Es guía profesional de alta montaña y un atleta de élite. Sin embargo, eso no es suficiente para Richard Hidalgo. Él, además, quiere escalar el monte Everest sin ayuda de oxígeno suplementario. Para este nuevo reto, el maestro del montañismo ya emprendió su viaje y hoy se encuentra en su quinta expedición a la cordillera de los Himalaya, ubicada en la frontera entre Nepal y China.
El pasado 20 de febrero, como parte del reto que creó el proyecto Andes Challenge, Richard Hidalgo logró sortear con éxito el desafío de ir desde la cima del nevado Vallunaraju en Huaraz hasta la playa Tortugas en menos de 24 horas. Su recorrido duró 20 horas. Hizo el camino escalando, montando bicicleta y corriendo.
Richard es una muestra personificada de vigor y perseverancia. Sin embargo, él afirma que no se cree ni más ni menos por ser el único montañista peruano en haber llegado tan lejos. Por el contrario, cuando conversas con él, su rostro solo refleja ecuanimidad y sobre todo, mucha sencillez.
Mientras conversamos en una heladería de San Isidro, me cuenta que su estrategia para ser capaz de desafiar su próximo reto constó en escalar los nevados Coropuna (6.426 m.s.n.m) y Ampato (6.318 m.s.n.m), ambos en Arequipa. Una vez en el Himalaya, el entrenamiento incluirá la ascensión del monte Hinglum, de 7.121 ms.n.m. para continuar con la aclimatación que le permitirá hacer cumbre en el Everest, la montaña más alta del mundo (8.848 m.s.n.m).
¿Cuál es el truco? Controlar la mente para ser capaz de guardar la calma ante momentos de tensión, afirma Richard. Y aunque suene difícil, no hay duda que para él esto le resulta más fácil que a cualquiera.
Por Pamela Oyola
¿Listo para escalar el monte Everest?
Sí, voy para retomar el punto donde me quedé el año pasado, que es a 500 metros. No pude terminar por factores climáticos, porque había -30 grados y vientos que van más de 200 km/h. Eso hace que no circule bien la sangre, que uno tenga la garganta seca. El frío es peligroso porque no te permite avanzar.
Luego de un largo peregrinaje por paradisíacas islas y playas de Indonesia, país al que viajó buscando las mejores olas para practicar tabla, el “free surfer” peruano Jonathan Gubbins alista el estreno de su película-documental “Stoked”, un filme que nos regala generosas cantidades de adrenalina y que a través de espectaculares imágenes e historias de vida nos invita a descubrir una cultura poco conocida por la mayoría de nosotros
Si bien ha regresado a Lima para descansar, reencontarse con la familia y los amigos y afinar los últimos detalles del estreno de “Stoked” programado para febrero, Gubbins no deja de trabajar y ya alista lo que será su próximo viaje: a fin de año se va a Pipeline, en Hawái, donde espera grabar material para una próxima producción.
Por Joaquín Ortiz R.
¿De qué trata tu película “Stoked”?
Es una película-documental grabada entre julio y setiembre de este año que cuenta lo que hemos estado haciendo últimamente, recorriendo varias islas en Indonesia, grabando la cultura de ese país, nuestro recorrido buscando y corriendo olas…todo lo que vivimos en ese viaje. El “stoked” es el momento mágico, cuando sientes una felicidad máxima o que has logrado todo. Por ejemplo, el “stoked” de los chicos de Indonesia es tener una tabla y vivir frente a la playa.
¿Y cuál es tu “stoked”?
Seguir haciendo lo que hago.
Él es el Ken del fútbol peruano, un muñeco con el pelo parado embadurnado en gel que atrapa pelotas sobre un campo de grass, un chico fashion cuya sonrisa combina –extrañamente- la inocencia y espontaneidad de un niño con el gesto estudiado y calculado de un modelo.
De alguna manera, George Forsyth es para el fútbol peruano lo que David Beckham es para el mundo. Le pregunto si cree que está siguiendo sus pasos, me dice que seguramente sí, pero se apura en marcar la diferencia: “Me considero más un empresario que un modelo”.
Tiene razón, actualmente Forsyth está dentro de la industria de la moda, pero no porque alguna marca le pague por prestar su cara bonita para una campaña. El negocio es similar, pero al revés: él mismo está sacando su línea de ropa y accesorios, G&F, y a la vez está utilizando su imagen –y su físico- para promocionarla.
Por Tatiana Perich
Fotos: Sergio Sicheri
Hace varios años entraste al mundo del modelaje, ¿qué fue lo primero que hiciste?
A los 14 hice algo rápido: una sesión de fotos nada más. Me vinculé más a la moda y todo eso a los 16 o 17 años, cuando hice catálogos para diferentes empresas. También hice uno que otro desfile, pero no era lo mío, así que hice más fotos.
¿Cómo así empezaste?
El tema de la moda y la ropa me ha interesado desde siempre, pero nunca me identifiqué mucho con el modelaje. Sin embargo, a esa edad era una manera fácil de hacer dinero y, como cualquier chico, aproveché las oportunidades que me dieron. No lo hice tanto, pero me sirvió para conocer un poco más de ese mundo.

Kina no es una Million Dollar Baby como Hillary Swank, pero quizás alguien quiera hacerle una película o una de esas miniseries que andan de moda. Pasó de todo para ser campeona mundial de peso pluma de la Asociación Mundial de Boxeo y cuando logró su sueño fue cuestionada por ostentar la nacionalidad australiana. Ella, claro, está harta. Harta de que se hable más de la bandera en sus shorts que de los golpes que le dio a Maureen Shea en un escenario tan enorme como el Madison Square Garden. Y Kina siempre golpea primero con su puño (y lengua) de dinamita.
Por Ángel Hugo Pilares / Fernando Lozano
Queríamos saber qué piensas de todo lo que se dice acerca de los Laureles Deportivos.
Mira, ya estoy cansada de ese tema. ¿Saben qué? Que no me den los Laureles Deportivos. No merezco ese maltrato después de lo que he pasado para conseguir el título mundial. Todavía después de que me negaron dos veces la visa por ser peruana. Yo he tenido que salir por obligación. Si me hubiera quedado en el Perú no hubiera logrado nada. Los mejores deportistas profesionales han logrado cosas saliendo del Perú. No he peleado ni por Perú ni por Australia, he peleado por Kina Malpartida. Los boxeadores profesionales no representamos a ningún país sino a nosotros mismos.