02
2009

Siempre admiré la estrategia de tolerancia cero ante faltas "menores" de incivilidad que devolvió la seguridad a Nueva York en los años 80. Esa estrategia cambió la permisividad e indiferencia de la ciudadanía ante lo que estaba dispuesta a tolerar.
Ahora me pregunto: ¿estamos los peruanos dispuestos a dejar de tolerar definitivamente a quienes infringen normas éticas, por menores que estas parezcan?
En todos los ámbitos de nuestra nación abundan quienes son ejemplo de corrección, ética, mesura y honestidad. Pero también hay quienes cometen a diario actos de corrupción "menor", si así se los puede llamar. Desde el convencional coimero, pasando por el que oculta información relevante o el que cobra por mentir, al que vende "gato por liebre", o incumple su palabra, hasta el que ofrece servicios o productos con gruesos conflictos de interés entre sí. Otros quieren definir su propio umbral de ética según sus propios intereses económicos.
23
2009
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14
2009

Ya sabemos que más del 90% de los peruanos soñamos con ser empresarios. Todos quisiéramos tener nuestra empresa para ser nuestros propios jefes, ser dueños de nuestro tiempo y de nuestra vida, ganar mucho dinero y no tener que responderle a nadie.
Sin embargo, los que tenemos un trabajo dependiente tenemos la opción de reconocer que nuestra carrera es nuestro mejor negocio propio y de manejarla como tal. Es más, son las personas exitosas las que así manejan su carrera, como si fuese su propio negocio. De esa manera además, tienen mejores posibilidades de elevar permanentemente su empleabilidad en el mercado de trabajo, tienen el poder de decidir sobre su proyecto de carrera profesional y ser
18
2009

Mi familia es lo más importante de mi vida. Sé que tengo una gran suerte de tenerla y que siempre puedo contar con ella. Pero no siempre le dedico todo el tiempo que debería o que me gustaría. Y sé que eso está mal.
Todos sabemos que lograr el balance entre el trabajo y la vida personal es lo ideal pero, por lo que veo casi a diario, muy pocos logran alcanzar ese equilibrio. Y es que es fácil idealizar los éxitos profesionales o materiales, creyendo que estos serán suficientes para suplir cualquier carencia afectiva o familiar, por lo menos en el corto plazo.
27
2009

Los errores que yo cometí fueron tan costosos que hasta hoy trato de evitar que otros los cometan.
Mi historia es como la de muchos. Frente a la sorpresiva noticia de que ya no habría cheque a fin de mes, entré en pánico. Casi no teníamos ahorros: estábamos remodelando la casa y la hipoteca era alta. Además, había que pagar tres colegios caros y yo no trabajaba. Guardábamos poco pan para mayo. ¿Para qué hacerlo? Éramos jóvenes, él estaba en el pico de su carrera, el cielo era el límite
Me costó mucho aterrizar, manejar la rabia, la impotencia y la desesperanza. Todo se volvió muy confuso y la incertidumbre invadió nuestras vidas. Pedir trabajo a los amigos no funcionó y ellos dejaron de llamarnos. Tampoco ayudó repartir currículum por doquier. Irnos de viaje para "descansar" no sirvió de nada, el dolor viajó con nosotros. Justificar "nuestra situación" culpando a otros no alivió la vergüenza (a diferencia de hoy, hace 20 años estar sin trabajo era un estigma). Decidir no trabajar más para otros ("no me la vuelven a hacer") fue una reacción emocional costosa: sin un plan de negocio bien pensado fue como tirar el dinero por la ventana.
21
2009

“Todo se sabe”. Los dichos populares nos traen muchas veces las mejores reflexiones de vida. Algo tan cierto como que nada se oculta bajo el sol y que los profesionales vivimos de nuestra reputación.
Todo se sabe. De eso no tengo duda. En el medio en el que nos desenvolvemos, tarde o temprano, las incorrecciones salen a flote, persiguiendo por mucho tiempo a quienes las cometieron.
¿Paga ser correcto y actuar éticamente? ¿Cumplir con la palabra dada nos trae retribuciones? ¡Definitivamente sí! Y, sobretodo, si uno ve su vida personal y profesional con una mirada integral, de corto y largo plazo.
Los errores de ética nos perseguirán toda la vida. Y lo harán incluso cuando nosotros mismos podríamos haberlos olvidado…



