El misterioso hombre de la avenida La Paz
08
2008

Cuando el hombre de traje gris y escasa cabellera le señaló con el dedo el viejo reloj de péndola que esperaba a un lado de la acera, Román Galindo sintió un pálpito violento, como aquella vez en que supo que iba a perder el trabajo. Se acercó a él y lo levantó con cuidado para ubicarlo en la cajuela del viejo Nissan del 76 de su padre con el que ahora se ganaba magros soles haciendo taxi. El hombre se había sentado en la parte trasera y se entretenía con unas facturas que llevaba en una carpeta. Era una carrera larga desde Miraflores hasta unos almacenes frente al aeropuerto y desde el principio Román fue pensando en ese viejo reloj, que creía recordar y que lo fue transportando a una maraña de imágenes del pasado. ¿Acaso fue en casa de su tía Anselma o fue en la de Margarita, su ex enamorada? ¿Dónde? Entre semáforos y bocinazos, continuó aplicadamente pasando revista a escenas fugaces del pasado, hasta que se fue acercando al lugar y el momento, que lo arrastraban obligatoriamente a su niñez. Entonces lo recordó: ¡claro, había sido en casa de su abuela Ofelia a principios de los 80!, cuando Lima vivía bajo sombras y existían los buses azules del Metropolitano.
Desde ese instante y durante gran parte del trayecto, Román no fue capaz de quitarle la vista al hombre por el retrovisor como si en las líneas de su amplia frente estuvieran las respuestas a esa sensación que comenzaba a ahogarle. Hasta que se atrevió a dirigirle la palabra: “Bonito su reloj, caballero. Bien antiguo, seguro que le debió costar lo suyo”. Al oírle, el hombre, que miraba por la ventanilla las casas descoloridas de la avenida, hizo una mueca de poca cosa y movió la cabeza: “Nada”. Román, siempre atento al retrovisor, sintió en ese momento una sensación de angustia: “¡Qué suerte!”. Y eso fue suficiente para que el hombre elegante se enfrascara en su historia: “Se equivoca, amigo, yo vendo. Y este reloj ha estado a la venta… ¡uff!... pero parece que nadie lo quiere… y fíjese que está en magníficas condiciones… como recién hecho… así que estoy aprovechando que voy para el almacén para dejarlo… me ocupa mucho espacio en la tienda”. Román recordó la imagen que lo transportaba a casa de su abuela, el reloj colgado sobre la pared amarillenta y descascarada de la sala. Pensó: “Se va a podrir”.
Cuando llegaron al almacén, el hombre terminaba de contarle a Román sobre las frustradas ventas del reloj de péndola como si fuera un tema recurrente con las piezas antiguas, pese a que cada vez su precio había caído considerablemente. Desde que había caído en sus manos, los compradores habían desistido de adquirirlo de las maneras más extrañas al punto que más de uno le había pedido que se lo llevase sin reclamar el dinero. Por eso, mientras Román lo fue descargando, el hombre, que había notado el interés del taxista por esa reliquia, sorpresivamente, le propuso dejárselo. Román, que no se lo esperaba, le respondió con una mirada incrédula. “Sí, te lo regalo. Créeme, me harías un favor. Si tú estás de acuerdo, te dejo la factura y el certificado de propiedad. Con eso lo puedes retirar aquí mismo a partir de mañana”.
Minutos después, ya solo en el auto, Román cayó nuevamente en el vértigo de sus recuerdos, ese emotivo pálpito que lo aceleraba al pensar en el reloj. Una caja de péndola cadenciosa, de madera tallada en sus bordes, el barniz mate y el cristal brillante. Lo recordaba perfectamente por ese sonido lúgubre y escalofriante que anunciaba cada nueva hora del día. Pensó también en su madre mientras guardaba los papeles en la guantera. En la sorpresa que le daría cuando llegase a casa. Por lo menos una buena noticia después de tanto tiempo, pensaba. Sin embargo, esa noche, cuando le contó lo sucedido y le mostró los papeles, fue ella quien sorprendió al joven taxista diciéndole que mejor fuera pensando en mudarse si pretendía regresar ese objeto a la familia.
