regresos a Lima, que solían ser mas espaciados y ahora son mas frecuentes, ¿qué sensación te deja al haberte quedado fuera de este mundo al considerarte medio extranjero?
También es eso una de las consecuencias de la distancia, y el estar en el extranjero te permite acentuar tu marginalidad, porque no solo eres marginal en el país en el cual estás viviendo, sino también en tu propio país por venir de cuando en cuando.

El tema de la marginalidad muchos críticos lo han visto reflejado en tu obra y en muchos sentidos, no es solo una confirmación literaria sino vital, sin embargo, en tu juventud estabas muy ligado a lo que era la generación del 50, viendo que era un grupo de gente que se buscaba mucho, que de alguna manera estaba en “Los geniecillos…”, ¿podrías contarnos el sentido de una generación de muchachos que comenzaba a escribir y a pertenecer a una generación?
Sí, yo creo que fue la única vez en mi vida que me sentí identificado con un grupo y compartir momentos muy gratos y dolorosos. He compartido aventuras, lecturas, ideas y sentimientos, ahora, eso se dio en mi caso porque era joven, sucedió a los 20 años, por ahí, el asunto empezó cuando entré a la universidad, yo estaba en la Universidad Católica, pero tenía muchos amigos que habían ingresado a San Marcos, por eso al mediodía yo iba a San Marcos, al patio de letras, y debo de reconocer que mis amigos Sanmarquinos eran más apasionados a la literatura que los propios de la Católica, es ahí en San Marcos donde conocí y frecuente a Washington Delgado, Juan Gonzalo Rosé, entre otros nombres que me olvido, y con todo este grupo nos reuníamos en cafés como el Palermo, y con todo este grupo quiero hacer mención especial al doctor Jorge Puccinelli.

Los otros narradores del 50 creo que no tuvieron una relación tan estrecha con el grupo, me refiero con Vargas Vicuña.
Vargas Vicuña era como una estrella, un aerolito, pasaba y aparecía muy distantemente.

Normalmente como escritor muy joven, como lo eras tú en ese momento, tiene una especie de proyecto de lo que quiere hacer, tú ya sabías que no ibas a escribir poesía, sino que ibas a hacer prosa, cuento y novela. Creo que hay un reportaje que te hacen en la Gaceta de Lima donde planteas un proyecto muy innovador de la narrativa peruana, ¿Tú notas que eso te funcionó, qué pasó con esa idea, por qué tu primera novela es un tanto experimental, y luego regresas a un estilo menos experimental? ¿Cómo ves el problema a esta altura?
Yo recuerdo que hablo de esto en la Gaceta de Lima, pero me parece que más que a la técnica propiamente dicha me refería al lenguaje o al punto de vista narrativo. Yo recuerdo que en esa época traté de hacer narrativa de vanguardia, por llamarlo de algún nombre, recuerdo esa época, un poco influido por Joyce, porque lo había leído poco y mal, de ahí lo leí mejor y más tarde en Europa, también por Kafka, traté relatos y también en alguna oportunidad una novela, busqué formas de expresión más novedosas, más actuales, pero me di cuenta deque no iba con mi temperamento o genio particular, más bien me sentía preso y amanerado y por eso al poco tiempo desistí y dije: “Voy a escribir como me salga naturalmente, si es una forma sencilla y directa, tanto peor, así escribo yo”.

