Cada vez que escucho una canción de Yola Polastri coquetea conmigo una existencia completamente ajena. Un alma traviesa que amenaza y que, a veces, termina ganando. Un burbujito imposible que sabe las coreografías más difíciles y que canta los tonos altos a pesar que desafina con descaro e impunidad. Como Linda Blair en "El exorcista", me siento poseído por un demonio inquieto que no descansará en paz hasta encontrar un escenario dónde ser aplaudido.


POR ESTAR NOSTÁLGICO EN NAVIDAD, ESTE JOVEN SE VA (PERO VOLVERÁ)
Me pone nostálgico saber que mañana es Navidad y que por primera vez tendré que regresar a casa después de la reunión familiar para dormir solo, con todas las luces apagadas. Me pone nostálgico, también, la Misa de Gallo, con templo lleno, los capítulos navideños del Chavo y del Chapulín, los especiales del Baile de Cascanueces de Panamericana que veía con mi abuelo hasta que durmiéramos en el mueble. Me pone nostálgico la canción “Noche de Paz”, en español y en inglés, el olor a pólvora, los restos de cohetecillos. Me pone nostálgico, sobre todo, saber que mañana es Navidad y que esta vez no tenga que apurarme en tomar un taxi y entregar el regalo más importante durante la tarde del 24. Me da nostalgia saber que mañana es Navidad y que esta vez solo tenga que esperar las doce mirando el reloj con la pasividad de quien perdió el espacio y el tiempo para las sorpresas.
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UNA VIEJA COSTUMBRE NAVIDEÑA PARA SEGUIR RECORDANDO (U OLVIDANDO)
Decidí ser Gohan porque él era el único personaje de Dragon Ball Z a quien podía dibujar con peculiar exactitud. Cada una de mis cartas las escribía con especial atrevimiento, tratando de hacerles coquetísimos guiños a mi buena suerte. Me detengo en el sorteo de aquel amigo secreto de 1999, era la primera vez que mis deseos y el azar se encontraban en algún punto cardinal. L era la chica que me gustaba y, a pesar de que la ilusión era casi un pensamiento maldito, reducía mis palabras impacientes con los dibujos de ese adorable niño del anime. Creo que L se encariñó con Gohan porque este era demasiado inofensivo y poético como para parecerse al nefasto e insolente ex novio de su prima (yo).
Leer másYO AÚN CONSERVO MI COLECCIÓN DE G.I. JOE ¿Y TÚ?
El Comandante Duke resistió el dolor y soportó una suerte de intervención quirúrgica que duró más de dos horas. Había caído desde alturas inmanejables y había perdido el brazo derecho. Era urgente buscar una prótesis y proceder con la reconstrucción. ¿Cómo así mi comandante? Fue un paracaídas improvisado con bolsas de plástico, un experimento inútil de mi hermano mayor, quien por alguna macabra razón, en esos tiempos quiso darle proyecciones aéreas a todos mis objetos favoritos. Sus perversas alucinaciones adolescentes afectaron mi mundo de juguete. Duke tuvo la valentía para ponerse de pie y así encabezar por siempre mi colección de G.I. Joe. Por eso es, y será, mi juguete favorito. Porque siendo un soldado de plástico cumplió con un deber humano: sacarle la vuelta a todas las mutilaciones.
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LOS AUTÉNTICOS ESPÍAS DE TUS RECUERDOS
Te estoy mirando desde mi omnipresencia. Un espía también juega a ser Dios. Sigo los mismos pasos, escribo y planeo la estrategia. Al final nunca te busco porque corro el riesgo de encontrarte. Así somos los exponentes del enternecedor arte del espionaje fallido: al final lo conseguimos sin saber cómo. Somos espías y antihéroes, sin superpoderes pero siempre con una kriptonita. Como el torpe Maxwell Smart o como el avezado, pero nefasto, Cool McCool, ambos padres del recontraespionaje. En tiempos de expedientes secretos y de oscuros seguimientos, quiero usar el viejo truco del post nostálgico para encomendar la misión más imposible.
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CON USTEDES EL ÚLTIMO DIBUJO ANIMADO QUE VI CON FERVOR
Soy capricornio pero siempre quise ser Sagitario. La armadura dorada que aterrizaba cuando Seiya convertía sus enfrentamientos en salas de urgencias fue mi sano objeto de deseo en años adolescentes. Ese cobertura de oro, que dejó el caballero más valiente Aioros, tenía el arma que a otros les faltaba y además te asesinaba con su condición de ser letal. Los Caballeros del Zodiaco (Saint Seiya) fue el último dibujo animado que seguí con la devoción de todos los episodios aprendidos y las frases anotadas. Hubo un tiempo en el que decidí despedirme, en el cual me sentí más grande de lo que era y decidí decir chau. Caballeros, nomás.