***
Al día siguiente trató de no hacerle mucho caso a las palabras de su madre. Había vuelto por la avenida La Paz y había buscado la tienda del elegante caballero del día anterior. No la recordaba a pesar de trabajar en esa zona desde hacía cuatro meses. Luego pasó la mañana yendo de un lado al otro, transportando gente y antigüedades, pero del hombre y la tienda, nada. Ya por la tarde, aprovechando una carrera hacia Los Olivos, se acercó al almacén y recogió el reloj. Si bien la madre no lo quería en casa, tranquilamente lo podía vender a buen precio y sacar algo de dinero, que en estas épocas nunca está de más, pensaba.
Con ese argumento llegó a casa por la noche, el reloj a un lado, para que la madre no le saliera con eso de que se tenía que mudar. Le explicaría, le diría que ya tenía comprador entre tanto anticuario que conocía en Miraflores. Sin embargo, cuando atravesó la puerta y la madre reconoció el antiguo reloj de madera, Román no tuvo tiempo de defenderse con su explicación. Un rictus de amargura y de mutismo se había pintado en su semblante. Con los ojos en blanco y lanzando un apagado quejido, había caído al suelo y ambos, padre e hijo, al verla desplomada, se apresuraron a su encuentro.
Una hora después, los dos aguardaban en la sala de espera de Emergencias del Hospital Rebagliati. También había llegado hasta allí Alicia, la mujer de su hermano Ernesto que desde hace tres años vivía en Paterson, Estados Unidos. Y durante las siguientes horas aguardaron con el corazón en la mano sin que nadie se tomara la molestia de ponerles al corriente sobre el estado de la señora Mercedes Souto. Nadie hablaba. Román, que no entendía hasta qué punto había sido una mala elección llevar el reloj a casa, se perdía en sus pensamientos buscando respuestas. Hasta que la voz de su padre, que muchas veces lo sorprendía con repasos de lucidez, lo trajo de vuelta:
- Ese reloj perteneció a tu abuelo Xocas- los tres seguían sentados uno al lado del otro en el mismo banco-. Cuando llegó envuelto en una gran caja de Portugal tu madre aún era pequeña y se hizo una celebración como si fuera un gran acontecimiento. Era una pieza antigua, una reliquia del siglo XIX. Y por años tu abuelo fue la única persona con autorización para darle cuerda. Nadie más tenía permiso para tocarlo, ni tu tío José. Hasta que con su muerte, el reloj comenzó a dar problemas.
- ¿Qué clase de problemas? ¿Qué tiene que ver eso con mamá?
- Después fue tu abuela Ofelia y cuando murió, tu tío José. Tu mamá en cambio no…
Y por más que Román insistió, su padre ya no volvió a hablar del tema. Luego se acercó una enfermera y llamó a un lado a Alicia. Román seguía pensando en lo que le había contado su padre. Entonces recordó la historia del anticuario, los problemas con sus antiguos compradores. Y pensó en seguir el mismo camino. Devolverlo. Todo con tal de ver a su madre en casa.



08
2008
Hola,
la idea podía dirigirse a que Román busque al hombre misterioso para enterarse cuál es ese misterio antes de devolver el reloj.
Quizá ahora también sería interesante que Román no pueda deshacerse del reloj porque de alguna manera permanece ligado a el.