De todas maneras en ese momento, si no un enfrentamiento, un deslinde con los maestros, que realmente eran todos de la corriente indigenista, Ciro Alegría, Arguedas y tú comienzas totalmente de forma independiente, creo que leí una cosa muy elogiosa sobre Arguedas, pero realmente tu camino tú lo inicias por otro lado, por supuesto hay una cuestión de tipo personal, tienes esa experiencia del mundo andino, pero no en la magnitud de Alegría y Arguedas, pero en términos puramente literarios eso marcaba el inicio de una nueva era, ¿cómo veías en esos momentos a Alegría y Arguedas?
Te lo voy a decir con toda libertad, yo nunca he tenido maestros literarios, y sobre todo porque no los he conocido en el Perú en ese momento. Es curioso, pero en otras ramas los historiadores de la época tenían a Porras, o en otras disciplinas pudo haber sido Valcárcel, pero yo creo que en la literatura los narradores no tenían un punto de referencia, el único era Alegría, porque Arguedas no había publicado “Los ríos profundos”, de modo que no tenía ninguna orientación dentro de la literatura peruana. Y Ciro Alegría era un buen escritor pero a mí nunca me llegaba a emocionar ni nada, lo leía un poco, como quien lee una novela exótica, era un mundo tan diferente al que yo conocía que tampoco podía aprender mucho de él. De modo que cuando estuve en el Perú he tenido la sensación de no tener maestros y cierto sentido de orfandad, no creo que otro país de Sudamérica pasaba eso, ya los argentinos tenían a Borges y otros narradores excelentes.

Y en ese tiempo leías otro tipo de obras, como “La casa de cartón”. ¿Cómo introducías tu obra en la literatura peruana?
Yo conocía muy poco de la literatura peruana, yo conocía a Valdelomar porque había sido amigo de mi padre, tenía libros de Valdelomar dedicados y etc., a Ricardo Palma, a González Prada, pero con la literatura más moderna del Perú, no mucho a Vallejo, yo lo leí en Madrid, Martin Adán no se veía en la escuela ni en la universidad en esa época, recién en Europa leí “La casa de cartón”.

¿En esa época cuáles eran tus lecturas?
Mis lecturas eran más que nada libros extranjeros, eran autores del siglo XIX, que para mí es la mejor lectura universal, y del siglo XX solo las traducciones de editoras mexicanas.

¿Practicas la relectura?
Yo creo que a partir de los 45 años uno aprende a releer, y no sé si es un símbolo de madurez o de vejez, yo releo libros que había leído en mi adolescencia y a los cuales no les había prestado mucha atención, qué te digo yo, Stendhal, lo había leído a los 16 años y francamente no me había parecido apasionado, y bueno, leerlo unos años después en su idioma original, francés, en Francia, y conociendo mejor la sociedad, es una relectura muchísimo mas profunda e interesante.

Digamos que el existencialismo viene a ser la filosofía de la generación.
Sí, esa era la corriente que estaba de moda, pero si tú quieres el existencialismo de Sartre, lo interpretábamos de una forma de vivir, era vivir en un barrio latino, con el cabello largo, ir a determinados bares, como El Camaleón.

De esa primera etapa en Europa tú te relacionas mucho con gente peruana.
Víctor Lee, que estuvo mucho tiempo en París, y muchos amigos pintores, como Rodríguez Larraín, Carlos Bernasconi, entre otros. Los pintores estaban recién empezando a pintar, eran muy jóvenes y durante mucho tiempo frecuentaba más a los pintores que a los mismos escritores, la explicación más lógica que encuentro es que los pintores eran muy buenos cocineros, siempre he encontrado una habilidad en los pintores para cocinar y ellos mismos lo reconocen, debe ser una disposición plástica o cosas que se hacen con las manos que los hace buenos cocineros, como a mí me gustaba también cocinar y hacíamos reuniones que se hacían entre otras cosas, cocinar, y esa es una de las razones por las que frecuentaba a los pintores, y la otra es que no hablaba de literatura.

¿Nunca te ha interesado la literatura como tema de conversación?
Sí, pero solo con personas que tenían mucha agilidad y reconozco que para mí esas conversaciones han sido verdaderas enseñanzas y clases que me han enseñado más que las mismas clases, en particular mis conversaciones literarias con Víctor Lee, porque era un apasionado y tenía una cultura literaria muy completa, aparte de la filosofía teníamos grandes discusiones. Y después una conversación que he tenido es con Julio Loayza, pero con el resto de mis amigos escritores he conversado muy poco de literatura. Con Vargas Llosa hablamos de muchísimas cosas pero nunca de literatura o de lo que vamos a hacer.
Ya que salió el tema de Vargas Llosa, en el momento en el que surge la nueva narrativa, cuando empieza a aparecer “Rayuela”, “La ciudad y los perros”, ¿cuál es tu primera reacción en ese momento, frente a los nuevos narradores latinoamericanos que van apareciendo? Porque antes no funcionaba el sentido de literatura Latinoamericana, conocíamos muy poco de lo que sucedía en México, Argentina, Colombia.

