Lucía y Joaquín Galán vuelven a Lima después de 16 años para ofrecer un concierto repleto de la pasión con la que nos enamoraron
MARÍA PÍA BARRIENTOS @pia_barrientos
Redacción Online
Tenía 8 años. Se puso el vestido rojo de mamá, se calzó esos tacos negros que le bailaban en los pies, se pintó los labios, se embarró los ojos con sombras negras y se puso las argollas doradas que ella jamás le dejaba tocar. Presionó play en la radio. El casette empezó a girar. Agarró un cepillo y empezó a cantar con su voz de pito: “A esa que te aparta de mí, que me roba tu tiempo, tu alma y tu cuerpo; ve y dile. (¿Qué quieres?, replicaba la voz masculina) Que venga, que tenga valor, que muestre la cara y me hable de frente si quiere tu amor”. Luego, de pronto, mamá llegó. La encontró infraganti. Empezó a reír.
Seguro muchos guardan recuerdos como este y es que Pimpinela marcó la niñez de miles, quienes interpretaron en las actuaciones del colegio sus canciones, que se hicieron pasar por amantes, por mujeres despechadas, por hombres arrepentidos que decidían volver. Lucía y Joaquín Galán nos enseñaron lo que era la pasión, lo que era el loco amor.
Han pasado los años. Lucía Galán, pelirroja como siempre, están más viejos, pero están de vuelta en Lima después de 16 años de su última visita en la capital. Han regresado para hacernos sentir una vez más. Ahora nos cuentan en qué radica el éxito de su carrera, esa que ha durado 30 años.
Regresan al Perú después de 8 años; después de 16 años a Lima. He escuchado que dijeron que su país preferido en Sudamérica- calculo que después de Argentina- es el Perú. ¿Es verdad eso?
Lucía: Sí. Empezamos aquí. El primer especial de televisión, que usamos por muchos años, lo grabamos acá, en el canal 4, hace casi 30 años. El primer país en el que salió nuestra telenovela “Luna Azul” (1987) fue aquí. Realmente para nosotros este es un país muy especial.
¿Qué otros recuerdos tienen del Perú?
L: Recorrerlo. Tratar de conocerlo, de visitarlo. Llegamos a Cusco también. Hay lugares maravillosos y especialmente la gente, es muy cálida, muy cariñosa.
¿Y por qué tardaron tanto tiempo en volver?
Joaquín: Bueno es que a veces uno quiere volver y no tienes el tiempo, no están dadas las condiciones necesarias en el lugar o no encuentras al empresario adecuado. Hay muchos factores que influyen. Pero nuestra carrera no es una carrera que tenga un límite o un plazo. Vamos viviendo, vamos haciendo las cosas conforme vayan surgiendo, sin forzarlas. Pero sí nos gusta regresar a los sitios, especialmente donde nos han tratado bien. Es como la amistad. Si las cosas duran tanto es porque uno las alimenta. Pero han pasado cosas intensas en el Perú. Nos unen muchos vínculos afectivos y de idiosincrasia que mantienen el vínculo.
Yo he crecido escuchando sus canciones. Son muy pasionales. ¿Hacen catarsis cuando están en el escenario?
L: Sí. Hacen catarsis abajo y uno también lo hace arriba. Cada una de las historias representan momentos de nuestra vida por separado, con nuestras parejas, entonces uno se emociona permanentemente. Uno recuerda ese momento, te enojas o lo vives como si fuera el presente, entonces creo que es ahí donde se produce el contacto con la gente. Cuando estás arriba del escenario cantando y te están pasando cosas por dentro, inmediatamente hay una comunicación invisible, etérea, mágica con un público al que también le pasan cosas. Eso es lo que hace un artista: transmitir.
¿Cuál es el secreto de la magia de Pimpinela? El secreto que ha permitido que tengan una carrera de más de 25 años.
J: Si supiéramos el secreto… imagínate. Yo creo que primero ha sido hacer algo distinto. Eso nos dio la posibilidad de que la gente se sentara a vernos. Luego, cuando lo veían, nosotros lo vivíamos, somos los personajes que estamos interpretando. El que lo que hagas, lo hagas con pasión y con sentimiento también te hace perdurar. Y lo otro es el trabajo, la disciplina. Hay muchos genios que no han podido lograr un objetivo. Yo creo mucho más en la gente que tiene talento, pero también tiene la perseverancia.
Lucía, en el 2006 atravesaste un problema de salud complicado (sufrió una isquemia cerebral que produjo una parálisis en su mano, brazo y pierna del lado izquierdo), ¿qué fue lo que te impulsó para recuperarte y después poder volver al escenario?
L: Mi primer y único impulso fue mi hija. Después, si esa recuperación podía abarcar mi vida profesional y permitir que me pueda volver a subir a un escenario, perfecto, más agradecida todavía. Pero mi principal preocupación era Rocío (su hija de 14 años, en ese momento tenía 9), poder estar bien como mujer y como madre. Esa era mi única meta, mi única prioridad y la razón por la que iba todos los días a rehabilitación a hacer mi terapia. Después se dio que pude subirme de nuevo al escenario y poder seguir con mi trabajo, que también es lo que amo, pero mi motor principal es y seguirá siendo ella.
De todas manera se sintió mucho miedo.
L: Sí, por supuesto. Fue una situación muy traumática. Estábamos de gira en México, en Zacatecas, y que de pronto te veas imposibilitada y con la mitad del cuerpo paralizado… Estaba mi hija también conmigo. Fueron momentos de mucha crisis, mía, familiar, laboral, una revolución que nos tocó a todos, como un tsunami general. Pero luego las cosas se fueron calmando. Yo soy una persona muy creyente, obviamente rezaba, pero también iba siempre a hacer mis ejercicios. No bajaba los brazos. Bueno; no bajaba uno, porque el otro lo tenía paralizado (risas)... Un chiste malo… Pero bueno, ahí fue como la vida me dio la oportunidad de estar bien de nuevo.
Y ahora también tienen a sus hijos cantando, con ustedes (A Rocía, hija de Lucía, y a Francisco, hijo de Joaquín). ¿Cómo se siente eso?
J: Es muy emotivo. Cada uno a su manera ha empezado a hacer esto. Francisco, de 21 años, tiene su grupo y Rocío está en el colegio, pero también tiene sus clases de canto, de baile y de actuación. En el futuro quiere ser una artista, ya lo es. Así que juntarnos los 4 en un estudio y cantar una canción juntos fue muy loco; como el disco: “Estamos todos locos”.
¿Y están todos locos?
J: El mundo está loco. Ellos tienen esa locura de los artistas, de ser soñadores, creativos, esa locura sana, necesaria para sacar lo que uno tiene dentro.