ESTE ES UN HOMENAJE Y UN RECLAMO PORQUE NUNCA DEBISTE IRTE... NUNCA
Me simpatizas porque también disfracé mi inseguridad de niño solitario con un juguete enorme y superior. Me simpatizas porque de alguna manera empatamos en el síndrome del padre ausente. Tú papi viejo (porque Jirafales es tu papi nuevo) descansa en pez (se lo tragó un tiburón) mientras que el mío viajaba tanto que algún día lo imaginé perdido en algún mar abierto. También presumí de un carro más grande que otros, también desesperaba con mi desfile de preguntas. Tú, niño engreído, tesoro de tu madre, esperaste que pasen algunos años para crecer, hacerte más rebelde e irte para no volver. Fíjate, fíjate, que hasta en esos nos parecemos. ¿Qué cosas? ¿no?
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DESVARÍOS DE 31 DE OCTUBRE
Aprendí a tocar cajón a los 14 años pero un par de calendarios antes improvisé cucharas en mano y con la voz intacta. Sin cigarros y sin vergüenza. Cuando comencé la secundaria dejé de disfrazarme cada 31 de octubre. Una profesora de Educación Cívica nos explicó que ese día se celebraba la música criolla y tomamos conciencia de eso muy tarde. Fue urgente aquel concurso de talentos para sentir la rima y el ritmo de ser peruano. Eran años alienados, tiempos en los que decir producto nacional era lisura. El terrorismo nos derrumbó también el orgullo. Pero un grupo de quinceañeros se salvó de esa neblina y conoció la guitarra fabricada con madera de callejón.
Leer másCon ustedes el duelo del siglo: Arnold vs. Webster
Ese niño siempre quiso saber tanto como sus hermanos mayores. No escuchaba a papá o mamá con ese prometedor discurso de “Pedro, tú también tendrás tu momento”. Le importaba muy poco eso, trataba de leer lo que aún no podía leer bien, buscaba entender lo que aún no era apto para menores. No quería armar su Play Mobil, prefería ir al cuarto de su hermana y preguntarle por qué lloraba y escuchar lo de siempre “tú nunca te enamores, júramelo”. Juraba eso y otras cosas, ese niño se agrandaba con facilidad, filosofaba como grande y es que tuvo dos moldes, dos amigos que aparecían por la televisión. Dos niños grandes como él que tenían mi edad pero parecían más. Arnold y Webster, morenos avispados y encantadores. Unos años más tarde lo comprendió todo. Esos negros lindos, como tantas cosas compadre, no eran lo que parecían ser.
COMPRE CASERITO POR FAVOR (O TU VENDEDOR FAVORITO)
Don Narciso nació para quererse mucho. Siempre llegaba al mediodía con su impecable guayabera (jamás sucia) y con su gorro al estilo Baretta. Por sus cejas pobladas y patillas al modo Don José de San Martín, él decía que le faltaba un bigote exagerado para hacerse pasar por el Vicente Fernández de Lince. Un varonazo, un capitán cavernícola de otro tiempo que nunca aceptó su alias, ese sobrenombre cariñoso que también era la mejor referencia a su mercadería. Narciso se paraba en la esquina de mi colegio a partir de las once de la mañana con su canasta llena de bolsas con rosquillas. Era inevitable, a pesar de ir contra su desfile hormonal, decidimos darle fama eterna llamándolo "El Tío Rosca".
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LA NOSTALGIA DE LAS MASCOTAS QUE NO ESTÁN O DE LAS QUE QUIEREN IRSE
En memoria del buen Skipy
¿Es verdad lo que mamá me dice? El otro día cuando te sentaste a mi lado presentía que tu cansancio no era normal. Saque la cuenta y calculé que debes tener unos 70 años si seguimos con la cronología humana. Aún corres, aún te alegras, aún me reclamas mordiendo mis zapatos por haberme ido de casa y dejarte sin tu cómplice justo y necesario. Me dicen que estás muy enfermo, que ha aparecido una suerte de tumor cerca de tu abdomen y que está creciendo. Creo que tendremos que ir a la doctora, es inevitable y ya sé que no te gusta. Sé que tienes tanto miedo como yo pero vamos a ser valientes, carajo. Es un simple bulto, no será nada más.
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PORQUE YO TAMBIÉN USÉ MIS ZAPATILLAS CON LUCES
He caminado mucho. Y ese pequeño instrumento que alumbraba mis pasos, que le concedía un tímido rayo de luz a mis huellas, se ha apagado. Ya no prende, duró lo que dura una ilusión cibernética, lo que dura una promesa de amor a 4.000 kilómetros de distancia. Ocurrió en la Feria del Hogar de 1992. Como todo adolescente, dejé que la vehemencia decida y no escuché a las leyes de la electricidad. Esos pequeños focos rojos que reposaban en los tacos de mis zapatillas Troop han fallecido. Solo un día de vida, solo cuatro horas de caminata para hacer inminente el apagón de calzado. Nadie me avisó, nadie me dijo. Esas zapatillas no se encendieron más. Esas Troop, con su fugacidad luminosa, me condenaron a buscar la felicidad en el lado oscuro.