¿Qué sentiste tú?
Me hubiera gustado pertenecer a ese grupo, te hablo de cosas que sucedieron hace 25 años, pero el ‘boom’ fue uno netamente novelista, mientras que yo escribía netamente cuentos. Hacia el año 65 yo había publicado ya dos novelas, y no tenía una tercera para mandarla a una editorial que apadrinaran el ‘boom’, lo que tenía eran puros cuentos, y en Europa veían al cuento como un pariente pobre de la literatura y los publicaban solo en circunstancias muy extremas. No había mayor interés.

¿Para ti el ‘boom’ no significa nada?
Bueno, es un fenómeno muy importante y beneficioso para América Latina y queda al mismo nivel que la literatura norteamericana.

Con respecto a los escritores mas jóvenes, hemos hablado de la generación del 50 y evidentemente en el caso de la narrativa lo más importante fue Vargas Llosa, tu conocías a Mario desde antes que el escribiera “La ciudad y los perros”.
Sí, justamente yo conocía a Mario desde Lima, cuando vine lo conocí en el 59, cuando él estaba a punto de viajar a Europa porque había ganado uno de los tantos primeros premios que ganó en su vida, y lo conocí y era un hombre sumamente joven en esa época, tenía como 20 años, pero se le veía un hombre sumamente maduro, usaba chaleco y corbata, estaba casado y para mí era inconcebible que un hombre siete años menor fuera casado, y tenía una gran seguridad en si mismo. Viajó a Europa en el 60 y cuando yo volví a Europa, ahí si nos hicimos muy amigos porque trabajamos juntos en France Presse como redactores y traductores junto con Lucho Loayza. En esa época hablábamos un poco de literatura y leíamos nuestros textos, y recuerdo que Mario alguna vez me prestó una primera versión de “La casa verde”, por el año 61, y a mí me pareció muy mala, lo conversé con Lucho Loayza y él le dijo a Mario que lo botara a la basura, pero era una versión muy corta. En una ocasión Mario me enseñó los tres primeros capítulos de “La ciudad y los perros”, lo leí y me di cuenta de que había un gran escritor, le dije a él: “Si sigues manteniendo ese nivel vas a llegar al final”. Para mí “La ciudad y los perros” es el libro de Vargas Llosa que más me gusta, a veces los primeros libros que publican los autores son los mejores. Y cuando ganó esta novela un premio, me envió un ejemplar dedicado por correo, leí la novela y pude ver que había mantenido el tono, le mandé un telegrama en el que decía: “De un golpe maestro le has dado a la literatura peruana su dimensión universal”.

¿Has seguido leyendo a Vargas Llosa?
Sí, he seguido leyendo, no he leído lo que es de crítica y eso, pero “La casa verde” es un libro extraordinario, “Conversación en la Catedral”, buen libro, para mi gusto muy largo, eso es lo que no me gusta.

¿Crees que tanto “Pantaleón y las visitadoras” como “La tía Julia” son novelas menores?
Sí, pero son novelas que han tenido mucho éxito en el extranjero, “La tía Julia” ha ganado premios en Italia, Estados Unidos, Francia, no es poca referencia.

Además de Vargas Llosa y una serie de escritores más jóvenes, algunos han tenido relación de amistad contigo, digamos Alfredo Bryce, creo que con los demás no has podido mantener una relación ¿Qué piensas tú de la narrativa peruana más moderna, digamos de Bryce para acá?
Bueno, te voy a decir que de Bryce para acá no sé mucho porque justamente vivir afuera no me permitía estar al tanto de los libros que se editaban en el Perú, muy rara vez me enviaban uno o algo así, pero qué te puedo decir, yo creo que hay autores que son excelentes, por lo que he leído de Carlos Calderón Fajardo es un escritor que valoro mucho, porque lo conocí cuando recién empezaba a escribir en París y estuvo en mi casa hospedado, él siempre me presentaba sus proyectos y escritos, yo creo que es un escritor de mucho talento un poco descuidado, a veces nato y con personalidad a pesar de ser un hombre con poca suerte por no tener mucha prensa.

