Habría que ser foráneo para hablar del Perú y no mencionar a Oscar Avilés. Habría que ser insensible y no amar lo nuestro para no emocionarnos al escucharlo tocar guitarra. Es imposible conocer su talento y no aplaudirlo. Es imposible saber que es peruano y no sentirse orgulloso de ello.

(Foto: Richard Hirano/ Archivo El Comercio)
SONIA DEL ÁGUILA T.
Redacción Online
La Primera guitarra del Perú tiene 87 años. Nació en el Callao y vivió gran parte de su niñez en Breña, cuando tenía 10 años de edad recibió de manos de su abuela el mejor obsequio que alguien le podría haber dado: una guitarra. Desde ese día -asegura- su vida cambió. “Nunca más volvió a ser la misma”.
En su casa en San Borja parece no haber espacio para una distinción más. Avilés ha recibido diplomas e innumerables reconocimientos por su dedicada y entregada vida al servicio de la música. Su talento traspasó fronteras. En 1987 fue reconocido por la OEA (Organización de Estados Americanos) como Patrimonio Musical de América. “Esa es mi mayor satisfacción”, remarca.
El arte lo lleva en las venas. Viene de una familia de músicos.
Así es. Mi padre tocaba cinco instrumentos musicales, y mi mamá dos. Todo el entorno de mi papá tocaba algún instrumento y cantaba, yo bebí de esa gente.
Muchos lo conocieron en el comercial del Interbank “Historias de tiempo”, otros se conectaron con su música mucho antes. Algunos aún no saben quién es. Lucho dice que su música nunca se va a escuhar en las radios. Eso no lo paró. Él llevó nuestra música al mundo, recorrió, con su grupo “Sonidos Vivos” América, Asia y Europa, enamoró a millones con los ritmos peruanos, hizo que un grupo de extranjeros le dediquen su vida a la música andina, demostró que los sueños más increíbles se pueden cumplir. Ahora planea enseñarle a los africanos a tocar nuestras melodías. Lucho no tiene límites.
MARÍA PÍA BARRIENTOS
Redacción Online
Lucho está enamorado de la música peruana, de esa que es realmente nuestra, de esa que nació en los montes de los Andes, en los campos de la sierra, en el seno de ese Perú vivo que tantas veces olvidamos. La conoció a los 11 años y desde ese momento se convirtió en su compañera fiel. Decidió reivindicarla, luchar por ella, dedicarle su vida.
La materialización de su sueño se inició en el 2005, cuando ganó una beca de la UNESCO para organizar un proyecto musical en Montreal, Canadá. Con el proyecto en la cabeza, el músico viajó sin siquiera haber contactado a los músicos con los que formaría su grupo. Tenía solo unos meses para hacerlo. Su meta era clara, él iba a reunir un grupo de músicos procedentes de distintas partes del mundo que tocaran música peruana. Lucho empezó a tocar puertas. Su primer disco, “Kuntur”, el mismo que ahora relanza, fue su carta de presentación. Así, reunió a un turco, un vietnamita, un chino, un venezolano y un colombiano y formó “Sonidos Vivos”, grupo que ha recorrido el mundo llevando nuestra música lejos, muy lejos, a lugares en los que probablemente jamás soñó resonar. Ahora prepara UN documental que grafica la edificación de una idea, la materialización de UN sueño, la internacionalización de un pueblo.
Has lanzado “Kuntur”, que es una reedición del disco que sacaste hace 7 años. ¿Qué trae de nuevo esta producción?
La decisión de sacarlo nació porque aquí, en el Perú, nunca hice un lanzamiento oficial y “Kuntur” fue el disco con el que originé todo. Con él pude construir este gran proyecto que es “Sonidos Vivos”, fue el disco con el que convencí a los músicos de todas partes del mundo para que conozcan la música peruana. Esto es el génesis de este gran proyecto y sentí que era algo que tenía que compartir aquí. El disco tiene cuatro canciones nuevas, hay temas que he compuesto hace muchos años y otras que he hecho hace muy poco.
De dónde sale la idea- y las ganas- de juntar a gente de todo el mundo y hacer “Sonidos Vivos”?