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EL LARGOMETRAJE ROMÁNTICO DE TU VIDA, AQUÍ Y AHORA
“Ni yo soy Jack Nicholson, ni tú eres Helen Hunt pero desde que te conocí trato de ser una mejor persona”.
¿Te acuerdas cuándo te dije eso?
No creo que te acuerdes, tú me pediste que escriba la frase, que te había gustado mucho y que la querías guardar con las otras cartas que te entregué. Pero nunca hubo ni carta ni mucho menos pronta entrega. A ti siempre te causó gracia que yo mirara la vida como si fuera una perfecta serie de televisión. Nunca me creíste cuando te dije que podía pedir permiso en un avión para cantar como Adam Sandler en “La mejor de mis bodas” o, peor, que podía buscarte a la medianoche en Navidad para mostrarte pequeñas pancartas con todo lo que siempre quise decirte, cual Andrew Lincoln en “Love Actually”. Contigo nunca hubo escenas repetidas ni banda sonora de regalo. Esa tarde cuando salimos del cine Real, después de ver “Mejor imposible”, escuchaste mi frase y repetiste tres veces que “esas cosas solo pasan en las películas románticas”. Por eso estoy seguro que nunca leerás esto. Esas cosas no pasan.
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CUARENTA AÑOS DESPUÉS DEL ÚLTIMA DÍA EN EL ESTUDIO DE GRABACIÓN
A “The Beatles” me los presentaron en dibujos animados. Era un miniconcierto de todas las mañanas, por Panamericana Televisión, acompañado de CoolMcCool, de Harry McCool (qué dice Harry) y de la Gata Loca. No me había detenido a escucharlos muy bien. Tenía solo cinco años y cada vez que veía algún disco de ellos le preguntaba a los vendedores si Ringo era tan tonto como parecía.
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EL POST QUE LES DEBÍA (Y AHORA NOVELAS BRASILEÑAS)
(Les sugiero que antes lean esto)
Para eso está el Google. Para eso pues, mi hermano. Esta noche no sentirás culpa. Puedes traer un vino y quizá celebremos. Ya estás grande, ya nadie te dirá nada. ¿Ya entraste a Google? ¿Ya serviste el vino? Ahora haz clic (que lindo es hacer clic) en “Imágenes”. ¿Todo bien? Ahora búscala. Vamos, no seas cobarde, tú siempre has querido. Escribe su nombre. O mejor, escribe lo que recuerdas de ella. Has escrito “Doña Bella”. Después de 20 años la verás desnuda (otra vez). Libérate. Esta vez no agacharás la mirada, no voltearás a ver si mamá ha regresado. Ella y tú. Solitos los dos, cerquita de Dios. Hoy ella tiene 50 años. Maite Proenca sigue siendo doña y sigue siendo bella. Pero tú hoy sí puedes mirarla a los ojos. Hoy tú quieres encontrarla otra vez montando a caballo, solo cubierta por sus cabellos. Tómate el vino y yo te digo cómo. Tómate el vino, sonríe, y entiende que para todo eso (y para muchas cosas más) existe YouTube.
Leer másEL DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS
Soy un joven nostálgico porque hace diez años veo televisión solo para conocer las noticias o para seguir un partido de fútbol. Soy nostálgico, también, porque no escucho radio y porque siempre siento escepticismo cuando algo viene disfrazado de novedad. Vivo en blanco y negro, porque a blanco y negro Charles Chaplin hizo sus mejores películas y porque Los Beatles empezaron a pelearse después de que la pantalla tuvo color. Me acuerdo de todo, de los pasos de Menudo, de las coreografías de Michael Jackson, de los libretos del Chavo del Ocho, de cada reflexión de Kevin Arnold. Esta es la historia de un joven nostálgico que siempre se resistió al futuro hasta que se encontró con la modernidad de un blog que le permite detener el tiempo.
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EL FLORO DEL AYER… ¡¡¡NO LO LEAN!!!
No vengas a hacerte el bacán. Vienes bien con un floro que no entiendo, que no capto, que no alucino. Nancy que Bertha, choche. Aquí somos del ayer (somos anticuchos pues, cómo te explico galladita) y si no te gusta, piña pues mi brother. No vengas a dártela de palomilla que no te sale. Aquí la gente está pintada en blanco y negro. O en sepia, como quieras cápsula. Si quiere te quedas y si no, no es mi roche ¿manyas?. Quédate un toque más y no te quejes. Vas a ver que al final todo te parecerá chévere, pajita pulenta.
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O GÓLMODIS, O NUBELINAS...