¿Cómo has visto crecer la obra de Bryce?
Yo lo he visto muy de cerca porque quizá fui el primero en leer su primer libro de cuentos, me lo enseñó en París en el año 67, por ahí, estaba en manuscrito “Huerto cerrado” y ese título yo se lo regalé, ahora “Un mundo para Julius” yo lo vi creciendo y me iba dando de capítulo en capítulo, y hasta ahora guardo uno de esos originales, me pareció un excelente libro y curiosamente ese “Un mundo para Julius” era la primera parte de un libro mucho más largo que iba a continuar, pero finalmente lo que iba a ser un Julius mayor no la llegó a escribir, me dijo que paraba porque no quería hacer algo parecido a “Un mundo para Julius” y que iba a cambiar de proyecto, y se lanzó a escribir la cuestión esta de “Tantas veces Pedro”, que fue un libro que no me gustó, y se lo dije y no le gustó, no solo porque confiara en mi juicio, sino porque es muy susceptible, ahora hay gente que le gusta y otra que piensa que es un libro menor por estar mal construido, etc.

Ahora la vida de Julius un poco mayor podría haber sido “La vida exagerada de Martín Romaña”.
Podría ser, pero un Julius mucho mayor, que ya había acabado sus estudios, viajando y viviendo una vida ya de adulto.

Tú y Bryce son escritores muy distintos, pero, sin embargo, hay muchas asimiladas, por ejemplo esa visión muy escéptica de la realidad, tal vez en tu obra se ve más claramente porque no usas específicamente humor, pero en Bryce hay a veces el mismo escepticismo y hasta más. ¿Tú sientes esa afinidad?
Sí, yo creo que existe esa afinidad, porque en la rama familiar por el lado paterno somos muy parecidos, al ser de familias muy refinadas incluso en el lado de Bryce más porque llegó a tener un abuelo que fue presidente, pero la diferencia es que Bryce usa el humor mientras que yo uso la ironía, que son recursos diferentes.

Tienes una serie de obras de teatro, miro las prosas y veo que tú fundamentalmente te consideras cuentista, ¿Crees que el cuento es el género más importante o lo consideras más allegado a tu manera de ser?
Yo no tengo una teoría del cuento, pero tal vez podría decir, porque el cuento es mi predilecto, no sé si es por una elección personal, sino que me parece más bien una disposición de percepción de la realidad, yo he pensado que los artistas están dotados, de una especie de rejilla de percepción de la realidad, que es diferente una de otros, unos tienen la trama más cerrada y otros la tienen más abiertas y son estas rejillas las que determinan los diferentes géneros que uno va a cultivar. Es una hipótesis que tendría que verificarse, pero lo que yo he comprobado es justamente esa elección que es espontánea, no buscada de elementos que lo impresionan, que lo definen dentro de determinado género, esa es una explicación que puedo dar, del motivo que esa rejilla corresponde a una rejilla cuento que novela, sin embargo también he escrito novelas, teatro, lo único que no he escrito hasta ahora es poesía.

Y también eres un lector más de cuentos que de novelas.
He sido, pero hace algún tiempo que me he distanciado de la lectura del género narrativo, yo leo muy pocos cuentos y novelas, leo de algunos amigos que lo pasan, algún libro excepcional que me lo pasan, pero meterme a indagar, como hacía antes, el comprar una novela de un desconocido, ya no es lo mío. Mis lecturas se han orientado hacia la historia, ciencias sociales, no importa, yo me leo todo, no sé por qué me parece que aprendo cosas cuando leo, me informo, acumulo información, y en historia me interesa porque quizás yo tengo ese sentimiento, con los años me ha regresado la curiosidad y no necesariamente por historia del Perú, quizás sea una forma de evadir la actualidad, qué se yo.

