Abril 2009
28
2009

La noche del domingo me llamó mi prima. Casi nunca hablo con ella porque es mucho mayor que yo y vive en Ica. Me llamó porque quería pedirme un favor: un conocido suyo estaba internado en una clínica de Lima y me preguntaba si podía donar sangre para él (sabía que antes ya lo había hecho por un familiar, como tres años atrás). En ese momento me agarró frío y no tuve más de cinco segundos para pensar en una excusa válida para negarme. Al final, mi lentitud mental provocó que aceptara. No es que deteste donar sangre, ya que lo he hecho antes; lo que no me gusta es saber que tienen que pincharme una aguja en el cuerpo.
15
2009

Foto: Ordinary Guy
Un post para cerrar la temporada de verano
Un día cualquiera del verano de 1991. Como siempre, estoy aprovechando mis vacaciones escolares sacándole el jugo a la casa que mis padres tienen en Santa María, un precioso balneario ubicado a 55 kilómetros al sur de Lima. Me he levantado más temprano que de costumbre porque sé que Claudia va a bajar con su lindísima prima Sandra a las 10 de la mañana a la playa y no quiero que nadie me gane la oportunidad de estar al costado de ella. Como ya se deben imaginar, Sandra, me gusta (bueno, a mí y a un montón de imberbes más, lo que la convierte en una de las chicas más populares de su edad).