Primer acto: Lo que quedó de un gólmodi
Todos los viernes, durante casi tres años, me junté con unos amigos del colegio en unas bancas del Parque de los Bomberos, en Lince. Ya éramos casi veinteañeros y al comenzar el fin de semana nos encontrábamos para decidir dónde iríamos a conversar, bailar o tomar unos tragos. Cuando Susana llegó para presentar a su novio no hubo sobresalto, el chico caía muy bien y nos hacía reír mucho con sus coreografías de música brasileña. Pero de repente, P. se acabó el vino, apagó la radio y se me acercó desafiante, casi en guardia.
-¿Te estás burlando de cómo bailo?
-¿Qué fue compadre? Estamos entre patas…
-¿Susana no les ha dicho? Ustedes no tienen idea de quién soy.
-Pues no, yo solo sé que eres P. el enamorado de mi amiga Susana Banana.
-Yo… (previa bamboleada en espiral), yo fui un gólmodi y ahora lo voy a demostrar… ponme la música.
Leer másPORQUE HACE 21 AÑOS DIJISTE "CON PERMISO DIJO MONCHITO"...
No me dio otra nomás porque su abuelita fue sargento de Pancho Villa. Don Ramón me persiguió algunos metros con un bate de plástico en la mano. Solo alcanzó a darme un inofensivo golpe en las mismas 'petacas'. Lloré mucho mientras salía de la carpa de circo. Al personaje más gracioso de la bonita vecindad lo quise y lo quiero. No soporté que me diga "fuera" sin darme mi derecho a réplica. Él me castigó y yo, quizá al igual que el Chavo, solo quería que me dé un interminable abrazo.
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¿TE CAMBIO? ¿YALA? ¿NOLA?
Yo sí clasifiqué a un Mundial. Me jugué unas eliminatorias de varios meses por calles y plazas limeñas. Al final gané por demolición. Con los hermanos Olórtegui, Giancarlo y Marlon, formamos el auténtico grupo de la muerte. Solo pasaba aquel que llenara primero el álbum de Panini o de Navarrete. No alcancé cupo ni para Estados Unidos 94, mucho menos para Francia 98. Mi Mundial fue (y solo fue) Italia 90, aquel año en el que registré la marca de acabar con todas las figuras en menos de dos semanas. Aprendí a desprenderme de las pequeñas cosas regalándole a mi sobrino el MaxPlay con los 80 juegos incluidos o mi colección de los Thundercats. Pero ese álbum de Italia 90 es un asunto no negociable. Nadie puede tocarlo ni en canciones.
Leer más¿DÓNDE ESTARÁ MI QUERIDO PRIMER CD?
Yo quería un disco de Los Beatles pero me llevé a casa uno de Vilma Palma e Vampiros. No los conocía pero el rock argentino es mi única debilidad declarada. Ese disco compacto (el primero de mi vida) simplemente parecía ser un mal menor. Por la compra del minicomponente LG con reproductor de CD, el vendedor solo nos dio dos opciones para el disco compacto de regalo. O era Vilma Palma o eran Los Paquines. O “Mojada” o “El Venado”. Mis hermanos y yo regresamos a casa en “un auto rojo”.
Leer másAPANADO AL DINOSAURIO MORADO... MUÑECOS LOS DE MIS TIEMPOS....
Martín se disfrazó por última vez en el verano de 1997. Le habían pedido ser el pescado de una pasta dental durante 12 horas diarias. Lima quemaba por el Fenómeno del Niño y Martín, con las dos piernas convertidas en una y con algunas ampollas en el cuerpo, sintió que era el momento de retirarse. Antes había sido Abelardo de Plaza Sésamo, un Cabezón de Yola, Goofy, Elmo y Trompita, pero nunca más mutó. Hoy, ya convertido en un eficaz auditor, mi amigo puede presumir de ser un especialista en muñecología, esa ciencia que estudia a esos extraños seres humanizados y que se reinventan en cada fiesta infantil. Hace 3 años, Martín se excedió de llamadas al extranjero desde su celular y para pagar la deuda pensó en regresar a esos trajes enormes y a esos bailes de porfiado. La agencia para la cual había trabajado durante más de diez años le lanzó la propuesta.
-Necesitamos un Barney para una fiesta infantil- le dijeron.
-Mejor vendo un riñón- se arrebató.
Leer másMI VIAJE DE PROMOCIÓN ¿USTEDES QUÉ DIJERON?
Tenía 14 años cuando vi el último capítulo de "Los años maravillosos". Me gustó y conmovió tanto lo que pasó con Kevin, Winnie y los demás, que desde allí siento una especial debilidad por los buenos finales. Siempre detengo el reloj para una frase simpática de despedida, convierto los abrazos de aeropuerto en inmejorables episodios de colección. Mientras algunos compañeros se detienen durante horas para imaginar el arranque ideal yo muchas veces dejo todo para jugármelo en el último párrafo. Por eso, reconozco que me preparé por meses para lo que iba a pasar en ese viaje de promoción de 1996. Me detuve en posibles escenas y personajes, todo en su sitio para sorprender. Era el último capítulo de mi serie. No sabía si iba a ser feliz o melancólico pero sí debía ser memorable. Y así lo fue. Esta es la historia (o el recuento de los daños).
