Lo peor de todo

Abril 2008

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Los compañeros de trabajo

Abr
30
2008

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Foto: Rachel Lovinger

Cualquier parecido con la realidad ¿es pura coincidencia?

Conversando con una amiga acerca de algunas cosas que pasan en su oficina y que le alteran los nervios, se me ocurrió escribir sobre la gente que trabaja con nosotros, esas personas que conocimos prácticamente por obligación y con las que pasamos más de un tercio del día en nuestros centros de labores. Algunos nos caen bien, otros no tanto y a unos pocos no los toleramos ni en broma, pero no nos queda más remedio que aguantarlos. Como para estar a tono con la coyuntura del Día del Trabajo, y arriesgándome a recibir una soberano apanado, va este post dedicado a algunos insufribles compañeros de chamba.

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La ciudad de los desvíos

Abr
25
2008

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Foto: Félix Ingaruca

¡Cincuenta y cinco minutos! Ese es el tiempo que me ha tomado llegar hasta el centro. Un simple recorrido desde San Isidro hasta el Cercado, que en condiciones normales debería durar veinte minutos, terminó alargándose más del doble por culpa de las calles cerradas y los condenados desvíos que hay por todos lados.

Sí, ya lo sé, ya hemos hablado de este tema (aunque de manera muy general) en el post “La pesadilla de manejar en Lima”, pero los interminables embotellamientos que han sufrido muchas de las avenidas limeñas en los últimos días (por ejemplo, los que diariamente ocurren en la Vía Expresa del Paseo de la República, entre México y la plaza Grau, o los del cruce entre Arenales y Javier Prado) hacen que todavía quede mucho por renegar en estos días de huecos, piedras, maquinaria pesada, obreros y letreros de “Prohibido el paso”, “Use rutas alternas” o estupidísimos “Estamos trabajando por usted”.

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Lo peor de la semana

Abr
17
2008

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Iván Aguirre, uno de los lectores de este blog renegón, me sugirió en uno de sus comentarios del post “La pesadilla de manejar en Lima” que hiciera algo así como un panel de quejas en el que cada uno de nosotros cuente lo que, a su criterio, fue lo peor de la semana (cosas personales, noticias o lo que les provoque). La idea me pareció genial, porque hasta el momento ustedes han soportado mi mal humor con una paciencia que agradezco. He renegado, y mucho, y ustedes me han acompañado en ese delicioso camino de ceños fruncidos, hígados revueltos y mal humor en cantidades industriales. Sin embargo, me parece justo que ustedes también puedan renegar a sus anchas del tema que les plazca. Y es precisamente eso lo que haremos esta vez.

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La pesadilla de manejar en Lima

Abr
10
2008

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Foto: Miguel Bellido

Si ya de por sí el tráfico limeño era caótico, las últimas semanas pre cumbre, pre finalización de la construcción de la Estación Central y pre quién sabe qué diablos más han hecho que manejar por las calles de Lima sea tan cruel como una tortura China, tan espeluznante como una buena película de terror y tan insoportable como cualquier canción de Ricardo Arjona. A mí me gusta manejar, pero hacerlo en esta ciudad me pone de mal humor y me genera estrés. A continuación, las cosas que más me molestan de conducir en Lima:

Las calles cerradas: Para salir en tu auto siempre debes tener un plan B. Una ruta alterna. Una solución. Una idea de un posible desvío. Y es que nunca sabes a qué calle le toca estar cerrada hoy. Porque están señalizando las calles o arreglando la pista o instalando tuberías o reparando líneas telefónicas. Porque hay una procesión o un desfile o un mitin. Porque a alguien se le ocurrió casarse en la Catedral. Porque unos vecinos decidieron poner rejas o tranqueras. Por lo que sea. Al final, entre idas y vuelas, la ruta que normalmente haces en veinte minutos termina alargándose a cincuenta. Y tu pierdes la orientación buscando el desvío del desvío del desvío que pensabas tomar.

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Vecinos peligrosos (y odiosos)

Abr
03
2008

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Foto: Ben Pollard

Pocas personas en el mundo pueden revolverme el hígado de una manera tan fácil como mi vecino G, un tipo que bordea los 180 centímetros de alto, blanco como el queso fresco, con un evidente y desagradable exceso de masa corporal que se menea torpemente al ritmo de su andar, y dueño de un ridículo parecido a la “Nana”, ese extraño personaje de la serie de dibujos animados “El conde Pátula” que se encarga de cuidar la mansión del pato con complejo de vampiro.
Odio a G y él me odia. Y ninguno de los dos hace el menor esfuerzo por disimular esa natural antipatía que nació hace ya 10 años, cuando G se mudó a mi barrio y se dedicó a hacerme (bueno, no solo a mí, a todos los vecinos) la vida miserable con todas sus quejas y caprichos. Como seguramente ya sospechan, este post va dedicado a los distintos tipos de “vecinos insoportables” y a todo lo que nos molesta de ellos:

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