Fue por una razón que descubrí cuando era niño. Cuando yo estudiaba en Huancayo mis amigos me invitaron a compartir la zampoña, a compartir la música andina, que yo no conocía hasta ese momento, porque yo vivía acá, en Lima. Me empecé a enamorar de la música peruana y se me quedó en la cabeza que, de la misma manera en la que yo había aprendido, como jugando, cualquier músico, de cualquier parte del mundo, podía aprender. De más adulto, empiezo a desarrollar este proyecto para poder demostrar que cualquier persona de este mundo, sin importar en qué lugar haya nacido, se puede enamorar de la música peruana, la puede tocar y la puede difundir.
A pocos meses de estrenar nuevo disco, el destacado guitarrista y compositor argentino Luis Salinas se presenta este sábado 21 en el auditorio del Colegio Santa Úrsula. Una nueva oportunidad para escuchar de cerca el talento, emoción y entrega que lo llevó a tocar la lado de músicos legendarios como BB King, Paco de Lucía o Chucho Valdéz. Más allá del virtuosismo, Salinas es un animal musical que siente cada sonido, cada vibración, que canta con la pasión de un trovador y que acoge al mundo como un padre, un hermano o un amigo. Un ser humano.
Por Luis Pacora Cabrera
Luis, bienvenido al Perú, es más que un placer tenerte nuevamente con nosotros. ¿Qué has estado preparando para tu show en Lima?
El que está contento de volver soy yo, venir al Perú es como volver a la casa de un amigo al que quiero mucho. Ahora estoy terminando un nuevo disco que saldrá dentro de dos o tres meses, entonces la idea que tengo para este viaje (el concierto) es hacer un recorrido por todos mis discos tocando un poquito de salsa, de candombe, de boleros, de música argentina, es decir, un poquito de cada cosa, porque yo soy una consecuencia de lo que he escuchado.
En julio de este año, los integrantes originales de Leusemia se reunieron y dieron un concierto para celebrar las bodas de plata del grupo. Kimba, Montaña y Leo Scoria tomaron, con Daniel F. a la cabeza, el escenario del Parque de la Exposición y volvieron a ser aquellos jóvenes rabiosos que una noche de octubre empezaron a escribir -y protagonizar- quizás uno de los más importantes capítulos de la historia del rock nacional.
Meses después, en noviembre, salió a la venta el DVD “La noche de los 25 años”, donde se refleja lo que fue ese reencuentro; no solo el concierto, sino lo que se vivió desde que llegó Leo de Italia especialmente para la ocasión.
El mismo día en que habíamos acordado la entrevista con el F, llegó a la redacción una lata que contenía el recién estrenado DVD. Una lata que parece haber sido inspirada en el envase de una conocida marca de cremas o en el de la tradicional natilla, y que llevé conmigo a su casa. “Veinticinco años te demorarás en abrir eso”, ironizó al ver mis frustrados intentos para sacar el disco.
Sentados en los muebles blancos de la sala de su departamento, empezamos a conversar recordando aquel primer concierto: “Lo más crucial era que cantábamos en castellano y nuestras propias canciones”. Luego, Daniel reconoció estar sorprendido de haber sobrevivido tantos años haciendo música y que lo mejor del reencuentro de Leusemia no fue el concierto, sino caminar en la calle con sus amigos.
Por Tatiana Perich
Fotos: Ricardo Reátegui
Luego de una gira que la llevó por varios países de Europa, Susana Baca está de regreso en su tierra, en su casa de Chorrillos, donde nos recibió su gran danés Buba, mientras ella terminaba de posar para el lente de un fotógrafo bajo el sol de un caluroso mediodía de noviembre.
Si bien ha tenido esporádicas presentaciones en el país, en las que generalmente compartió escenario con algún artista invitado, han pasado seis años desde su último gran concierto: el que realizó luego de haber ganado el Grammy Latino en el 2002.
Por eso, ahora Susana siente que ya es momento de “volver a mirar a los ojos a la gente que la acompaña cuando está lejos y abrazarla con su música”.
Nosotros aprovechamos la oportunidad para saber más de esta mujer que se ha vuelto la embajadora de la música afroperuana en el mundo; aquella hoy en día se presenta descalza ante un público que muchas veces no entiende lo que dice, pero que definitivamente siente lo que canta.
Por Tatiana Perich
Fotos: Ricardo Reátegui
Estamos en Chorrillos, distrito en el que nació y creció. Usted ha contado que vivía en una especie de quinta en la que se juntaban a hacer música. ¿Cómo fue esa época?
