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De regreso a Piedradura

Nov
12
2007
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El 30 de septiembre de 1960, la cadena ABC transmitió por primera vez en el horario estelar de las 8.00 p.m. The Flinstones (Los Picapiedra) y de ahí no pararon hasta 1966, donde completaron 166 capítulos de puros éxitos. Después, como en toda “True Hollywood Story”, vendría la debacle, pero antes de ello se había obtenido el mayor éxito de los estudios Hanna-Barbera, solo superado muchos años después con la aparición de The Simpsons (1987).

Sin embargo, estos habitantes de Piedradura aún pueden ser considerados parte de una de las mejores sitcom familiares. A despecho de tratarse de la vida cavernícola, The Flinstones mantienen una actualidad constante, por ello no es extraño que a pesar de ser emitida casi medio siglo antes, aún se vea por varios canales alrededor del mundo.

Con motivo de su aniversario número 34, Cartoon Network mostró el programa piloto original de la serie, coincidiendo con su feliz hallazgo dentro de un almacén de los estudios H-B. El 7 de mayo del 94, el público vio por primera vez el piloto de dos minutos de duración presentando por Hanna-Barbera para obtener la aprobación de la televisora. Era una versión condensada del primer capítulo, donde Pedro (Fred) y Pablo (Barney) construyen juntos una piscina en el patio de sus casas. Hasta entonces, los Flinstones se llamaban tentativamente The Flagstones y, al emitirse el primero capítulo, The New York Times comentó: ”El show es un desastre; Las figuras masculinas son poco atractivas y grotescas, y las femeninas son indescriptibles”.

FLINSTONES, MEET THE FLINSTONES...
Flintstones... Meet the Flintstones,
They're a modern stoneage family.
From the town of Bedrock,
They're a page right out of history.

Let's ride with the family down the street.
Thru the courtesy of Fred's two feet.

When you're with the Flintstones,
have a yabba dabba doo time,
a dabba doo time,
we'll have a gay old time.


Al final de la década de los 50, los estudios dirigidos por William Hanna y Joseph Barbera eran una fabrica de éxitos (Huckleberry Hound –qué bonito....qué bonitooo-, El Oso Yogui y Tiro Loco McGraw, sin olvidar que antes fueron creadores del éxitoso Tom y Jerry) basados en personajes de animales con virtudes humanas. Los sábados por la mañana se emitían cortos de 6 a 7 minutos a más de cien estaciones de televisión -solo en Norteamérica- y dirigidos a un público infantil.

A sugerencia del productor de televisión John Mitchell, Hanna y Barbera decidieron crear una típica sitcom para la cual debían producir media hora de animación, abandonar a los animales que hablaban, y apuntar a un target adulto. La idea era transmitir por primera vez dibujos animados en un horario nocturno.

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El cambio dio como resultado a “Los Picapiedra”. Para el concepto se basaron en una sitcom de la década de los 50, The Honeymooners (Los Lunameleros), protagonizada por Jackie Gleason en el papel de Ralph Cramden (el boquiflojo y estentóreo conductor de un bus) y su sarcástico y despistado amigo Sidekick (Ed Norton). Las voces y los modismos eran de Los Lunameleros, pero los Flinstones vivían en la era prehistórica. Para Hanna y Barbera, que habían probado desde colonos ingleses del siglo XVII hasta cowboys y esquimales, la Edad de Piedra resultaba fácil fuente para gags de todo tipo. Solo restaba convencer a los auspiciadores.

¿Es fácil convencer a un auspiciador? Disney había hecho la fama de lo costoso y laborioso que puede ser un trabajo de éstos. Además, ¿la primera familia americana? Hanna y Barbera tenían una respuesta para todo: crearon también nuevos atajos, nuevos medios para lograr efectos y nuevos métodos para tratar las acciones. A estos resultados les dieron el nombre de animación planeada (layout).