Se me ha ocurrido la idea descabellada de que el reloj lleva una maldición de esas del vudú debido a un pasado oscuro. Tu sabes que Portugal es el colonizador de Brasil y en ambos lugares tienen muy extendido el tema de las creencias mágicas, las maldiciones y las momias malditas. Es posible que los dueños anteriores del reloj fueran vándalos, saqueadores y navegantes. Una historia que empieza con un capitán de mar con el camarote provisto de este reloj. La maldición? Brujería negra que obligar al poseedor del reloj a darle cuerda. En el momento de dejarlo, el reloj da la oportunidad de 12 horas para volver a darlas. Si no es posible, la persona muere a la misma hora en que no dio cuerda. Por eso el tio José murio. Un hombre joven no malgasta la vida dandole cuerda a un reloj viejo, la pasa mejor con chicas en posicion del pollito bebiendo agua en un estanque muy hondo.
Bueno... ya te comentaré algo mas sobre corsarios y piratas.
Un saludo
08
2008
Y habíamos dejado la acción , en los momentos en ke Roman (mas conocido como mascota de iglesia, porke lo mantiene el padre), estaba desesperado por conocer mas acerca de la historia del reloj, asi ke se le ocurrió regresar a casa y observar con detenimiento el famoso reloj, no había nada extraño en el salvo su antiguedad, le da la lavuelta y solo está la marca, CITISEN, nooooooooooooo, exclama Roman con desaire, no puede ser, Citizen es con Z, el reloj es pirata, chanchito,me han estafado, no puede ser, este debe ser el meollo del asunto, seguramente lo ke sucedió fué ke mi abuelo compro este reloj pensando en ke era original, pero al ver ke era chsanchito, perdió la razón ya ke gastó mucho dinero en el, siiii, ahora lose todo, regresaré al almacen en donde recoji el reloj para devolverlo.
Roman regresa con el reloj en la parrilla del auto (no va a ser en la parrilla de las parrilladas), echa el auto a andar y se detiene porke la el semáforto le muestra la luz roja, mira por el retrovisor y no puede ser, el viejito enclenke ke le regalo el reloj está sentado en el asiento trasero, lo mira fijamente y le dice:
Roman tu eres el elegido, el reloj te ha elegido para ke salves el destino del mundo de las garras de Pikoro Tai Maku, desde ahora seras RELOJMAN, nadie podra luchar contra tu poder.
Roman extasiado saca de debajo de su asiento una nicula, se acerca al viejito chapatin, ke aun sigue hablando de los poderes y cuando ya lo tiene al alcance, le da un certero golpe en la clavícula derecha del esternón,eso te pasa por fumar mas de la cuenta le dice, mientras lo bota del auto en movimiento, justo cuando ene se momento pasaba un camión, un trailes con pesados postes,una aplanadora dos mototaxis y un triciclo de mi sorino,todos atropellan al viejito chapatin.
Ro,an va al encuetro de su destino.......
09
2008
Veo que le dará un giro misterioso y fantástico al asunto,ponga algo como que el reloj adsorve la vida de los integrantes de la casa que lo poseen,leyenda que se ha ido marcando por las personas que lo han tenido y que causa temor enttre los coleccionistas de cosas antiguas...En fin,no está mal.Suerte.
10
2008
zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz...
11
2008
Esta visto que a excepción del abuelo que tenía la sabiduría para dar cuerda al reloj sin problemas, las demás personas por ignorancia o falta de protección ante el miedo eran fácilmente atacadas por la mala fortuna. Esta visto que nuestro personaje ya detectó que el reloj trae mala suerte. Pero quien se lo obsequió ya no querrá recibirlo. No le va a quedar más remedio que llevarlo a la cachina de la avenida Argentina y de todas maneras algo le van a dar a cambio (con suerte 5 lucas). No importa. Lo importante es deshacerse de él. Pero ¿qué le podrá ocurrir al cachinero? Quizá un incendio por corto circuito o por uso desenfrenado de pirotécnicos, o se le cae una pared mal hecha por un maestro de obras que cobra el sueldo mínimo o quizá la municipalidad de Lima cierra el centro comercial cachinero por falta de seguridad o lo que es peor los municipales les incautan su mercadería por considerarla pirata y no tienen opción a recuperarla (¿qué le ocurriría a la municipalidad si llega a su poder el reloj?), todo por culpa del maldito reloj que en algún reporte televisivo se observa intacto tirado en un rincón a merced que algún avispado ropavejero lo recoja.