Leer másANTIHOMENAJE A LOS DESFILES DE FIESTAS PATRIAS
Mientras el profesor Marcos Farfán hacía bailotear su palo de madera tal cual lo hacía Charles Chaplin con su bastón de utilería, no dejaba de preguntarme si ese honesto varón iba a ser capaz de golpearme. Él me miraba con el placer de hallarme descubierto, saboreaba su victoria como si fuera ese tamal chinchano que traía todos los días para adelantar el almuerzo. Me odiaba. El macizo y embetunado Farfán siempre supo que había sido yo. A mí solo me quedaba mirarlo a los ojos, entregado totalmente a sus dominios. Era 1994 y Diego Armando Maradona salía en conferencia de prensa para decir “que le habían cortado las piernas”. Cómo hubiera querido que el ‘Pelusa’ sepa que, esa misma tarde, en un pequeño colegio de Lima, a su fanático número uno alguien le hizo lo mismo.
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PORQUE AL FONDO SIEMPRE HUBO SITIO
En la esquina del viejo barrio te vi pasar. Sin hora exacta pero con el destino escrito. Tan oxidado como camarote de presidio, tan descuidado como mis noches (o las tuyas). La Línea 80, techo blanco y el destartalado cuerpo color verde mar, era el único ómnibus que transitaba “todo Canadá, Canevaro”. Para mi razonamiento de niño menor de diez años: “era el único micro que iba de frente”. Era inevitable tomarlo, para ver a mis abuelos o para ir a jugar fútbol con mi primo Reynaldo imaginándonos ser los hermanos Koryoto en el parque Castilla a pesar de nuestras evidentes limitaciones. Me la pasé subiendo y bajando con el castigado pie derecho dentro de los dominios de la 80, recuerdo su nombre porque me regresa al año en el cual nací. Circulaba lento pero seguro, con una parsimonia amigable, la antítesis de una sofocante y abusiva combi. Nunca ibas a llegar a tiempo con la 80, su paso desganado era el mejor aviso de una muerte lenta. Estaba condenado a desaparecer.
Leer másLOS ROBOTS NO HAN NACIDO PARA HACERNOS DAÑO
No soy un habitante del colapsado Cybertron. Vivo en el Perú, un lugar que parece pero no es. Por su desorden y su perpetuo caos. Aquí también necesitamos dosis urgentes de energon (esa vitamina para el cuerpo metal). Vengan todos, es hora de ordenar las cosas. Transfórmense. La primera ley de la robótica es que un robot no puede hacer daño a un humano. Solo ellos, nadie más. Fieles y heroicos, puntuales y exactos. Un Transformer entre nosotros para imponer respeto. Que se apuren, aquí todo es imperfecto. Solo pedimos un Autobot, solo uno de esos valientes para hacernos más Optimus la vida.
Leer másYOU ARE NOT ALONE...
“One day in your life” fue mi canción de cuna. En ausencia de mis fantasmales padres, mis hermanos mayores tenían que cuidar a ese regalo inesperado que llegó algunos años después (este pechito). Por las noches, a las nueve en punto, me llevaba a dormir Pilar, mi hermana mayor y madre suplente. Ella, casi una hippie tardía, bajó un poco las revoluciones a inicios de los ochenta y se compró discos de los Jackson Five y de The Carpenters. Mientras esperaba que cerrara mis ojos, Pili encendía su pequeño tocacassette negro. No supe de arrullos pero sí mucho de Michael. Siempre me preguntan cuál es mi real historia con “One day in your life”. Allí está, esa es. Por eso cada vez que la escucho hago silencio y pienso en mi inicio y en mi inevitable final. Esa balada de Jacko para mí no solo fue ideal para comenzar a nacer, también lo será para terminar de morir.
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VIEJO... MI QUERIDO VIEJO
La última vez que le escribí un texto a mi padre fue en 1991. Lo redacté con un lapicero Faber Castell verde (tapa azul), en un papel rayado tamaño carta. Era una epístola triste, donde trataba de contarle lo que hacía, qué notas me había sacado en el colegio, le hacía todas las preguntas, le prometía portarme bien. Pero sobre todo le pedía que vuelva. En aquel sobre blanco donde envolví la carta dibujé el rostro de papá, con el ceño fruncido y los lentes de montura gruesísima, cual Marco Aurelio Denegri. Mi hermano, Rafael, fue quien se lo llevó. Demoré más de diez años en confirmar que la había leído, cuando hacíamos nuestra última mudanza juntos y encontré la carta en un cajón, al lado de fotos mías, de mis hermanos, al lado de mi libreta de notas de sexto grado. Allí estaba. Con el dibujo intacto y con una frase de niño faltoso:
“Te escribo para que no pienses que sigo llorando”
Leer másPOST SORPRESA DE LOS VIERNES (A VECES SE PUEDE)
¿Y SI VUELVE "LA GATA LOCA" O "LA COCINA DE GASTÓN"?
