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Carlos Gassols, una vida como actor

Ago
14
2009

Con 79 años de vida y 75 de carrera, Carlos Gassols se considera un actor de perfil bajo que no está acostumbrado al tipo de atención que concitó su homenaje en el Festival de Cine de Lima, el que recibió de manos del director Francisco Lombardi.

Don Carlos interpretó su primer papel cuando tenía apenas cuatro años y medio. Como sus hermanos y hermanas, él actuó en las operetas que la compañía Gassols presentó no solo en el Perú sino en varias ciudades de Latinoamérica, allá entre 1930 y 1940. Y, aunque usted no lo crea, recuerda vívidamente los detalles de esa obra en la que tan solo era un extra. “Como han sido hechos tan poco comunes en la niñez de cualquiera, entonces se queda marcado”, dice.

Con toda una vida dedicada al arte –nuestro querido primer actor también es director, dramaturgo y locutor de radio-, don Carlos ha sido testigo, junto con su esposa y actriz Herta Cárdenas, de la evolución del teatro, el cine y la televisión en nuestro país. “Una cosa permanece –señala-: la oferta es superior a la demanda”, y agrega que ahora un gran porcentaje de los que quieren ser actores o actrices lo único que busca es figurar y obtener popularidad.

Autor de la conocida frase “lo único estable de un actor es la inestabilidad”, Carlos Gassols no para de actuar. El próximo 20 de agosto estará estrenando junto con Enrique Victoria, su amigo de toda la vida, la obra “Hijos de mamá”, una comedia de humor negro en la que ambos son hermanos.

Por Tatiana Perich

Cuando recibió el homenaje en la inauguración del Festival de Cine, dijo que después de una ovación de ese tipo, le era difícil hablar y expresar lo que sentía. Ahora, ¿me puede contar qué sintió?
Ver ese momento, una muestra de aprecio tan espontánea, tan sostenida, que dura tanto tiempo… Hay una serie de emociones que surgen que uno no sabe cómo controlar. Tuve que recurrir a todas las técnicas, por llamarlas de alguna manera, que uno utiliza en su carrera de intérprete para serenarme y luego poder expresarme por lo menos con cierta coherencia, que es lo que yo traté de hacer. Desde luego, uno piensa que no va a ser posible expresar la emoción, alegría y agradecimiento a todos los presentes.

¿Había preparado algún discurso?
Cuando llegamos, Herta, mi esposa, recién me preguntó si había escrito algo. Le dije que no, porque no pensé en escribirlo nunca (no porque no sea necesario hacerlo). Me quedé tranquilo, no estaba nervioso, estaba contento de ver tanta gente, tantos amigos que estaban presentes. Cuando en su momento habló Pancho (Lombardi) –soy gran amigo de él, lo aprecio tanto, hemos trabajado mucho juntos-, sacó algo y entonces ligeramente pensé “¡caray! Ahora yo no voy a leer nada, yo no he preparado nada”. Pero no me amilané ni me puse nervioso y presté atención a lo que decía Pancho. Lo que él leía era tan emotivo y tan gratificante que ya no pensé en lo que yo iba a decir, pensaba simplemente en lo que estaba escuchando. Eso me sirvió y estimuló mucho porque hizo que espontáneamente pudiera decir lo que dije, que ya no me acuerdo qué fue (risas).

Este es el primer homenaje que recibe de parte de la industria del cine, ¿qué significa eso para usted?
Para mí se trata de un reconocimiento por toda mi trayectoria en general: de intérprete, de hombre que ha estado metido en el teatro, en la docencia del arte dramático, en la dramaturgia, en la dirección de teatro, de radio incluso –porque hago radio, siempre lo he hecho, como locutor, narrador, actor, etc. Entonces lo tomé así, no como un premio que específicamente me otorgaba el ramo cinematográfico.