En vista que leías mucho y ahora menos, ¿qué nombres han quedado como grandes cuentistas?
Yo creo que los grandes cuentistas todos los conocen. Creo que si vamos al siglo XIX, Cervantes es uno, pero creo que hay los ejemplares, los que le han dado al género cuento su valor universal, que son bastantes, Joyce, algunos norteamericanos, Borges.

¿Conociste a Borges en su nacimiento?
Yo leía a Borges en el 53 lo leía en Madrid, leí “El hombre de la esquina rosada”, pero fue un poco tardía, yo siempre he pensado que la formación se da en la adolescencia, después ya no lo marcan los libros, para mí la lectura de Borges fue apasionante pero no dejó ninguna huella.

¿Podrías diferenciar un cuento de una novela?
Fíjate, yo muchas veces me he interrogado de la misma forma. Un cuento es un relato corto, el primer criterio es ese, escribir un cuento en 200 páginas es imposible, y la extensión determina la diferencia entre un cuento y una novela. Lo que se busca en un cuento es que se lea de un tirón, la dificultad del cuento es que es acabado, el cuento es bueno o no hay cuento. En cambio en una novela hay partes flojas, porque una novela que se mantiene en un mismo tono es aburrida, el cuento es como una flecha: va recta. Ya son recurso que permite un género y el otro no. Los personajes la diferencia sería que en el cuento es que solo son comportamientos y acciones para la brevedad, de tal manera que estos explican todo el carácter del personaje.

Para tus personajes parece que hay dos vertientes. Hay personajes que pueden ser de un mundo limeño, que podrías haber conocido, mientras que otros son creados ¿Cómo te sientes más cómodo?
Sucede que hay personajes que he conocido. A lo largo de mi juventud he conocido muchos personajes, como matones de la vida nocturna a la que estaba acostumbrado, ahora, ellos sí conocían que era escritor.

Al margen de este proceso que se da con el tiempo también había cuentos realistas y cuentos de ficción, con el correr de los tiempos los cuentos de ficción pura han ido desapareciendo y los autobiográficos han ido cobrando mayor fuerza.
Yo no sé pero creo que tiene que ver con la creatividad y la imaginación ,yo no soy alguien creativo, el creativo inventa toda una historia de la nada mientras que el que tiene imaginación usa esa imaginación para poder crear algo a partir de una realidad deformándola y dándole historia.

¿Cómo va naciendo un cuento?
Absolutamente todo es materia de cuento, desde una canción o algo que me cuenta alguien en la calle, es simplemente cuestión de pasarlo al papel, con cuentos de corta duración.

Tomando dos cuentos extremos “Los gallinazos…” y “Silvio en el rosedal”, ¿cómo se te ocurrió escribir “Los gallinazos…”, de dónde nace esa idea?
Esta basado en hechos reales que yo había visto de niño, los personajes existían, me refiero a los chicos que buscaban en la basura, eso sucedía en Santa Cruz, en Miraflores, cuando recién se formaba. Pero eso no se pasaba por la mente para escribir, y cuando trabajaba en París yo sacaba los cubos de basura de un hotel y muchos vagabundos esperaban por eso, esas escenas me llevaron a Miraflores y ese es el origen de ese cuento.

¿Tú crees que “Los gallinazos…” pueda tener un estilo más amplio o alegórico?
Originalmente no lo tiene, no tiene esa intención, pero yo sé y he leído que identifican diferentes personajes como el estado, el porvenir, pero esa no es la intención.

¿Te relees a ti mismo?
No, para nada, puedo pasar años sin releerme, porque lo escrito, escrito está.

¿Y cómo surge este otro cuento de “Silvio en el rosedal”?
Ese cuento es más complicado, es un hecho que sucedió en una hacienda en Tarma con dueños italianos que se ‘indianizan’ al llegar a Tarma. Comenzó a vestirse como uno de los campesinos, comenzó a hablar mal, y era el proceso inverso de lo que ocurre normalmente, a medida que escribía me di cuenta de que este personaje era muy rico y que quería encontrar el sentido a su vida, lo curioso es que cuando quería describir esa hacienda yo invente que había un rosedal, lo que no me acordaba que estaba en la hacienda real, y cuando regresé a la hacienda hace un par de días, había un rosedal en la hacienda, muy grande y muy hermoso.