Nadie me ha visto, he logrado cruzar todas las barreras de seguridad. Ustedes tampoco digan nada. Debo cumplir una misión, para eso estoy aquí. Acabo de apoderarme de la sala de programación de un canal de alcance masivo. Tengo el poder. Reviso la videoteca y festejo tanto tesoro. Ahora pues. Si tú has festejado el regreso de “Gamboa” y de “Casado con mi hermano”, pues me debes una. Culpable soy yo.
Leer másDAVID CARRADINE Y LOS CLONES DE BRUCE LEE
Qué fácil nos engañaron, primito.
Nadie me dijo, nadie me advirtió. Estaba desarmado de conocimiento, listo para ser estafado. Tenía menos de 8 años y aún creía que esas extrañas películas chinas de artes marciales pertenecían a una serie llamada “Kung Fu” y que el protagonista era siempre Bruce Lee. Ni “Kung Fu”, ni Lee. Aquellas películas desiguales que desfilaban por canal 2 los sábados sacaban pasaporte fácil para cruzar los límites de lo absurdo. Hoy siento que le haría un homenaje al buen gusto si secuestro esas cintas y las aviento sin asco al mar.
Al “Kung Fu” verdadero lo conocí años después, cuando mi abuelo vino a vivir sus últimos años con nosotros y por las noches pedía dos cosas: ver canal 9 y acompañarse de su pequeño saltamontes (o sea yo).
Leer más¿QUIÉN DICE QUE CANAL 7 NO TENÍA RÁTING?
Le dije Gonta y supe que no estaba solo.
Gonta era enorme y redondo, el cabello lacio y castaño, los pasos lentos de porfiado, como si caminara pidiéndole perdón al tiempo. Gonta se instalaba en el salón con sus formas esferoidales y esperaba la hora del recreo para comer algo más que una simple bola de arroz. Gonta, no el verdadero sino el que yo conocí, estudiaba conmigo en primero de secundaria: un señor chacota, un papirriqui del chiste, un vivazo, que esperaba el recreo para rebautizarte con la chapa del año. Era tan gigante este Gonta… Larry Kubiak (comer ahora)… Muñeco de Malvavisco… que para responderle había que amagarlo y ponerse en posición de “a sus marcas-listos” (guarda ahí).
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¿QUÉ ARTISTA OCUPABA TU MENTE CUANDO COMENZABAN LOS AÑOS NOVENTA?
Querido Eduardo Capetillo,
No sé si quince años de reclusión hayan sido suficientes. Pero hay cosas que lo exceden a uno y mi debilidad por tu señora esposa se mantiene inmune a cualquier técnica para olvidar. Esta carta es un canto a la libertad, una invocación desesperada porque somos miles quienes deseamos volver a verla una vez más. Vamos, abre esa maldita puerta. Ya sé que la tienes allí recluida, postergada y anónima. Si dices ser tan macho y tan calentón, pues muestra lo que tienes en casa. Sin miedo… quiero verla, solo eso. Por eso chico, déjala ya… no hay que insistir. Solo te pido un instante con Bibi Gaytán, solo una noche y ver que es mucha mujer para mí.
Leer másFoto: Cortesía de Michael_Music
CON MI PASTEURINA BIEN HELADA
Tengo sed. Ya no quiero la engañosa frescura de los rehidratantes ni las repetitivas dosis de alguna bebida multinacional. Prefiero salir a buscar ese sabor que mi paladar ha extraviado. Solo un vaso más para recordarla. ¿Algunos de ustedes la ha vuelto a ver? Pasteurina, te fuiste sin darme explicaciones. Una tarde de verano salí a buscarte con una botella vacía y con un billete de 10 intis que alguien había olvidado por allí. Te evaporaste rapidito con tus extravagancias, ese color amarillo pálido y ese coqueto cuerpo de botella. Ojalá algún fabricante se compadezca de la resequedad de mi garganta y te reinvente. Codiciada Pasteurina, no sabes cuánto daría por beberte una vez más y recordar, al fin, que tu nombre me sabe a hierba.
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Y OTROS NIÑOS CON ESTIMULACIÓN PRECOZ
Ni Diego Armando Maradona después de perder la final de Italia 90 ni Augusto Ferrando cuando se despidió en su último Trampolín. Nadie como ella hizo de sus lágrimas ríos infinitos de tinta indeleble. Roxanita Vargas era una niña a quien le dolía el mundo, su tendencia al drama y anunciados sollozos probaron la tolerancia de millones de niños peruanos que no se perdían las emisiones de “Hola Yola”. ¿Acaso no había alguien en el set de América Televisión para consolar a esa pobre criatura? Su escandaloso llanto nunca fue proporcional a su voz de “Alvin y las ardillas”. Su pesar era demasiado grande para alguien que había vivido tan poco. La burbujita top, la engreída de la “chica de la tele”, no tenía el desconsuelo caprichoso de una niña de seis años. Roxanita Vargas conmovía y desesperaba a la vez con un lamento que parecía ser la herencia de otra vida.
