Durante las últimas semanas las noticias sobre la ortografía han dado la vuelta al mundo. Se ha dicho de todo: que hay nuevas reglas, que hay que aprenderlas, que hay que prepararse para la innovación y que, desde este año, nadie puede escribir como aprendió en la escuela. ¿Cuán ciertas son estas noticias?

A propósito de titulares sensacionalistas, como rayos que matan y piedras asesinas, me pregunto hasta qué punto se puede atribuir características humanas a las cosas y no caer en el absurdo. Por cierto, este asunto nada tiene que ver con el lenguaje figurado, que bien usado es precioso.

Los temas relacionados con la gastronomía siempre me atraen, y no solo porque me encanta comer. Ocurre que en mis búsquedas culinarias, en una receta o una publicación especializada, a diario detecto fallas léxicas, como el inexistente verbo *vertir.

Cuidado al verter (no vertir). Foto: Giancarlo Shibayama
Muchas veces utilizamos palabras que escuchamos o leemos por ahí y no reflexionamos sobre su significado. Ocurre con *reiniciar, que se compone del verbo iniciar más el prefijo re-, que indica repetición. ¿Será posible iniciar dos, tres o más veces algo?
Ahora que llegaron las vacunas, muchos se preguntan si son para o contra la gripe AH1N1; otra consulta que me hacen siempre es: ¿cáncer a la piel? o ¿cáncer de piel? Dudar sobre las preposiciones castellanas es absolutamente normal...
Muchas veces la duda al escribir tiene que ver con el acento gráfico (o tilde). Cuando se trata de palabras cuya escritura no nos es familiar, es natural dudar; sobre todo si las hemos visto escritas con tilde y sin tilde. Hay términos que se escriben de dos modos, dependiendo justamente de su pronunciación. Por ejemplo, ¿es sauco o saúco?
Los 28 de diciembre siempre me han tomado por sorpresa, hoy no porque preparé esta entrada pensando en las muchas bromas que hará (o habrá hecho) la gente en sus casas o trabajo, incluso en la prensa. El recuerdo que tengo de los 28 de diciembre es uno solo: una vecina le hacía la misma broma a la señora Rosa cada año. Lo gracioso es que esta siempre le creía y salía corriendo a recibir a su papá que ‘llegaba de viaje’. Luego risas y carcajadas interminables. En cambio, no tan felices han sido las tomaduras de pelo de algunos diarios, como ese que tituló en plena inflación: “Bajó el precio del azúcar”, una broma de mal gusto considerando la escasez y los aprietos de esa época.

He dejado para la última parte de esta serie sobre el gerundio un uso que contraviene su naturaleza. Por ser una palabra de raíz verbal, el gerundio no se utiliza con sustantivos. Por ello la normativa no acepta la oración: Llegó un sobre *conteniendo dinero (gerundio malo).
En esta segunda parte sobre los gerundios, seguiré explicando los usos incorrectos. Hoy veremos con detalles lo que adelantamos en la entrega anterior: el gerundio es una palabra de raíz verbal que expresa una acción simultánea a la del verbo principal o inmediatamente anterior. Ojo, nunca posterior.
La palabra del mudo.
Acaba de salir en dos tomos la obra de J.R. Ribeyro.

Retomo mi bitácora con un asunto de suma importancia para quienes deseen mejorar su redacción: el gerundio. Lo haré por partes, empiezo hoy con ejemplos de una fea costumbre, cada vez más popular. Ojo con las terminaciones -ando, -endo, -iendo.