Agosto 2008
28
2008

Foto: Steve Crane
Soy impaciente. Muy impaciente. Y también hiperactivo. No puedo estar quieto por mucho tiempo porque comienzo a desesperarme. Tal vez por eso una de las cosas que más me saca de mis casillas es ir a comprar al supermercado, porque, por lo general, luego debo someterme a esa lenta e interminable agonía disfrazada de cola. Son minutos en lo que no te mueves. Minutos en los que TODO te desespera. Minutos en los que aparece violentamente un deseo irrefrenable de sacar del camino a todo aquel que está delante de ti. Minutos en los que te provoca arrancharle el dinero a la cajera para demostrarle que tú eres más eficaz haciendo su trabajo. A continuación, una lista de las cosas que me molestan, y estoy seguro de que a ustedes también, cuando estoy en la cola esperando mi turno para pagar.
Que la cajera converse con su amiga en vez de atender a los clientes: Me ha pasado. Varias veces. Te ven con cara de pocos amigos pero con ellas no es. No les entran balas. No se inmutan. La conversación sobre la salida y los coqueteos de Alfonso y Marith, la fiesta del próximo fin de semana, el candidato más fuerte de la próxima temporada de “Bailando por un sueño”, el romance de Tula y Carmona, el divorcio de “Brad Pizza” o el último capítulo de “Bellezas indomables” son más importantes. Si estás apurado, anda a otra caja, y si eres impaciente, es tu rollo.
22
2008

Perú está a punto de sellar un nuevo fracaso olímpico. El jueves, el taekwondista Peter López, la máxima carta peruana de medalla que teníamos en Beijing, perdió en el repechaje por la de bronce en su categoría (67 kilogramos). Si bien todavía falta que Constantino León compita en maratón el domingo, sus posibilidades de obtener un buen resultado son mínimas, por lo que es casi 100% seguro que tendremos que esperar hasta Londres 2012 para aspirar a lograr nuestra quinta medalla olímpica.
14
2008

Hace algunos años estuve con C. Nos conocimos en una academia preuniversitaria e ingresamos juntos a la universidad, donde parábamos de arriba para abajo. Cuando terminábamos clases, si no salíamos por ahí, nos íbamos a su casa a matar el tiempo. Su hogar era un buen refugio. Tenía lo necesario: una televisión gigante con cable y pay per view (todavía Internet no estaba de moda) y, sobre todo, una refrigeradora bien surtida.
A ambos nos gustaba estar ahí porque no nos molestaban. Su papá, si no estaba en el trabajo, tenía algún compromiso, al igual que su madre. Y sus dos hermanos siempre andaban en otra, por lo que frecuentemente teníamos el lugar para nosotros dos. Nunca he sido de llevarme bien con la familia de las enamoradas que he tenido. Con la de C tenía una relación distante, que se resumía en saludos cordiales. Nunca llegaba al punto de conversarles un rato o hacerles una broma para entrar en confianza. A C no le incomodaba ese tipo de relación con ellos. A mí tampoco.
07
2008

Existo. Soy de verdad, en serio. Ariel no es un esquizofrénico. Sé que en los casi seis meses de existencia del blog, ustedes, estimados lectores, han tejido todo tipo de especulaciones y leyendas para explicar –o justificar- mi ausencia (que soy un duende es una de ellas). Incluso han organizado una fiesta imaginaria en mi casa sin avisarme si quiera (¡se malean!).
En fin, lo que pasó es que he tenido unas largas vacaciones. Pero, aunque no lo crean, he seguido silenciosamente todo lo que Ariel ha escrito y lo que ustedes han comentado, ¡y vaya que me han hecho reír! Creo que en el fondo eso hizo que retrasara mi presencia: tenía curiosidad por seguir leyendo qué más se les ocurría sobre mí (sí, sí, a veces puedo ser algo ególatra).