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Foto: Archivo El Comercio

75 AÑOS ATRÁS
A pesar de que era muy pequeño cuando empezó a actuar, ¿qué recuerda de esa época?
La gente joven no puede entender lo que no ha conocido. Las obras de teatro que hacíamos eran operetas: argumentos dialogados con música en vivo. Había una muy linda que se llamaba “La Geisha” con escenografía de los interiores y exteriores de Japón y la ropa tan elegante de los kimonos. Cuando comencé, prácticamente era un extra, llevaba unos cojines más grandes que yo, con unos flecos y bordados. Yo iba detrás de Takumini, el asistente del Emperador, quien me ordenaba dónde poner los cojines para que el Emperador se sentara.

¿Esto a usted se lo han contado o es que su memoria es tan prodigiosa que lo recuerda con tanto detalle?
Yo lo recuerdo porque, como han sido hechos tan poco comunes en la niñez de cualquiera, se queda marcado. Mientras yo veía a otros niños a lo lejos que jugaban con cometa, trompo o bolero, nosotros hacíamos un juego diferente: arriba de un escenario, con las cuerdas de donde pendían los decorados y las luces; y veíamos cine, las películas de Tarzán que saltaba agarrado de las lianas. Entonces nosotros jugábamos a Tarzán y nos agarrábamos de las sogas. Eso nos marcó, se quedó muy fijo en mi mente por ser extraño y extraordinario.

Usted era el menor de sus hermanos…
Sí. Íbamos heredando los personajes, así como los niños heredan la ropa de los mayores. Entonces, por ejemplo, el papel de Takumini lo hacía mi hermano Fernando, quien desgraciadamente falleció hace diez años. Él después pasó a ser el marqués y yo, que era el extra, pasé a ser Takumini.

ÉPOCA EN ARGENTINA
¿Alguna vez evaluó la posibilidad de probar suerte en el extranjero?
Sí, estuvimos en Argentina. Herta hizo una temporada de 10 meses como la protagonista de “Los diez indiecitos” de Agatha Christie. Yo también estuve en esa comedia, pero salí antes porque tenía otro compromiso con el grupo Teatro El Globo. Trabajé con Pepe Biondi e hice dos películas en Buenos Aires. Después, regresamos.

¿Qué fue lo que le hizo regresar?
La nostalgia. Ya nos habíamos asentado y todos mis compañeros me decían que no me fuera. Regresamos también porque cuando yo viajé a Argentina, mi padre y mi madre ya habían fallecido. Claro, quedaban mis hermanos, pero ya estaban casados e incluso una de mis hermanas estaba viviendo en Buenos Aires. Yo veía que el caso de mi esposa era otro: Ella tenía sus padres vivos y a toda su familia acá. Ella nunca me pidió ni me dijo para venir, pero yo vi que era necesario.

SU AMIGO PANCHO
Usted debutó en el cine peruano de la mano de Francisco Lombardi con la película “Caídos del cielo” y luego ha trabajado en reiteradas oportunidades con él. Al parecer hay una relación profesional muy estrecha entre ambos…
En primer lugar, si bien no tenemos reuniones frecuentes, cada vez que hemos trabajado ha habido química y la relación es muy buena y positiva. Además, no olvidemos que Pancho empezó haciendo teatro antes que cine. Esa amistad y esa relación Pancho también la tiene con otras personas, entre ellas Edgar Saba. Entonces, se me ocurre que él debe haber abogado para que yo fuera la persona a la que debían homenajear en el Festival de Cine.

Lombardi lo ha dirigido en tres películas y en dos obras de teatro. ¿Cómo es trabajar con él?
Él me pide aportes y me da libertad para que yo pueda proponerle algo. Eso coincide un poco con lo que yo hago cuando dirijo. Yo planifico mucho todo. Casi ya tengo todo planeado para que determinada cosa sea así. Ya en el desarrollo de los ensayos, cuando algo no me cuadra, le digo al actor o a la actriz “acá te dejo libre para ver si te sale otra cosa”.

Cuando le proponen un papel, ¿qué es lo que evalúa para decidir hacerlo?
Primero evalúo si voy a estar bien en eso. Si no me parece que sea algo que va me a servir a mí -en este caso tengo que ser un poco egoísta-, si es que va a contribuir a que yo haga un buen trabajo. Si no es así, no lo acepto, porque sé que no voy a aportar nada y que lo voy a hacer simplemente por encargo o porque me ofrecen una remuneración muy buena.