Era una época muy linda, del imaginario de los niños. Imagínate, todo el día estábamos en la playa y regresábamos en la tarde a la casa, las tías tenían la cena para nosotros y después de la cena nos sentábamos y nos hacían trencitas con hilitos de colores; nos contaban cuentos y también cantaban. Entonces, ahí aprendíamos todas esas cosas que nos acompañan en la vida.
Para conversar con Damaris tuvimos que tener paciencia. No porque llegara tarde a nuestra cita, sino porque, entre otras cosas, tuvimos que esperar algunas semanas a que regresara de Estados Unidos. Y era de esperarse que tuviera una agenda ajetreada, desde que a inicios de este año ganó competencia folclórica en el Festival de Viña su carrera se catapultó, más aún luego de que en setiembre, su disco “Mil caminos” fuera nominado al Grammy Latino a mejor álbum folclórico.
Cuando llegamos a la oficina en la que nos habían citado, pensamos que nos habíamos equivocado: Parecía una empresa de turismo o de comercio marítimo o de algo relacionado a barcos. Tocamos la puerta y preguntamos por ella. Nos atendieron y nos pidieron que por favor esperáramos unos minutos. Estábamos en el lugar correcto: en la compañía de su papá donde ella tiene una oficina para, como nos dijo, ver sus cosas.
Damaris Mallma creció en medio de instrumentos y notas musicales andinas. Fue su madre, la cantante Saywa, quien le regaló su primer charango cuando apenas tenía 6 años. Y fue en su grupo donde, cuatro años después, Damaris empezó a tocar. De ahí vienen sus raíces artísticas: “Mi música es peruana, no solo andina, con distintos matices que no necesariamente son peruanos y que hacen que sea digerible para una persona que no es peruana”, explica.
A pesar de que tan solo tiene 22 años, Damaris ha recorrido un largo camino. El siguiente paso es asistir a la entrega de los Grammy este 13 de noviembre, fecha que espera con intranquilidad porque ya no hay nada que pueda hacer. “Dependía de mí cuando estaba haciendo el disco (…) Ahorita solo hay que esperar”.
Por Tatiana Perich
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Desde los 14 años, cuando comenzó a relacionarse con la música en el estudio de grabación de su padre, hasta hoy que ya ha pasado la base tres y trabaja como DJ y productor musical (fue condecorado como el Mejor Productor del 2007 por APDAYC), para Jaime Cuadra, trabajar con sonidos es el pan de cada día.
En el intermedio tuvo una banda de rock, Graffitti, y una corta carrera como solista, la que dejó para dedicarse a la producción de audio para radio y televisión. Pero en el 2006, luego de más de una década, volvió a escena cuando dio a luz un disco innovador: “Cholo Soy Peruvian Waltz Chillout”, en el que mezclaba la música criolla con la electrónica, el primero en su estilo, criticado por pocos y alabado por muchos, y por el que ganó el premio al Mejor Álbum de Fusión del 2007 en los IMA Awards.
Por Martín León Espinosa
¿Cómo se te ocurre mezclar valses peruanos con la electrónica?
Nació como un proyecto personal. Desde la época que fui solista, en la década del 90, fusionaba música negra con el pop rock, pero no pensaba mezclar géneros como la música criolla con la electrónica, que escuchaba bastante por aquellos años. Pero un día, en el 2005, regresando de un viaje familiar, escuchando música criolla mientras manejaba, se me ocurrió mezclarla con chillout, que era un estilo que también oía bastante. El lunes siguiente, en el trabajo, hice la mezcla y me gustó como quedó.
Fue después de escuchar “Historia de las sillas" de Silvio Rodríguez que un Gianmarco Zignago de unos 14 o 15 años se animó a componer su primera canción. Hoy, tras veinte años de carrera musical, el cantautor peruano que llegó a trabajar con Emilio Estefan y a componer canciones para reconocidos intérpretes internacionales, agarrará una vez más su guitarra y se sentará sobre el escenario de un teatro dispuesto a conectarse con su público.
Con su último disco “Desde adentro", el que ya obtuvo un Disco de Oro en ventas, Gianmarco vuelve a sus orígenes acústicos. En él incluye aquellas canciones que se hicieron conocidas en la voz de otros, pero ahora con su ritmo, “como fueron concebidas en algún momento".
