¿Se acuerdan de la Caja Mágica del mago Lorgia o de sus programas de televisión? Probablemente la mayoría de los que fueron niños en la segunda mitad de la década de los ochenta dirá que sí. Pues bien, el mismo Gustavo Lorgia está de regreso en nuestro país para presentarnos, por primera vez en vivo, lo mejor de su repertorio en un show musical que mezcla lo clásico con lo moderno.
Mientras espero para poder conversar con él, lo veo ensayar frente a la cámara. Los movimientos de sus manos revelan muñecas ligeras y dedos ágiles que antes o después de algún movimiento producen un chasquido. Y en todo momento, una sonrisa perfecta le da vida a su rostro. Todo parece estar en armonía. El mago Lorgia se desenvuelve sobre el escenario con la calculada delicadeza de alguien que viene haciendo lo mismo desde hace varios años y es capaz de asombrarnos con las cosas más sencillas.
Después de verlo hacer un par de trucos con naipes y uno que consiste en generar la ilusión de romper un billete, le pregunto qué es lo que responde cuando la gente, como yo, le pregunta cómo lo hace: “Es que soy mago”, me dije.
Por Tatiana Perich
Usted no es mago por casualidad. Su papá y su abuelo fueron magos y usted creció rodeado de magia.
Mi padre era un mago profesional muy famoso en América Latina en los años 20 y 30. Mi abuelo era un italiano que tenía la magia como hobby. Mi padre tuvo cinco hijos y yo era el que le cargaba la maleta. Era su ayudante. Cuando yo era niño, yo creía que mi padre era mago de verdad.
Bartola, o Adriana Esther Fernández Dávila, es cariñosa, jaranera y –a pesar de que no tiene hijos-- muy maternal. Sabe que Dios le dio el talento para cantar y que una de sus principales tareas es lograr que los jóvenes amen la música peruana.
Ella es también responsable de la inmortal y sufrida frase “No, mi amor”, y ahora que conversamos, es fácil percatarse por qué. Niega tener enemistades con su ex compañera Lucía de la Cruz, con quien conformó un glorioso trío musical junto a Lucila Campos. A esta última la considera una leyenda viva del criollismo puro y de la música afroperuana.
Por Daniel Meza
¿Cómo comienzas tu carrera artística?
Mis inicios son dolorosos. Me metí a un concurso sin permiso de mi mamá, y ella me dio duro en la pierna con un cucharón de palo porque le mentí. Le contaron que me habían visto con mis amigas caminando. Es que era diciembre y ya terminaban las clases. Tenía solo 15 años. Le dije que iba a la escuela. Debí llegar mucho más temprano del colegio. El concurso era de la Caravana Cultural Tupac Amaru, era de mi hoy madrina Marta Chávez “La Peruanísima” y cuando se enteró que yo iba a participar me rompió el cucharón de palo en las piernas. Fue un inicio sufrido.
Ya lo conocemos. Se llama Erick Elera, tiene una orquesta y ahora es el chico engreído de “Al fondo hay sitio”, la serie televisiva más popular de nuestro país. Es, sin duda, la típica imagen de todo muchacho que nace con poco y se gana lo que tiene a punta de perseverancia, carisma y humildad. El joven actor limeño dice que es un amante del arte y quiere ganarse la vida haciendo lo que le gusta. Su madre, fallecida hace poco tiempo, es su mayor inspiración. Cuando empezó en esto, según relata, comenzó cobrando una gaseosa y un pan con jamonada. “El dinero nunca fue mi incentivo”, aclara. Ahora que la situación es muy distinta, Erick sabe que debe aprovecharla.
Cuenta que uno de sus ídolos es César Ritter porque cree que se parece a él, aunque cada uno con su estilo. Insiste en que besar a la bella Nataniel Sánchez es un trabajo difícil. No le creo. “Todo sería más fácil si fuéramos pareja” dice con un suspiro de esos que dejan ver más allá, y agrega que lo sentimental está separado de su chamba. “Nataniel y yo tenemos una linda amistad”.
Por Daniel Meza
¿Es verdad que eres la persona más difícil de ubicar del elenco de la serie?
¡No! La gente cree que uno se bota, pero no es así. Es por los tiempos, que los tengo ‘matados’. Me dan mis roles de grabación un día antes. Pero siempre hay tiempo para todo.
¿Cómo llegaste a la televisión? Me imagino que no es cosa fácil.
Definitivamente no es fácil. La televisión es muy cerrada. Gracias a Dios desde que comencé a actuar no he soltado la rienda. Fui a cástings, estudié un tiempo en Iguana Producciones. También me ayudó a desenvolverme el formar parte de la “Joven Sensación”, tenía entre 17 y 18 años. Siempre toqué puertas para que se acordaran de mí. Comencé haciendo “El profe” y “Los del barrio” con Michelle Alexander, que es como mi madre. Así llegué a “Al fondo hay sitio”.