POST SORPRESA DEDICADO A QUIENES CRUZARÁN OCÉANOS PARA VOLVERLA A VER
Yo también la hubiera ido a buscar. Quisimos tanto a Marco porque era lo que muchos aún no alcanzamos a ser: un buen hijo. Hace 22 años sentí que también la perdía. Era un paseo escolar por el Parque de las Leyendas y mi extraña debilidad por distraerme, me dejó plantado frente a la jaula de la pantera cuando el grupo ya había salido a encontrarse con el oso de anteojos. Me quedé atrás, me quedé solo, sin planes de rescate a la vista. Durante dos horas, y con menos de siete años, sentí que para recuperar a mi querida madre tenía que recorrer de los Apeninos a los Andes.
Pero el viaje fue más corto.
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Y DESPUÉS DE LA PELÍCULA TE INVITO UNA ROYAL EN EL POP’S
Todos tenemos una primera toma, una referencia para decir “aquí comenzó todo”. En mi VHS interior, el cassette gira y deja de retroceder en el invierno de 1985. Allí aparezco de la mano de mis hermanos mayores saliendo hacia el cine Country para el estreno de “La Historia sin Fin”. Hace mucho frío pero veo que tengo chompas, capucha, guantes y mi overol de jean. La cola no es para asustarse (en esos tiempos había peores), estoy seguro que llegaremos a tiempo. Ya vamos a entrar y sigo con mi peor cara de cómo-terminé-estando-aquí. A esas salidas familiares podría decirse que yo solo asistía de ‘yapa’ (y siempre muy abrigado), pero en las dos horas siguientes lo que me esperaba era una cita a solas con el ecran. Cuando se apagaron las luces de ese viejo auditorio, un libro enorme se abrió para no cerrarse más.
Leer másY MI SORRENTO, MI CUA CUA, DOÑA PEPA CORAZÓN (QUÉ MOSTRO)
¿Qué será de ese Superman lleno de fracturas en el cuerpo después de mis penosos intentos por hacerlo volar? ¿Qué será de mi Aquaman despintado por tantas veces que lo sumergí en la tina del baño creyéndolo de vida submarina? ¿Dónde están mis Súper Amigos? Hace unos 20 años tuve que olvidarme de todos y cada uno de ellos y hoy, al recordarlos, me estrello con un muro de los lamentos porque ya no existe un chocolate Juguete que me los regale por segunda vez.
Leer másEL CAPITÁN QUE LE PUSO MÚSICA A NUESTRA NIÑEZ LLEGA A LIMA
Mi cuerpo de metal está ensamblado. Ya estoy listo. Soy un robot que puede volar y que ha perfeccionado sus técnicas de ataque. Ahora necesito ese impulso musical para que mi ilusión se prolongue y para que mi historia tenga principio y final. Los sueños, sueños son, pero en la banda sonora de lo que viví la voz que me cantó al oído siempre fue real. Los robots nunca mueren y mucho menos sus canciones. Alguna vez fui El Vengador o jugué a ser el Capitán Futuro. Y mi gran cómplice de esas tiernas alucinaciones ha confirmado que vendrá a Lima. Se llama Juan Memo Aguirre y en su equipaje de mano trae esos hits que tanto celebramos cuando aún veíamos televisión los sábados por la mañana (y en impresentables pijamas). Como para volver a cruzar galaxias en naves colosales, Capitán Memo viene: intrépido y vivaz, enérgico y capaz.
Mi universo lo está esperando.
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HELLO, HELLO, HELLO... HOW LOW? (QUINCE AÑOS SIN NIRVANA)
Cuando te conocí estabas desatado. Tu vida urgente se había convertido en una alegoría de cuatro minutos y 56 segundos. Eras tú quien aparecía en el video. Eras tú porque solo en ese clip creo que fue posible reconocerte. Ni siquiera en la presentación desenchufada de MTV siento que fuiste tan auténtico como en “Smells like teen spirit”. Esos saltos, esos versos perdidos, la guitarra destrozada y la voz suficiente. Me mirabas, me pedías ayuda y yo inútil. Tenía 12 años pero algo entendí en ese primer encuentro. El hombre rubio y flaco estaba sufriendo. Nadie te iba a salvar, Kurt. Ni siquiera la mejor de tus canciones.