11
2008
Ojalá que se ponga más interesante después.En fin,los aburridos a dormir en el parque.que es donde terminan quienes no leen...
11
2008
El reloj tiene una camara de video implantada.
Y el padre fue estafado cuando lo compro y trajo una seria de maldiciones a la familia.
OTRA IDEA Q EL ENCUENTRA UN LLAVE CON UNA DIRECCION DENTRO DE UN COMPARTIMIENTO SECRETO.
QUE LO LLEVA A UNA CASA DONDE TODOS PRACTICAN LA SANTERIA ,DE ESTE CLUB SU MADRE FUE MIEMBRO ,DONDE MAESTROS DEL VODOO CUBANOS ENSENAN LAS DOCTRINAS DE LA MAGIA NEGRA.
TAMBIEN PODRIA LLEVAR EL RELOJ A UNA DIRECCION Q FIGURA EN LA BASE DEL RELOJ
11
2008
Ay Luisito Luisito... y quien le pidió su opinión sobre mis ronquidos??? vaya a aprender a sonarse los moquitos niño, y a buscarse una enamoradita que le ayude a ocupar su tiempo, mientras tanto, yo seguiré durmiendo...
Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz...
Ah, por cierto, después de los signos de puntuación va un espacio cuando se tipea... error fatal para un chibolo tan letrado. Ojalá que se ponga más interesante después. Tú lo has dicho.
11
2008
Me parece un historia mas apropiada para ser parte de un universo mágico (ojo que no me refiero a brujas o maldiciones vudú). No sería interesante que el reloj esté ligado de alguna manera a esa familia y que todo este tiempo haya estado tratando de regresar a ella, ahí hay una razon a las constantes devoluciones de parte de otros compradores. Al reloj le gusta esa familia y quiere volver y quedarse en ella. Y el tic-tac no puede estar ligado a los latidos del corazón de alguien en particular?
12
2008
Vaya,sabe escribir,Anonymous,lo felicito,lástima que de sus conocimientos no sepa hacer nada más que recriminaciones.Pero igual,es un error del que gusto haciéndolo.Perdone:¿Acaso necesito que alguien pida opinión para que comente?Tendría que pedirle razones a usted por lo del moco y toda esa monserga,pero está demás,pues,probablemente no sabe de las cualidades del moco,si lo supiera probablemente terminaría comiéndoselo.Típico pensamiento machista el que para matar el tiempo hay que tener una enamorada,¿no quería mucho a sus mujeres?Supongo que es demasiado poco para considerarlas.Pero no se preocupe,seguro alguien que vale las quiere.Yo sin conocerlas las admiro,lo que tienen que pasar...Dormido,despierto,en usted no se nota,y si da igual lo mismo da.Sigue vigente lo que digo.
13
2008
Román se enfrasca en una misión realmente compleja, dado que no será nada facil encontrar al viejo del almacén. También caerá en la cuenta que para descubrir el enigma que encierra el viejo reloj de péndola, no basta con evocar los recuerdos de su infancia o las palabras de su padre en el hospital, sino que necesita tener suficiente lúcidez mental para poder descifrar las pistas que poco a poco irá encontrando. A eso hay que añadirle que sólo tiene un plazo de tiempo mínimo para devolver el reloj, pues si no lo hace su madre inevitablemente morirá y la próxima víctima de la maldición del reloj sería el mismo Román.
14
2008
Puede que el reloj no sea para la familia de Román una maldición. Puede que al final sea todo lo contrario.
¿Cómo se calificaría un mecanismo que acelerara hasta un simple momento el transcurso de la vida, cuando ésta está a punto de caer en el declive?.
Puede que ese instante fronterizo entre la vida y la muerte equivalga a todo el tiempo real acumulado en los incontables tic-tac del reloj.