Febrero 2009
26
2009
GRANDES MAESTROS DE TODOS LOS TIEMPOS
[AVISO URGENTE DEL BLOGGER: No sé cómo pedirles disculpas a todos. Ayer por la tarde tratamos de colgar este post pero la tecnología se ensañó hasta hace unos minutos con este pequeño blog y nos dejó con el post incompleto y sin la opción de comentarios. Afortunadamente, ya pudimos arreglar el problema. Ojalá que no haya causado mucha incomodidad este impase. Allí va el post, espero que les guste (y que no sea demasiado tarde). Un abrazo. PC]
18
2009

Porque yo también juego (y porque me encanta decir: “ampay me salvo”)
Me gustaba jugar a los Siete Pecados porque dentro de su simpleza tenía un margen generoso para vulnerar las reglas. Era un juego que no padecía de ciencias exactas. Podías llegar a un acuerdo cómplice con los demás para provocar la pérdida del otro (por lo general, la fórmula era ir todos contra el más rápido y habilidoso del grupo), además nadie medía las dimensiones de tus saltos para lanzar el balonazo y si aquel cuerpo esférico se te acercaba con sutil amenaza podías quebrarte un poco hacia los lados y evitar la derrota. Para muchos de nosotros, “Siete pecados” no fue nuestro juego de la calle favorito sino una suerte de primera prueba de ética y moral.
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Urbanos11
2009

Yo no quiero 14 de febrero pero ¿cuál es la balada de tu vida?
La balada de mi vida se llama Creep. Una canción culposa, desgarrada, un poema maldito que se ilumina con la mejor voz a pesar de convivir con los acordes más oscuros. Nunca se la dediqué a nadie, y así fue mejor. Puedo escuchar “Creep” de Radiohead sin cansancio, sin sentir su ida y vuelta. Hay baladas cómplices, composiciones vírgenes, sin la contaminación del otro. Para ti solo. Muchas veces estas canciones de amor se instalan en tus días como brújulas que señalan el punto de retorno. Te recuerdan de dónde viniste cuando más ganas tienes de sentirte perdido.
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Musicales04
2009
DIATRIBA Y ELOGIO PARA DOS NIÑAS RUBIAS
Traviesa, accesible, faltosa, chica termo, amiga de todos, con el insano encanto de las niñas buenas. Así era Candy White, muchacha rubia, encantadora, pero demasiado adorable para ser verdad. Nunca me inspiró confianza su afán de salvar a todos, de siempre aparecerse y ser una luz en tu camino. Me alteraba ese mensaje subliminal a la muchachada proclamado desde el inicio de cada capítulo (“si me buscas tú a mí, me podrás encontrar”). ¿Qué quería Candy? ¿Acaso que todos se enamoren de ella (tal cual pasó)? ¿Por qué Candy? ¿Por qué?