Supongo que un escritor guarda cariño a lo que ha escrito, pero sin embargo debe de haber un crítico dentro. En caso de los cuentos, ¿cuál crees que son los cuentos que mejor te representan?
No sé, yo tengo mis cuentos preferidos, yo creo que es el de “Silvio en el rosedal”, en el cual me esforcé mucho, “Por las azoteas”, y es uno de los pocos cuentos que he releído que aún me enseña, después cuentos cortos que me parecen que están técnicamente bien hechos, porque el cuento se cuenta entre líneas, como “Un domingo cualquiera”, creo que esos son los que puedo mencionar.

Tus tres novelas todas son muy distintas entre sí, a diferencia de los cuentos que siempre se encuentran en una misma línea. ¿A qué crees que se deba eso, a distintos tiempos o algo así?
En distintos tiempos no tanto, porque las tres novelas fueron escritas en más o menos un lapso de 10 años, entre el 56 y el 66. En el 56 ó 57 fue “Crónicas de San Gabriel”, más o menos en el 61 ó 62 fue “Los geniecillos…” y más o menos en el 64 ó 65 “Cambio de guardia”, por eso creo que fueron obras de juventud, la diferencia es, quizás, lo que me invitaba a escribir novelas. Crónicas San Gabriel, yo creo que la concebí como una novela de ambiente cerrado, y yo creo que una hacienda también es un ambiente cerrado, con reglas y personajes, eso me atraía de escribir de una hacienda, que era como un cuartel por estar cerrada y en la noche se cerraba la puerta, eso fue lo que me atrajo, por otra parte la situación de la guerra de no hablar el idioma me hizo volver por la imaginación violentamente al Perú. Ahora, “Los geniecillos…” fue otro cantar.

¿Crees que “Los geniecillos…” fue un ajuste de cuentas con la bohemia y tu juventud?
Sí, creo que sí, porque no sabía exactamente qué decir o porqué lo comencé a escribir en París, trabajando en la France Presse muy duramente, y me di cuenta de que no existían en el Perú novelas de ambiente universitario, de jóvenes artistas, y quise trazar ese ambiente de bohemia un poco irresponsable, de los artistas en potencia que se realizan de forma parcial y son fracasados en la novela, quizá explicar el estado de desconcierto, de desánimo y también del deseo alocado de vivir y trasnochar que existían en ese grupo.

Ahora, de alguna manera eso se podría asociar en el sentido de que la generación de “Los geniecillos…” fue una generación frustrada porque se dejó de escribir. ¿Tú crees que a tu generación le sucedió eso?
En todo caso, si nos comparamos a la generación de la reforma universitaria es evidente que no ha tenido la importancia o la repercusión, comparativamente con ella fue una generación que prometió mucho pero que no llegó a mucho. Comparativamente con esa generación digo que no ha realizado completamente sus metas.

En el caso de la narrativa parece que los poetas del 50 siguen produciendo, en cambio con los narradores solo quedan Zavaleta y tú. ¿Que pasó con los otros, por qué se silenciaron?
Los otros eran Tulio Carrasco, Alfredo Castellanos, Pedro Buchinjan, otros sí llegaron a publicar como el caso de Vargas Vicuña, Lucho Loayza, a mi juicio creo que es el escritor peruano muy importante.

¿Y por qué teniendo esta producción en cuentos de vez en cuando escribes teatro? ¿Eres aficionado al teatro, como que te gusta el espectáculo teatral o te interesa más el texto?
Ambas cosas, pero se dio en un período marcado de mi vida, en una época leía mucho teatro y tengo mi biblioteca teatral.