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Y NO INVITARON A KEVIN ARNOLD
Hay círculos que solo pueden cerrarse con la llegada de una invitación escrita sobre ese desabrido papel color caqui. Hubo un día en el que, al igual que Kevin Arnold, dejé partir a alguna Winnie Cooper con la promesa de escribirle todos los días. Podían pasar años, personas y lugares, pero ese boomerang afectivo se hacía incesante y perpetuo. Cuando juegas a ser científico loco que se desvive en reinventar cariño, solo hace falta un parte matrimonial o algún aviso en los periódicos para escuchar la última canción. Hace tres días desperté tarde y vi el capítulo 57 de "Los años maravillosos". En ese episodio llamado "Corazón roto" la Cooper se despide de Kevin (por primera vez) porque se había enamorado de otro muchacho. Esa triste escena, esa repetida frase, quizá haya sido el presagio de lo que me enteré horas después.
Winnie Cooper se casó (con otro).
Leer másO DIEZ COSAS QUE NUNCA REPETIRÍA CADA QUINCENA DE MARZO
El uniforme estaba allí: repetitivo y gris; formal e innecesario. Durante once años, cada quincena de marzo, se consumaba el reencuentro con esas obligaciones adolescentes que siempre me sonaron a un vals desfasado. A los doce años, o trece, se imponía el insomnio, esa sana expectativa de una edad que aún tenía espacio para la ilusión. El primer día de clases era una prueba de supervivencia, un desfile de modas, un afán de mostrar, una inquietud, una duda: todo resuelto con la charla del tutor y con la hora del recreo. Cada temporada escolar que comenzaba era como buscar dentro de un canto previsible una remota voz que te sorprenda.
Y eso casi nunca ocurría.
Leer másEL EVANGELIO SEGÚN FONZ
Fonzie, amigo, ¿dónde estás?
¿Aún caminarás con paso ganador? ¿Habrás enriquecido tu superpoblada agenda telefónica o ya te plantaste, jugador veterano? ¿Cuánto tiempo demorarás hoy en peinar esas canas que sumaste con clase? Fonzie, campeón de sangre italiana, hoy debes ser un sobreviviente, por una vida inmediata y sin descanso. Porque siempre te arriesgaste para enseñarnos lo que “ellas buscan”. Porque para ser como tú no era suficiente una ceñida casaca de cuero. No era importante la vestimenta, la diferencia estaba en la piel.
GRANDES MAESTROS DE TODOS LOS TIEMPOS
[AVISO URGENTE DEL BLOGGER: No sé cómo pedirles disculpas a todos. Ayer por la tarde tratamos de colgar este post pero la tecnología se ensañó hasta hace unos minutos con este pequeño blog y nos dejó con el post incompleto y sin la opción de comentarios. Afortunadamente, ya pudimos arreglar el problema. Ojalá que no haya causado mucha incomodidad este impase. Allí va el post, espero que les guste (y que no sea demasiado tarde). Un abrazo. PC]
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Porque yo también juego (y porque me encanta decir: “ampay me salvo”)
Me gustaba jugar a los Siete Pecados porque dentro de su simpleza tenía un margen generoso para vulnerar las reglas. Era un juego que no padecía de ciencias exactas. Podías llegar a un acuerdo cómplice con los demás para provocar la pérdida del otro (por lo general, la fórmula era ir todos contra el más rápido y habilidoso del grupo), además nadie medía las dimensiones de tus saltos para lanzar el balonazo y si aquel cuerpo esférico se te acercaba con sutil amenaza podías quebrarte un poco hacia los lados y evitar la derrota. Para muchos de nosotros, “Siete pecados” no fue nuestro juego de la calle favorito sino una suerte de primera prueba de ética y moral.
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Yo no quiero 14 de febrero pero ¿cuál es la balada de tu vida?
La balada de mi vida se llama Creep. Una canción culposa, desgarrada, un poema maldito que se ilumina con la mejor voz a pesar de convivir con los acordes más oscuros. Nunca se la dediqué a nadie, y así fue mejor. Puedo escuchar “Creep” de Radiohead sin cansancio, sin sentir su ida y vuelta. Hay baladas cómplices, composiciones vírgenes, sin la contaminación del otro. Para ti solo. Muchas veces estas canciones de amor se instalan en tus días como brújulas que señalan el punto de retorno. Te recuerdan de dónde viniste cuando más ganas tienes de sentirte perdido.
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Soy un joven nostálgico porque hace diez años veo televisión solo para conocer las noticias o para seguir un partido de fútbol. Soy nostálgico, también, porque no escucho radio y porque siempre siento escepticismo cuando algo viene disfrazado de novedad. Vivo en blanco y negro, porque a blanco y negro Charles Chaplin hizo sus mejores películas y porque Los Beatles empezaron a pelearse después de que la pantalla tuvo color. Me acuerdo de todo, de los pasos de Menudo, de las coreografías de Michael Jackson, de los libretos del Chavo del Ocho, de cada reflexión de Kevin Arnold. Esta es la historia de un joven nostálgico que siempre se resistió al futuro hasta que se encontró con la modernidad de un blog que le permite detener el tiempo.