Si hay algo que he podido advertir con este blog es que los hombres resultan ser más curiosos de lo que parecen o pretenden ser. Los hombres quieren saber todo sobre las mujeres y supongo que esa urgencia responde a la desesperada necesidad de entendernos, aunque sea un poquito, una pizca, una nada. Yo con mucha humildad he intentado exponer distintos temas que ilustran las vicisitudes y garabatos del sexo femenino. Pero hay pequeñas cosas que se me han pasado o que por su ínfimo tamaño no han merecido un post entero, es por eso que se me ha ocurrido una idea que con suerte albergará esos detalles que a la hora de la hora resultan ser tremendos y gordos asuntos.
Este es un post para todos aquellos equivocados que deciden celebrar Halloween antes que el día de la canción criolla. Este, más que un post, es una guía para no arruinarse la noche del 31 por culpa de una mala decisión. En este artículo encontrarán todo lo que deben hacer, pero por sobre todas las cosas todo lo que no deben hacer en la noche de brujas. He sido testigo de ilusiones y entusiasmos abatidos por culpa de un mal disfraz y un errado comportamiento. Así que ojito-ojito que aunque todo esto parezca tontito es bastante importantito.
Ese secreto que tienes conmigo nadie lo sabrá, ese secreto seguirá escondido una eternidad. Yo te aseguro nunca diré nada de lo que pasó y no te preocupes que todo lo nuestro queda entre tú y yo… tú, yo, mi vieja, las amigas de mi vieja, las chicas del cole, mi mejor amigo, mi ex, mis amigas del trabajo, mi psicólogo, la chica que me hace la cera, mis amigos gays y uno que otro taxista. Las mujeres guardando secretos somos casi tan buenas como los hombres tejiendo una chompita para perro en punto cruz. Así que si tú tenías un secreto con una mujer y te sentías tranquilo de que este estaba bajo siete llaves, es momento de que empieces a preocuparte.
No sé si se los dije antes, pero en el departamento de creatividad de la agencia en la que trabajo, somos 2 mujeres y 15 hombres. Quince hombres con los que tengo que lidiar todos los días, todas las horas, toda una vida. Quince hombres que olvidan que Celia y yo somos mujeres, unas señoritas de su casa, unas damiselas educadas, unas cortesanas que estamos expuestas a barbaridades y media. Miren que he escuchado de todo, pero esto que les voy a contar ya cruzó todo límite y me ha llevado a una reflexión contundente.
Pobres hombres. ¿Pobres hombres? ¡Pobres hombres! POBRES HOMBRES.¿Hasta cuándo podré defenderlos? ¿Hasta dónde son verdaderamente pobres? He recorrido todas las posibles penumbras a las que creo están expuestos. He escrito sobre la maldad de las mujeres y sus consecuencias aterrizadas sobre ustedes. He recordado las deficiencias intrínsecas de todo hombre y algunas características terribles que solo algunos poseen. He escrito sobre mujeres sangrándolos, engañándolos, manipulándolos, haciéndolos sentir culpables, destrozándoles el corazón. He escrito sobre hombres gordos, flácidos, mal vestidos, tontos, pisados, desorientados. Me he compadecido de los esposos, los novios, los ex, los padres, los suegros, los yernos, los amigos y después de todo eso, creo que es un momento de hacer una pausa.
Mi nombre es Chiaro y vengo a ser el alter ego de la autora de este blog. Aunque pensándolo bien, también puedo ser su antihéroe o todo lo que ella siempre quiso ser y no pudo, o quizás todo lo que ella no está dispuesta a ser. Sea como sea, soy Chiaro, el lado masculino de Chiara, y hoy pienso contarles lo mal que esta mujer se porta conmigo, de los castigos a los que me somete y de sus rutinas casi maniáticas que terminan por volverme loco, todo producto de la cursilería.
No sé ustedes, pero yo me he quedado aterrada con el asesinato de Marco Antonio. Al margen de parecerme una persona encantadora, pienso que ni él ni nadie merece morir como murió. Todo esto me ha hecho pensar en mis últimos minutos de vida. Ojalá sean en paz, sin dolor, con tranquilidad, ojalá no sean como los de Marco Antonio o Alicia Delgado, tan llenos de estrés, sufrimiento, impotencia. Ojalá que cuando yo me vaya sea porque el destino lo decida y no porque a un maldito, a un demente se le ocurrió ahorcarme con un cable de computadora.

Luego de las confesiones de mi último post, advertí que probablemente el blog estuviera sufriendo una especie de metamorfosis o una repentina madurez que generaría la necesidad de tocar temas un poco más adultos (por decirlo de alguna manera); pero he de confesar que debo haberme entusiasmado con esto de madurar, y no sé si me agarró el viejazo, pero esta vez pienso tocar un tema que si bien parecerá estar dedicado a los señores de sesenta, en realidad estará destinado a todos aquellos hombres que buscan izar la bandera hasta el último de sus días. Sean suspicaces como siempre lo han sido, mis queridos lectores, no hay mejor remedio que la prevención. Con ustedes, el controvertidísimo tema de la disfunción eréctil (o el apagón sexual) y sus nuevas y modernas fórmulas para contrarrestarlo. ¿Viagrar o no viagrar? He ahí el dilema.
… y hasta que un día, decidí dejar de lado la ironía para atreverme a ser tierna.
Hace más de un año que vengo escribiendo en este blog, un lugar imaginario que inventé para hablar de lo que me hacía reír, me llamaba la atención o simplemente de lo que me daba la gana. En cada escrito traté de esconderme y en ocasiones me desdibujé para que nadie pudiera reconocerme luego. He sido un fantasma, una actriz, una sombra, una burla, un opuesto; he sido de todo y sin embargo nunca he dejado de ser yo. Quien lee mi blog desde el comienzo y cree conocerme, no se equivoca: hay mucho de mí en cada artículo: soy burlona, rebelde, sarcástica, atrevida y, debo confesar, que un poco malcriada. Sin embargo, por mucho que crean conocerme, lo más probable es que la mayoría de lectores ignore la realidad de mi vida. He recibido miles de comentarios preguntándome si estaba sola, si tenía un pretendiente que me quitaba el sueño, si era una solterona frustrada y nunca respondí a esas preguntas. Siempre quise conservar mi vida personal en secreto, pero hoy, después del 9 de junio, me veo en la urgencia de hablar.
Qué fácil la tenía Eva. Tenía todo un paraíso para ella sola, no tenía que preocuparse por qué ponerse porque con un par de hojitas se hacía su “outfit” para el día y para colmo estaba con Adán (que por lo que vi en las figuritas de Navarrete era de lo más guapo), a quien tenía comiendo de su mano. Nada de pagar facturas a fin de mes, nada de manejar en el tráfico; Eva tenía todo para ser feliz, pero como toda buena mujer, Eva… pecó. Ella al igual que yo, y al igual que todas las mujeres, somos unas pecadoras y ese estigma no se borra ni con el detergente de Diego Bertie ni con borrador de papa.