La animación planeada no sólo resultaba menos costosa y demandaba un menor tiempo de producción, sino que, gracias a su ritmo más acelerado, los cartoons resultaban más entretenidos. Joseph Barbera recuerda: “estuve metido en el Hotel Sherry de Nueva York por ocho semanas, tratando de vender el show. Tanto la CBS como la NBC pasaban por aquí. Había preparado una elaborada presentación multidimensional. Era como un acto típico de Las Vegas. Mostré los storybards e hice las voces de los personajes principales, pero los chicos de los canales no estaban convencidos de que les gustara a los adultos en un horario de 8:30 p.m.”.

La decisión final de que fueran seres prehistóricos y no romanos la tomó la ABC, que fue quien compró la historia. Los diseños originales fueron trabajados por Dan Gordon y Ed Benedict, y al ejecutivo en jefe de programación, Leonard Goldenson, le gustó la idea de los Flinstones, viéndola como una manera original de presentar el primer programa “a todo color” de ABC. Aún así, el asunto de los auspiciadores no se resolvió sino meses después, cuando la Reynolds Tobacco Co.(cigarrillos Winston), el Miles Laboratories (vitaminas) y el jugo de uva Welch’s asumieron los costos. Lo que hacía única a la serie era que los personajes podían aparecer auspiciando los productos, incluso cigarrillos, aunque para esta generación antitabaco pueda parecer un crimen. Debe tenerse en cuenta que Los Picapiedra era una serie para adultos emitida en horario prime time.

Para las voces se realizó un cásting para encontrar a las que fácilmente transmitieran un aire familiar, seleccionándose así a Alan Reed (Pedro), a Jean Vander Pyl (Vilma), al reconocido Mel Blanc (Pablo, Dino) y a Bea Benaderet (Betty). Así, el 30 de setiembre de 1960 se transmitía “Fiesta en la piscina” ( The pool party), primer capítulo de la serie.

Fue todo un evento, pues quedó demostrado que, gracias a la animación, podían crearse gags visuales que eran, de lejos, más espectaculares y extraños que en cualquier sitcom en vivo. Estaba claro que los Picapiedra y los Mármol eran familias de clase media suburbana que, a pesar de pertenecer a la Edad de Piedra, se encontraban involucradas socialmente con la gran clase media americana de los 60´s. Resultaban plenamente identificables sus casas y sus artefactos ingeniosos adaptados a la época, como el cuernófono, el troncomóvil y la cámara Polarroca, entre otros.

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Para la primera temporada, la Hanna-Barbera trabajó con un estrecho grupo de guionistas. Los shows debían ser eco de las tradicionales comedias de la época. Fueron los años en que se vio bailar a Pedro en los clubes nocturnos de jazz junto a Pablo Labios Calientes Mármol en el capítulo “Hot Hannigan”, y a Vilma y Betty ganar un concurso de preguntas en TV a lo Quiz shows en el capítulo “Hollyrock, ya llegué”. La revista Time, más condescendiente que el N.Y. Times, comentaba que “los Picapiedra eran una verdadera roca para adultos, pero difícilmente los niños podrán sustraerse de verla mientras aparezca en escena una especie de pequinés paleolítico”.

La audiencia concordó con el comentario, y en el primer año, fueron nominados para un Emmy y ganaron un Globo de Oro (competían en el mismo horario con “Alfred Hitchcock presenta”, “The many loves of Dobbie Gillis” y “Disney presenta”). El éxito de seis años de trabajo no se explica solamente por trasladar a “Los Lunameleros” a la Edad de Piedra ni por la repetición de situaciones y personajes (aunque algo de eso hay). Los Picapiedra crearon un mundo propio de absoluta ficción, donde - si se quiere- existía una completa lógica. También supieron satisfacer la demanda de una amplia audiencia: mientras que los elementos fantásticos apelaban al niño que todos tenemos dentro, la sátira de una clase social y su estilo de vida redondeaba la solidez de la línea argumental.

