¿Se acuerdan de la Caja Mágica del mago Lorgia o de sus programas de televisión? Probablemente la mayoría de los que fueron niños en la segunda mitad de la década de los ochenta dirá que sí. Pues bien, el mismo Gustavo Lorgia está de regreso en nuestro país para presentarnos, por primera vez en vivo, lo mejor de su repertorio en un show musical que mezcla lo clásico con lo moderno.
Mientras espero para poder conversar con él, lo veo ensayar frente a la cámara. Los movimientos de sus manos revelan muñecas ligeras y dedos ágiles que antes o después de algún movimiento producen un chasquido. Y en todo momento, una sonrisa perfecta le da vida a su rostro. Todo parece estar en armonía. El mago Lorgia se desenvuelve sobre el escenario con la calculada delicadeza de alguien que viene haciendo lo mismo desde hace varios años y es capaz de asombrarnos con las cosas más sencillas.
Después de verlo hacer un par de trucos con naipes y uno que consiste en generar la ilusión de romper un billete, le pregunto qué es lo que responde cuando la gente, como yo, le pregunta cómo lo hace: “Es que soy mago”, me dije.
Por Tatiana Perich
Usted no es mago por casualidad. Su papá y su abuelo fueron magos y usted creció rodeado de magia.
Mi padre era un mago profesional muy famoso en América Latina en los años 20 y 30. Mi abuelo era un italiano que tenía la magia como hobby. Mi padre tuvo cinco hijos y yo era el que le cargaba la maleta. Era su ayudante. Cuando yo era niño, yo creía que mi padre era mago de verdad.