Unas anécdotas del decano
18
2009
Con ocasión de los 170 años de El Comercio, el Jefe de Redacción me pidió que reuniera una serie de anécdotas ocurridas a lo largo de su historia en el decano de la prensa nacional, las cuales debían publicarse en el suplemento especial de aniversario, las que finalmente no fueron incluidas. Como de alguna manera estas son también parte de la historia este Diario, comparto con ustedes algunas de ellas. Si algún lector tiene su propia anécdota que quiera compartirla con nosotros, ¡Bienvenida sea!
[1]
“Papa Morto”
Un periodista de El Comercio le hacía el favor a un amigo de alcanzarle, por el cable, las noticias de la enfermedad de su padre. Un día en que recién entraba el jefe de redacción al local del diario, lo primero que hace es revisar el cable en donde encuentra la siguiente noticia: “Papa morto”. Inmediatamente comprende la importancia de la noticia y empieza a ‘mover gente’, como decimos aquí en el diario, con la intención de preparar una edición especial y, sobre todo, a redactar el artículo necrológico sobre el pontífice muerto. Cuando ya tenía todo listo para ingresar a talleres, llega un joven de ascendencia italiana y pregunta por el periodista amigo. Al verlo tan desolado le pregunta si le pasa algo y si puede ayudarlo. El joven responde que espera noticias de su hermano Giovanni, en Italia, sobre su padre enfermo. Al jefe de redacción le asalta la duda y vuelve a leer el cable. “Papa morto. Giovanni”.
[2]
“Il Duce Macaroni”
Dos operarios, uno periodista y el otro tipógrafo, eran el primero crítico de Musolini y el segundo su ferviente admirador. Un día, el periodista, por hacerle una broma al amigo tipógrafo, le manda un artículo con el siguiente titular: “Habló el Duce Macaroni”. Como el amigo no había venido a trabajar, otro tipógrafo se encargó de ‘componer’ la página con el titular de marras, y así fue publicado. La embajada protestó airadamente y el bromista perdió el puesto.
[3]
El falso primer número
En 1941 se realizó la Primera Exposición de la Prensa Peruana que reunía, por primera vez, ejemplares de diarios tanto en circulación en ese momento como ejemplares de otros que eran ya parte de la historia. Dada su importancia y antigüedad, a El Comercio se le asignó un espacio privilegiado en la exposición por lo que, para festejar la ocasión y agradecer la deferencia, el diario hizo imprimir (en forma facsimilar), el primer número del 4 de mayo de 1839 para obsequiarlo a los visitantes de la exposición. Durante muchos años los limeños, y los hijos y nietos de ese tiempo, presumieron ante familiares convencidos de poseer el primer ejemplar del decano, lo cual no era exacto.
[4]
Nadie es perfecto
Cuando se inauguró el Country Club en 1925, fue invitado a la ceremonia el presidente de la República de entonces, don Augusto B. Leguía, quien finalmente no asistió. El jefe de la página de sociales, quien también debía asistir y tampoco lo hizo, tenía el programa de la ceremonia en la mano que le habían hecho llegar. Desde la comodidad de su casa, redactó y envió la crónica de la inauguración. La nota, que fue publicada tal como la envió, empezaba así: “El presidente de la república fue recibido a los acordes de la Marcha de Banderas”.
[5]
Otra de muertos
En cierta ocasión llegó un cable que rezaba así: “Murio Julio Camba, famoso escritor español”. Sucedió que el redactor de turno era un fervoroso admirador del escritor y se afanó en escribir una sentida reseña de la vida y obra del difunto. Hasta se las ingenió para conseguir un grabado con que ilustrar su nota. Cuando ya estaba en las calles el ejemplar de El Comercio con la noticia de la muerte, llegó otro cable que rectificaba una omisión del primero: por error se había suprimido la palabra ‘madre’.
[6]
El Falso “Comercio”
Durante la ocupación chilena de Lima, muchos diarios dejaron de editarse en patriótica respuesta a la ocupación chilena de la capital, entre ellos El Comercio. Pese a que las autoridades de ocupación estaban interesadas en que la vida en Lima siguiera con ‘normalidad’, nadie estaba dispuesto a hacerlo salvo ciertos diarios que contaron con el favor y apoyo de las armas del invasor. Así, durante ese periodo, el chileno Luis E. Castro publicó en el Callao un “El Comercio” que se imprimió en la calle Independencia, número 36-38 del primer puerto. Es el que algunos historiadores conocen como El Comercio apócrifo.
[7]
¡Que lo fusilen!
En 1869 la publicación de un ‘comunicado’ en El Comercio encendió las iras del presidente José Balta. Uno de los dos oficiales del ejército que había faltado el respeto al presidente y por ello dados de baja de manera infamante, fue el responsable del escrito. El director del diario fue convocado a Palacio y allí humillado por el presidente por autorizar su publicación. Ante la digna pasividad de Amunátegui, perdió la paciencia y ordenó que lo fusilarán en el acto. La oportuna intervención de dos ministros salvó la vida del anciano periodista, mas no la reputación del presidente. Hasta del extranjero llegaron las cartas de solidaridad y condena por la agresión al anciano periodista.
[8]
¡Se lo recordáremos!
Cuando el presidente Ramón Castilla venció en la batalla de La Palma el 5 de enero de 1855, alguien comentó: “Ojalá que no se olvide de lo prometido”, refiriéndose a su promesa de abolir la esclavitud en el Perú si salía vencedor en la revolución que encabezaba. El director de El Comercio al escuchar el comentario dijo: “Pues se lo recordaremos”, y mandó imprimir en los talleres del diario carteles con la siguiente leyenda: “Triunfó la revolución. ¡No hay más esclavos en el Perú!”. Luego mandó empapelar toda la ciudad con ellos.



17
2009
La historia de este diario no solo está compuesta de grandes investigaciones, reportajes o suculentas crónicas. Por sus páginas también han pasado (y pasan) una pléyade de artistas que han dado a luz miles de caricaturas.
Uno de aquellos talentos singulares fue el arequipeño Guillermo Osorio, que tras trabajar en “La Prensa”, en los años 60 fue el caricaturista estrella de El Comercio. Su trabajo más celebrado fue “Historia de un candidato”, donde satirizaba a Haya de la Torre. Después creó la sección “Ají molido” en “Caretas” y fue uno de los impulsores del semanario satírico “La olla”, donde daba vida a “Los hermanos Picapiedra”.
20
2009
jajajajaja: IL DUCE MACARONI!!!!! que chistoso, facil en esos tiempos me hubieran mandado a pedir disculpas publicas, pero que va!!!!
QUE VIVA LA LIBERTAD DE EXPRESION!!!!!!
24
2009
Interesantes recuerdos !!! Definitivamente la historia está plagada de anécdotas a pie de página tan ricas como las que acabas de enumerar. Ojalá se difundan más. Saludos.
03
2009
Excelente Jorge Moreno!, acabo de indagar en los blogs del comercio y el que redactas en particular me parece muy bueno, me gustó ésta entrada ;) . Saludos desde Puno...