Mayo 2009
26
2009

G es un buen amigo con el que siempre nos enfrascamos en discusiones sobre fútbol. Él es hincha de la ‘U’ (en parte eso explica las discusiones) y va religiosamente a ver a su equipo cada vez que juega en Lima. O mejor dicho, iba. Hasta el domingo. Y es que luego de los actos de violencia que ocurrieron el pasado fin de semana en las afueras del Monumental --que dejaron como resultado varios policías heridos y diversos carros con las lunas reventadas-- G ha decidido alejarse por un tiempo de los estadios porque no quiere exponerse a una agresión ni a un asalto ni a que le destrocen su auto; en suma, no está dispuesto a ser atacado por una banda de energúmenos que, amparados en una muy cuestionable valentía grupal, utilizan el fútbol como excusa para comportarse como delincuentes.
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lo urbano20
2009

Foto: Miguel Bellido
Este no será un post para renegar ni destilar bilis. Mejor dicho, no pretende serlo. La idea de esta nueva entrada de Lo peor de todo es que propongamos soluciones al problema de la falta de civismo que muchas veces tenemos los peruanos.
El miércoles por la tarde, cuando salía del estacionamiento de un supermercado con algunas cosas para cocinar (el tema cocina será motivo de otro post), entró un señor, cuadró su carro justo al costado del lugar en que había dejado el mío, bajó y camino sin inmutarse hasta la puerta de entrada de la tienda. Esa escena no me habría llamado la atención si es que el tipo en cuestión no hubiera dejado su vehículo en un estacionamiento reservado para embarazadas, ancianos y discapacitados.
13
2009

Foto: Giancarlo Shibayama
Advertencia antes de que alguien se pique: este post no pretende generalizar ni meter a todos los taxistas en un mismo saco (o taxi). Lo que sigue es simplemente una pequeña e inofensiva lista que pretende recopilar esos pequeños detalles, gestos, actitudes, humores y aromas que nos pueden amargar una carrera.
Pon primera y arranca: No sé si es solo mi impresión, pero de un tiempo a esta parte he notado que a los taxistas no les da la gana de ir a ningún lado. Se hacen los difíciles, como si las carreras y los pasajeros estuvieran botados por todas las esquinas. Ayer, por ejemplo, quise tomar un taxi para ir de Miraflores a San Isidro. Eran menos de veinte cuadras, quince minutos como máximo. Un señor me dijo que no iba para esa zona. Lo raro es que a ese mismo taxista lo pararon tres personas más (me quedé escuchando para ver a dónde iba realmente), una que se dirigía a Surco, otra a San Borja y la última a Jesús María. Pero lo peor no es que no les dé la gana de aceptar algunas carreras (finalmente están en su derecho), lo peor es que algunos malcriadazos meten el pie a fondo, arrancan sin decir nada y te dejan con la palabra en la boca. Díganme si eso no les da ira.
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Calles de Lima08
2009

Una vez más llegó el segundo domingo de mayo y con él la celebración por el Día de la Madre. Yo sé que es un día de unión familiar, de buena onda y blablabla, pero por más que el espíritu sea ese, hay algunas cositas alrededor de esta celebración que nos pueden enfadar o poner tristes. A continuación las que creo son las más recurrentes. Aprovecho para desearles a todas las madres lectoras de este blog renegón un muy feliz día.
No sabes qué comprarle: No sé ustedes, pero yo nunca sé qué regalar, y mucho menos a mi madre, que tiene un gusto que ya quisieran muchas personas y que no se compara en nada a mi pésimo criterio para hacer obsequios. Tengo miedo en elegir un perfume empalagoso, una chompa que no sea de su estilo o una de esas cosas lindas que a ella le gustan para decorar la casa y que yo nunca he podido encontrar. Eso sí, una cosa tengo clara: nunca jamás de los jamases se me ocurrirá darle un electrodoméstico, no solo porque me parece de mal gusto, sino porque mi madre lo odiaría en silencio. Obviamente es tan pero tan cariñosa que lo recibiría con los brazos abiertos y con una enorme sonrisa.