Lo último que has escrito, “Atusparia” fue concebido como novela. ¿Por qué la pasaste a teatro?
Estaba en París y no tenía mucha información sobre la revuelta, y para escribir, si es un hecho histórico, se necesita de eso, para describir los uniformes o saber qué rifles usaba, si seguía con eso sin la información adecuada iba a inventar otra cosa, pasando 15 años lo volví a leer y decidí hacerlo teatro, porque así es el teatro, porque hay cientos de anacronismos.

Una pregunta que muchos te han hecho es por qué esa obsesión por el fracaso.
Yo creo que porque el fracaso es más frecuente que el éxito, que los hombres que tienen éxito, te lo digo en términos numéricos.

¿Puede ser una actitud tuya o llegando a pesimismo o escepticismo?
Probablemente, aparte que el éxito tiene para mí poco interés literario, no sabría cómo describir a alguien que tiene éxito, yo creo que son muy pocos los novelistas que han escogido como personaje principal a alguien que haya tenido éxito, en las grandes novelas como “Don Quijote…”, qué sé yo, siempre encuentras un personaje en conflicto con su época, y así vemos en diferentes novelas. Los únicos novelistas que encuentro que han usado personajes con éxito son Balzac, es una fulminante, porque luchando llegan a la cúspide de París en 1830.

En tu caso hay una especia de descreimiento frente a las posibilidades del ser humano, si no también de la historia, que la historia no tiene sentido.
Sí, en realidad hay de todo, es una concepción que he visto confirmada en una serie de lecturas que he hecho. He estado leyendo mucho a Chateaubriand, que es un escritor extraordinario, pero que ha sido considerado como un viejo aburrido, retórico, y curiosamente poco considerado actualmente por la crítica francesa, y eso se debe a la ideología que hay en los críticos, el hecho de que en Francia haya primado la república, digo la monarquía, el estado laico sobre el religioso, la burguesía, ha dejado de lado a este escritor monárquico, católico y aristócrata. Como la crítica la hacen los profesores universitarios y la prensa, se les hace muy difícil tragar a Chateaubriand, pero si uno lo lee atentamente sin prejuicios uno se da cuenta que es un escritor extraordinario, y uno se da cuenta de que era menos religioso y mucho menos cerca del pueblo como laicos y republicanos y diría hasta socialistas, bueno he encontrado esta misma concepción de la historia, que la presenta como siglos, tiene un libro acerca de las revoluciones, a raíz de la revolución francesa empezó a estudiar las revoluciones anteriores, desde Grecia, Roma, Inglaterra y llegando a la francesa, y se dio cuenta de que se repetían los mismos estereotipos. Era la misma idea pero en diferente tiempo y personajes que se identificaban unos con otros.

Dentro de este clima de pesimismo, ¿tienes especialmente pesimismo sobre el Perú?
Sobre el Perú no, a corto plazo sí pero a largo plazo no. Me hace pensar que va a haber una mutación de carácter social que se está produciendo en los pueblos jóvenes, que anuncian una sociedad peruana completamente diferente.

¿Mejor o peor?
No sé si mejor o peor pero sí una más homogénea, unitaria en todo sentido, los contrastes que ahora son monstruosos, bueno ahí es otro mundo, encontré un grupo de gente que leía periódicos del año 40, uno le leía al otro, estas diferencias tienden más a desaparecer, y esto va a producir uniformidad que puede ser el comienzo de una verdadera nación peruana.

ACERCA DEL AUTOR

Buena parte de nuestra historia moderna ha sido escrita por intelectuales, políticos, científicos y artistas que, desde sus respectivos ámbitos, brindaron notables aportes en diferentes campos del quehacer nacional. Mentes lúcidas y brillantes cuyas impecables trayectorias merecen ser conocidas y reconocidas por todos los peruanos. Es por eso que, en un esfuerzo conjunto, la Fundación BBVA Banco Continental y elcomercio.pe, el portal de noticias más visitado del Perú, ponen por primera vez a disposición del público en general el extraordinario "Archivo de la imagen y la palabra", una serie de 26 entrevistas audiovisuales realizadas durante la década del 80 a destacados peruanos del Siglo XX que han contribuido al desarrollo del Perú en distintos campos sociales.

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