YABBA-DABBA-DUUU
Para la tercera temporada (1963), Hanna-Barbera rompen un nuevo esquema con el episodio de la visita de la suegra, donde Vilma anuncia que está esperando un bebé. Este acontecimiento desbarata por completo el uso de familias compuestas solo por tíos –muy arraigada en los cartoons de la época- y hace participar al espectador durante tres semanas de los preparativos y del nacimiento de Pebbles (Piedrecita) que luego se casa con su adorado Bam Bam y convierte a Pedro en abuelo de dos niños y una niña (especial Yabbadabba-duu, 1993).
La decisión de si el bebe de Vilma y Pedro debía ser niño o niña la tuvieron los ejecutivos de mercadeo, quienes consideraron que resultaba más atractivo vender muñequitas que muñequitos. Con Pebbles y Bam Bam, la serie batió récords de audiencia, tornando a los guiones más emocionales y realistas.

A partir del 64, los guiones cambiaron hacia lo fantástico, pues, en ese momento, otras series encontraron una aceptación mayoritaria en el público (los superhéroes de cómics de Marvel habían hecho su ingreso, al igual que series como Hechizada, La isla de Gilligan y Los Locos Adams), lo cual se reflejó en Los Picapiedras, colocándolos en situaciones algo lejanas. Aparecen Gazú, parodias de los Adams –como los Horrízono- y Godzila. También fueron muchos los artistas de cine y televisión que participaron compartiendo roles; así, pasaron por “Piedradura” Tony Curtis, Piedrique Guzmán, Ana Margaroca, Hechizada, Alfred Hitchcock, entre otros. Todo ello fue convirtiendo el show en una comedia para niños.

La serie fue cambiada de horario y entró a competir con los superhéroes de sábado por la mañana, hasta su desaparición en el ´66. Hanna-Barbera estaban conscientes del agotamiento de la serie y deciden darle un descanso temporal, mientras lanzaban superhéroes como Shazan, Los Herculoides y El joven Frankestein. La serie, además de la televisión, fue objeto de un largometraje titulado “Un hombre llamado Picapiedra” que parodiaba a James Bond, el agente secreto. El notable éxito conseguido en su transmisión original, a través de la ABC, produjo su reedición en la NBC entre los años 67 y 70.

A partir de 1971 aparecen los subproductos Picapiedra, ya que jamás alcanzaron el nivel original. Empezaron con “El shows de Pebbles y Bam-Bam” (1971-1972), que los mostraba adolescentes en el High School. Su escaso éxito hizo retornar a la familia original en 1972, pero la inserción caprichosa de elementos como La Mole (personaje de Los 4 Fantásticos) y Gismo no dio resultados.

En los 80´s hubo nuevas variantes, como la que convertía a Pedro y Pablo en dos despistados policías y a Betty y Vilma en reporteras, con el agregado de un greñudo llamado Capitán Cavernícola. En 1986, se lanza “Los pequeños Picapiedra” como parte de la moda de presentar como bebes a personajes consagrados. El canal del cable Boomerang continúa transmitiendo la serie original, así como las posteriores a la misma. Y como detalle curioso, existe un segmento donde aparece O.J. Simpson como un entrenador de gimnasio, bajo el nombre de OK Simpson (como se sabe, éste había sido acusado por la muerte de su ex –esposa; así que tuvieron que reducirle el nombre solo a OK, quitándole el apellido).

No podemos olvidar –aunque quisiéramos- la versiones en vivo de Los Picapiedra que, si bien es cierto, lograron una recreación entretenida del original y sus múltiples gadgets, en cuestiones argumentales se veía opacada por cualquier capítulo de la serie original. Aun así, en la primera película live-action se nos permitió ver, en un breve fragmento, a William Hanna y a Joseph Barbera sentados en la mesa del directorio de la empresa del señor Rajuela y ataviados a la moda de sus inmortales personajes antes de su lamentables fallecimientos.

Más allá de todo, Los Picapiedra se mantienen vigentes debido al grado de identificación que producen sus personajes. Nosotros le recomendamos recordar su infancia. Ojo que no insinuó nada relativo a su edad, mi estimado lector, sino volver a disfrutar un capitulo de siempre de “Los Picapiedras” mientras gritamos a una sola voz…
¡ YABBA-DABBA-DÚÚÚ…¡

Cavernícolamente suyo
Javier Prado

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