
Que estamos en épocas de crisis nadie lo puede negar. Las relaciones entre hombres y mujeres se están haciendo cada vez más complicadas. Atrás quedó la cultura del eterno compromiso y las promesas de exclusividad. Hoy más bien respiramos la cultura del zapping, donde aferrarse a una sola persona parece una idea utópica. Por supuesto poco se habla del tema y nadie se hace cargo de nada. La infidelidad sigue siendo prohibida y condenada y desde que recuerdo, los grandes pecadores siempre han sido los hombres. ¿Será que ustedes son más infieles que nosotras o será que nosotras somos más caletas que ustedes? ¿El huevo o la gallina?

Muchas veces he escuchado a los hombres quejarse de los amigos de sus mujeres. Sospechan de ellos, desconfían de su cercanía, asumen que existe un encaletado amor que se viste de “mejor amigo” sólo para poder arrebatarles a sus novias luego. Muchos hombres creen que los mejores amigos de sus parejas son sus grandes rivales. ¿Qué creo yo? Que están equivocados. Quienes en realidad representan al mismísimo peligro son nada más y nada menos que las inofensivas amigas de tu mujer. A ellas hay que temerles, los demás… chancay de a veinte papá.

Desde que empezó el año comencé a hacer un experimento, que hasta el momento ha resultado ser de lo más revelador. La idea es muy simple, todos los días contabilizo en una hoja de Excel si hice o no hice, una serie de eventos predeterminados: por ejemplo si tomé alcohol, si vi alguna película o si visité a mis padres. Al final de cada mes, hago las sumas correspondientes y saco conclusiones estadísticas como: de 5 días, 3 almuerzo en un restaurante (esto me ayudó a entender por qué se me estaba acabando tan rápido el sueldo, por ejemplo). Pero entre todas las estadísticas que por el momento he concluido, hubo una que me dejó bastante preocupada. Resulta que de cada 3 días, hay uno en el que lloro. ¡Qué vergüenza!

Estoy con Jiper tomando un café. Hablamos sobre un proyecto que tenemos desde hace un tiempo y que soñamos con darle vida. Estamos concentrados o por lo menos eso es lo que pienso, porque de repente Jiper interrumpe.
- Ya, ahora escribe sobre las calentonas. Estoy harto de ellas, las odio.
Me toma un tiempo entender de qué está hablando.
- ¿Qué? – le digo.
- En tu blog, escribe sobre las mujeres que se pasan la vida calentando a los hombres. ¿No te parece un buen tema? – Jiper toma café y levanta los ojos para mirarme.