Marzo 2009
27
2009

Y NO INVITARON A KEVIN ARNOLD
Hay círculos que solo pueden cerrarse con la llegada de una invitación escrita sobre ese desabrido papel color caqui. Hubo un día en el que, al igual que Kevin Arnold, dejé partir a alguna Winnie Cooper con la promesa de escribirle todos los días. Podían pasar años, personas y lugares, pero ese boomerang afectivo se hacía incesante y perpetuo. Cuando juegas a ser científico loco que se desvive en reinventar cariño, solo hace falta un parte matrimonial o algún aviso en los periódicos para escuchar la última canción. Hace tres días desperté tarde y vi el capítulo 57 de "Los años maravillosos". En ese episodio llamado "Corazón roto" la Cooper se despide de Kevin (por primera vez) porque se había enamorado de otro muchacho. Esa triste escena, esa repetida frase, quizá haya sido el presagio de lo que me enteré horas después.
Winnie Cooper se casó (con otro).
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TV20
2009
O DIEZ COSAS QUE NUNCA REPETIRÍA CADA QUINCENA DE MARZO
El uniforme estaba allí: repetitivo y gris; formal e innecesario. Durante once años, cada quincena de marzo, se consumaba el reencuentro con esas obligaciones adolescentes que siempre me sonaron a un vals desfasado. A los doce años, o trece, se imponía el insomnio, esa sana expectativa de una edad que aún tenía espacio para la ilusión. El primer día de clases era una prueba de supervivencia, un desfile de modas, un afán de mostrar, una inquietud, una duda: todo resuelto con la charla del tutor y con la hora del recreo. Cada temporada escolar que comenzaba era como buscar dentro de un canto previsible una remota voz que te sorprenda.
Y eso casi nunca ocurría.
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Urbanos11
2009
EL EVANGELIO SEGÚN FONZ
Fonzie, amigo, ¿dónde estás?
¿Aún caminarás con paso ganador? ¿Habrás enriquecido tu superpoblada agenda telefónica o ya te plantaste, jugador veterano? ¿Cuánto tiempo demorarás hoy en peinar esas canas que sumaste con clase? Fonzie, campeón de sangre italiana, hoy debes ser un sobreviviente, por una vida inmediata y sin descanso. Porque siempre te arriesgaste para enseñarnos lo que “ellas buscan”. Porque para ser como tú no era suficiente una ceñida casaca de cuero. No era importante la vestimenta, la diferencia estaba en la piel.



