
Foto: Giancarlo Shibayama
Advertencia antes de que alguien se pique: este post no pretende generalizar ni meter a todos los taxistas en un mismo saco (o taxi). Lo que sigue es simplemente una pequeña e inofensiva lista que pretende recopilar esos pequeños detalles, gestos, actitudes, humores y aromas que nos pueden amargar una carrera.
Pon primera y arranca: No sé si es solo mi impresión, pero de un tiempo a esta parte he notado que a los taxistas no les da la gana de ir a ningún lado. Se hacen los difíciles, como si las carreras y los pasajeros estuvieran botados por todas las esquinas. Ayer, por ejemplo, quise tomar un taxi para ir de Miraflores a San Isidro. Eran menos de veinte cuadras, quince minutos como máximo. Un señor me dijo que no iba para esa zona. Lo raro es que a ese mismo taxista lo pararon tres personas más (me quedé escuchando para ver a dónde iba realmente), una que se dirigía a Surco, otra a San Borja y la última a Jesús María. Pero lo peor no es que no les dé la gana de aceptar algunas carreras (finalmente están en su derecho), lo peor es que algunos malcriadazos meten el pie a fondo, arrancan sin decir nada y te dejan con la palabra en la boca. Díganme si eso no les da ira.
Leer másEgresados de la Facultad de Ciencias y Artes del Mal Humor de la universidad del caos limeño. No pueden evitar dar la contra y renegar con la torpeza, la falta de criterio y la poca consideración que muestra la gente. Les revienta la mala suerte que por momentos les juega bromas muy pesadas y les revuelve el hígado que las cosas no salgan como han planeado. Mateo lanza maldiciones cada tres minutos y Ariel pasa con frecuencia de “la vida me ama"? a “odio la vida"?. A falta de dinero para pagar terapia, juntos inician este blog para expulsar sus demonios internos.