En Navidad, un carro se estacionó en mi puerta. Rojo, tipo Tojoy hatchback, diseño exterior a cargo de compañía italiana, motor japonés Mitsubishi, rendimiento deportivo y cinco puertas. No es un juguete ni me lo trajo Papá Noel sino el mensajero de un correo exprés. Aún no lo estreno.
China no es un país sino un planeta. Vivir en el “Reino del Centro” –traducción en castellano de su nombre en chino Zhongguo - puede resultar para cualquier mortal una experiencia de otro mundo. Hace algún tiempo emprendí una misión marcopoleana al planeta de los chinos. Estacioné mi nave “Oriente X-Press” en Beijing con el cargo de corresponsal de este diario. Previo al Año del Buey he abierto este blog, un cuaderno de bitácora para apuntar el rumbo, la velocidad, las maniobras y demás accidentes de esta navegación. Cada post tiene el objetivo de recolectar material para ser analizado en el laboratorio. Quizás algún día logre juntar las piezas del rompecabezas que me permitan comprender el pasado, el presente y el futuro de China. Por ahora, enfundada en mi traje espacial exploro “Planeta China”.