Los actores de recientes generaciones siempre se refieren a Alberto Ísola o a Roberto Ángeles como sus “padres actorales”. ¿Quién es el suyo?
La gente que admiro es gente como don Leonardo Arrieta, mi padre, don Pedro Ureta, que fue una piedra angular de una familia famosa del teatro peruano. Esos son mis guías y mis maestros. De alguna manera todos han aportado algo, incluso los primeros directores con los que actúe cuando ya había egresado de la Escuela Nacional de Arte Escénico. Ellos han sido las personas que yo recuerdo por sus consejos, orientación y por su humildad, sobre todo.

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Foto: Archivo El Comercio

EN CALIDAD DE TESTIGO
A lo largo de su carrera, usted ha sido testigo de cómo han evolucionado el teatro, el cine y la televisión en el país. ¿Qué es lo que más le ha llamado la atención?
He visto algo fluctuante. Lo único que sí permanece es que la oferta es superior a la demanda. Todo el mundo quiere ser actor o actriz y más con el comienzo de la televisión porque hay un porcentaje importante de gente que no quiere al teatro por el teatro, sino por figurar y obtener popularidad, popularidad que a mí me asusta un poco.

¿Qué opina sobre el hecho de que la televisión le haya otorgado el título de actor o actriz a personas que han tenido poca o ninguna formación?
Eso pasa en todas partes, no solo en el Perú. Es inevitable, pero no lo más aconsejable. Ojalá hubiera una mayor seriedad y disciplina. Esto también se mejoraría con una mejor educación, lo que desgraciadamente siempre es un punto débil en nuestro país.

¿Qué imagen cree que tienen los jóvenes de usted?
No lo sé. Habrá gente que se siente confundida, que dice “por qué, si él no es una persona que esté permanentemente en el teatro” o que opina como el público en general, que me reconoce y me dice “ya no está usted en la tele”. Piensan que la tele es todo, piensan que ya estoy retirado porque no aparezco en una telenovela o en una miniserie. No han pasado ni dos años desde que he aparecido y ya están preguntándome por qué no estoy en la televisión, por qué razón no me llaman, si es que no me gusta.

¿Es verdad que usted acuño la frase “La única estabilidad del actor es su inestabilidad”?
Así es. Eso fue por el año 79 más o menos. Se lo dije a un directivo del INC cuando hubo una especie de controversia. Le dije, en su oficina, que no tenía ningún inconveniente en renunciar porque al fin de cuentas, nosotros en nuestra profesión lo único estable que tenemos es nuestra inestabilidad.

¿Y cómo fue que esa frase salió de esa reunión?
Este encuentro con esta persona tan importante, desde el punto de vista jerárquico, generó curiosidad y la gente preguntaba qué había pasado. Después, yo la repetí en otras ocasiones y Ricardo Fernández, un gran amigo y un gran actor, también la dijo en un reportaje que le hicieron. Pero no creo que sea una cuestión solo del Perú, es de muchas partes. Recuerdo muy bien que en una entrega del Óscar, Dustin Hoffman le dedicó su premio a los actores que en estos momentos estaban haciendo taxi en Chicago o Nueva York.

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Actores

4 Comentarios

Ago
14
2009

Carlos Gassols, es un gran actor tanto de cine como de teatro. Su amplia trayectoria incluye grandes interpretaciones, como en Caídos del Cielo y Ojos que no ven de Francisco Lombardi. También ha sido asistente de dirección en una película de Armando Robles Godoy.

Publicado por: Anonymous
Ago
17
2009

Merecido homenaje, un actorazo Don Carlos!

Publicado por: césar
Ago
17
2009

Un gran actor y sobre todo una gran persona.
Felicitaciones por tan merecido homenaje.
La Sra. Hertha su esposa es tambien una buena actriz.

Publicado por: Franco
Ago
20
2009

Siempre tengo la imagen de la obra que realizó sobre Vallejo
Felicidades por el premio
y seguiremos escuchando sus entrevistas y comentario en radio Nacional

Publicado por: Manuel

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