Gianmarco promete compartir con la gente “lo que solía compartir cuando cantaba en el Canta Rana", explicar el porqué de una canción y el contexto en la que nació. “Si yo me pongo a cantarte varias canciones y te cuento por qué cada frase, esa canción la vas a querer más, porque te pasó a ti o porque te identificaste con una historia", me dijo. Y eso es justo lo que hará con el público que lo vaya a escuchar del 1 al 7 de agosto en el Teatro Marsano y el 22 y 23 en el Teatro del Callao.
Por Tatiana Perich
Fotos: Ricardo Reátegui
Desde que inició su carrera a finales de los ochenta, se considera un artista aventurero, un borderline que no le teme al peligro, por su vocación perpetua de andar husmeando por entre las bisagras de los más disímiles géneros musicales.
Blindado por esta tesis egocéntrica y unilateral, establece una diferencia —académica, categórica y científica— entre él y algunos músicos peruanos, a quienes critica con dureza en ciertos tramos de esta entrevista que incita a la polémica. No se espera menos de Rafo Ráez.
Por Rubén Barcelli Suárez
¿Es verdad que no pudiste grabar tu primer disco debido al ‘paquetazo’ de 1987?
Sí, claro. La banda se llamaba —y se llama— “Se busca". Cuando teníamos la plata para grabar dos canciones y editar un 45 el dinero se “disolvió". Sin embargo, pese a esa experiencia, no me siento identificado con la década de los ochenta. Acababa de salir del colegio, no tenía ni 20 años. Todas las experiencias que me formaron ocurrieron en los noventa. “Se busca" es un grupo ochenta, pero no es ‘mi’ grupo, pero es una banda que ha tenido la vitalidad de continuar gracias a que la gente sigue pidiendo sus canciones. En todo caso esa experiencia me sirvió para saber qué era lo que quería.
La fachada tradicional de una casa ubicada en Valle Hermoso en Monterrico no muestra algún indicio que detrás, específicamente en una pequeña habitación llena de lo que parecen ser recuerdos y objetos sin utilizar, cinco muchachos que ya no lo son tanto vienen creando un material nuevo con el que puedan volver a tiempos mejores. Regresar a épocas donde TK se convirtió en una de las bandas más populares del medio, que asistía a cuanto evento importante había en nuestro país.
Infiltrada en su espacio y escuchándolos ensayar, me parece estar viendo aquellas películas norteamericanas donde un grupo de adolescentes sueña con formar su banda y conquistar a las chicas más populares. Sin embargo, a diferencia de esos personajes de cine, Emilio, Juan Francisco, Fergan, Andrés y Miguel giran su conversación en torno a la crianza de sus pequeños, en qué pediatra es excelente para sus hijos y por qué es mejor la leche materna para el bebé hasta una cierta edad. Yo me divierto escuchándolos y ellos se divierten compartiendo esta clase de información. Sin embargo, también son conscientes que cada jueves no solo lo tienen destinado para hablar sobre sus vidas personales, sino para crear los acordes de su música y darle con fuerza a lo que será el resurgimiento de TK y su nuevo material “Núcleo", con el que esperan volver a conquistar a sus fans y ganar nuevo adeptos en una movida musical que parece solo estar copada por el reggaetón o la cumbia.
Por Yanina Manrique Llerena
Una nueva era
A mediados del 2006, la desintegración de TK parecía marcar el fin de esta banda de pop rock que logró conquistar dos premios MTV y que hizo el soundtrack de la película animada “Piratas en el Callao". El ex vocalista Diego Dibós, Christopher Farfán, Edgar Guerra y Carlos Lescano habían emigrado para realizar proyectos personales. Emilio Pérez de Armas se quedó solo con un nombre patentado y necesitaba recomponer el desmembrado núcleo. Fue cuestión de meses para que el nuevo proyecto se materializara. El primer contacto fue con André Bretel, no tardó en unírseles el guitarrista Fergan Chávez Ferrer, el tecladista Miguel Ginocchio, y el baterista Juan Francisco Escobar. “La química fue inmediata y la música solo fluyó" dicen ellos. Emilio, ahora la voz del grupo y autor de cinco temas del nuevo material, nos habla de este renacer.
Emilio, siendo tú el único integrante que decidió quedarse ¿Por qué seguir con TK?
Creíamos que TK daba para mucho más, el concepto queda y las personas se van, así fue como se consiguió amigos a fines a uno para continuar con este proyecto