¿Quién no conoce a Nicolasa? La viejita pícara e irreverente que todas las tardes acompaña a Lorena Caravedo en el set de “Hola Perú” se ha ganado el corazón de todo el país. Pero pocos conocen a la persona que siempre está debajo de sus faldas, dándole vida a este carismático personaje inspirado, entre otras típicas mujeres limeñas, en Chabuca Granda.
La naturaleza dicta que las madres son las que crean a sus hijos. En este caso, fue al revés: Ángel Calvo hizo, con trapo, tela y lana, a su mamá Nicolasa, quien pronto cumplirá cien años. “Ella dice que soy su hijo prematuro y que me mantiene, cosa que es verdad (…) ¡Es chévere ser hijo de mami!”, nos dice Ángel sin poder evitar soltar una carcajada.
Lo encontré rodeado de muñecos y espuma en un pequeño taller dentro de TV Perú. Fue recién ahí que me enteré que él mismo hace sus títeres; que antes de estudiar teatro, estudió Derecho; que su padre era de la selva y que él creció en una comunidad indígena; y que se ha casado y divorciado cuatro veces –“nadie me aguanta”, explica.
Ángel Calvo es mucho más que Nicolasa. Es su narrador de cuentos que por estos días está presentando “Cuentos de amor y lujuria” en un local miraflorino. Y es quien está detrás del nuevo programa infantil –y de títeres- de canal 7: “Los Pimpollos”.
Por Tatiana Perich
¿Cómo es que entró al mundo de los títeres?
Cuando tenía 23 años, un día llevé a mis hijas a una función de títeres y el titiritero era malo, malo, remalo hasta la pared del frente, pero igual nos reímos y nos burlamos y todo. De ahí salí muy contento porque dije “yo puedo hacerlo mejor”. Entonces, años después me dediqué a hacer títeres. Empecé en realidad en 1992 más o menos. Estaba de director de la Escuela Departamental de Teatro del Meta de Colombia y con un grupo de alumnos formamos un grupo que se llamó Fariña, que era solamente de títeres. Empezamos a trabajar con eso y de ahí me di cuenta que éramos muy malos haciendo los títeres, así que me metí a la universidad de los Llanos Orientales de Colombia a estudiar escultura. Tengo la especialidad en Fundición a la Cera Perdida.

Ellos saben que su única pasión es la actuación. Francisco Cabrera alguna vez pensó en ser médico y luego abogado. Karina Jordán en un comienzo quiso ser cineasta, hasta que supo que lo suyo era ser una artista, al igual que su tía, la reconocida actriz Ana María Jordán. Hoy, además de ser los protagonistas de la serie “Clave Uno: Médicos en Alerta” por Frecuencia Latina, Karina se reparte entre su obra “Hombres humanos” que se presenta en el Centro Cultural Cafae-Se, y Francisco nos adelanta que tiene un proyecto de televisión para el próximo año.
“Cómo vas a tener miedo de subirte a la camilla”, le dice Karina a Francisco antes de empezar la sesión de fotos. Ella se muestra relajada. Él un poco más tímido. “Es que pesas mucho, pues”, le responde Francisco. Karina solo lo mira con una sonrisa cómplice y achica sus ojos hasta que se ven más chinos. Karina dice que por favor le borren las ojeras. Un día antes se quedó hasta tarde ensayando sus escenas para la obra “Hombres humanos”, y solo ha dormido tres horas. Francisco la mira y se ríe solo. Ambos vienen trabajando juntos desde hace año y medio. Para ellos, la confianza y la química es la clave para trabajar. La Clave Uno la ponen ellos.
Por Pamela Oyola
Fotos: Karen Zárate
Ustedes ya se conocían de la serie “La Fuerza Fénix”.
Francisco: Sí, en esa serie hicimos de pareja. Y, eso, ahora nos sirve para poder cubrirnos con los textos. Si por ejemplo, yo no digo la frase exacta en determinada escena, ella me sigue con la frase que yo acabo de utilizar.
Karina: Hace poco más de un año y medio que estamos trabajando juntos y por eso hay tanta empatía entre nosotros. El vínculo emocional se ha dado simplemente sin forzar nada. Si nos necesitamos, nos apoyamos. Inclusive a veces nos pegamos los vicios. Si veo que quiere un cigarro, me dan ganas de tener uno.
Francisco: Y también se nos pegan los golpes (risas). Le gusta darme patadas a cada rato. Está loca.
Karina: (lo ve con cara de enojada) ¿Yo estoy loca? Tú deberías ir al Larco Herrera.